DE SOL A SOL
BCN Ronda Verde
HA LLEGADO EL INVIERNO Y PASAMOS MÁS HORAS EN CASA, SENTADOS FRENTE A UNA VENTANA MÁGICA QUE NOS MUESTRA EL MUNDO A TRAVÉS DE FILTROS DE COLORES. PERO LA VIDA ES ALGO MÁS QUE UNA SUCESIÓN DE CEROS Y UNOS. LAS VERDADERAS EMOCIONES AGUARDAN AHÍ FUERA. ESTA ES LA CRÓNICA DE CINCO ENTUSIASTAS JORNADAS DE MOUNTAIN BIKE INVERNAL. CINCO DÍAS DE BOCATAS, MOQUILLO COLGANTE Y BIDONES CONGELADOS, EXPLORACIÓN, SORPRESAS Y COMPAÑERISMO, PEDALEANDO DESDE EL AMANECER HASTA EL OCASO.
Estudiamos mapas, comparamos tracks, dibujamos rutas imaginarias, madrugamos, nos embutimos en capas y capas de ropa... Durante las últimas semanas, hemos vencido a la pereza del frío tratando de interconectar los parajes más naturales del área metropolitana de Barcelona. El resultado es una ruta circular de 342 km y 9.600 metros de ascensión acumulada, y cinco intensos días de mountain bike que ya no nos los quita nadie.

DONDE TERMINA EL MUNDO
Etapa 1: Barcelona - Sant Celoni
88 km / 2.300 m+ / 2.300 m-

6 AM de un sábado nada cualquiera de otoño. Torpeza total preparando los bocadillos del día. Por suerte, el chorizo viene en rodajas y no hay que usar herramientas peligrosas a estas horas. Salimos de casa medio dormidos, a la vez que excitados por la aventura que nos espera, con el piloto automático rumbo a Collserola, nuestra zona de recreo desde hace tantos años, ahora parque natural. En la primera cuesta entonamos una versión improvisada del clásico de Alaska: “La calle desierta. La noche ideal. Dos bicis con luces...” –el Half Egg 1500 de Natural Shine, para ser exactos–, “no me arrepiento, volvería a hacerlo, son los celos...”. Sí, son los efectos eufóricos propios de la emoción.
Enseguida entramos en el bosque para ganar la divisoria de la sierra. En la lejanía distinguimos el Montseny. Hoy intentaremos llegar hasta sus faldas, pero no por el camino más fácil. Hemos comprado el abono de día entero para la montaña rusa que configuran las sierras del litoral barcelonés.
Tras rodar por la nueva pista abierta en aras del medio ambiente –ya en plena era parque natural–, nos desviamos por un camino más estrecho –un superviviente en vías de extinción– que desciende hacia Montcada. El bosque respira silencioso, exhalando etéreas brumas. De pronto nos sentimos como dos indios de la Amazonia que llegan “donde acaba el mundo”. Nos detenemos un instante, sin saber porqué, como para tomar aire. Más allá aparece un cementerio, una carretera, una cementera, una autovía, un polígono industrial, una autopista, un desguace, varias chatarrerías y un siniestro callejón que nos conduce hacia otra montaña, la sierra de La Marina.

VISTAS AL MAR
Subimos enlazando varios caminos y trialeras, y en lo alto nos esperan las primeras panorámicas del mar, restos de poblados ibéricos y rampas que suben más que el IPC. Pasamos horas enlazando toboganes, franqueando la cadena montañosa por su parte más alta, casi siempre por pistas ensanchadas y algunos tramos de trialeras que nos dan la vida.
El día está serenísimo y la visibilidad es total: en el horizonte, vemos Montserrat, la Mola, el Tibidabo... y el Montseny cada vez más cerca. Avanzamos siempre por zonas boscosas, pero sólo al entrar en el Montnegre nos sentimos de nuevo verdaderamente inmersos en la naturaleza. Es la última ascensión del día, la más dura. “Fíjate: las encinas, alcornocales y pinedas piñoneras han dado paso a los castaños, robles...”. Cualquier excusa sirve para engañar al cansancio.
Cuando por fin logramos coronar, abandonamos la pista y tomamos el GR-5, que sigue un sendero cubierto por una mullida alfombra de hojarasca. Llevamos todo el día soñando con este momento. Fluimos a través del bosque con los últimos rayos de luz, sintiendo el aire fresco de la encajonada riera, traqueteando sobre un lecho de piedras húmedas, en un merecido descenso que parece no tener fin. Sólo despertamos del sueño al llegar a Can Riera de Vilardell, donde son muy aficionados a los carteles: uno advierte de que en el laguito contiguo hay serpientes; otro prohíbe circular a coches y motos; el tercero, más moderno, veta el paso en bici. Por si acaso, descabalgamos y pasamos caminando frente a la casa. Saludamos a los perros y no montamos de nuevo hasta alcanzar la pista. Ya es de noche. Foco en marcha y rápida bajada hasta la estación de Sant Celoni. Lo hemos conseguido.

NIEVE EN LAS CUMBRES
Etapa 2: Sant Celoni - Aiguafreda
45km / 1.900 m+ / 1.650 m-

Primer sábado de diciembre. El despertador suena a la misma hora y con la misma cantinela que la semana anterior. ¿Estaremos viviendo en el día de la marmota? Al cabo de nada comprobamos que no todo es igual. Hoy hace frío. El tren de las 7.04 AM va repleto de ciclistas. ¿Sueño? ¿Pesadilla? Para más inri, todos bajamos en Sant Celoni y el andén se colapsa de bicis y comentarios sobre el notable cambio de temperatura respecto a la burbuja térmica que cubre la gran ciudad. El gran grupo se arremolina frente a la estación esperando un milagro llamado sol. Nosotros arrancamos con tal de sacudirnos el frío lo antes posible. Somos dos cebollas pedaleantes.
Siguiendo el GR-5, subimos hacia Campins, desayunándonos casi 800 metros de desnivel por caminos, algún que otro tramo de pista y un breve sendero que reclama algo más que piernas. Luego viene la primera bajada, por una estrecha pista asfaltada en la que hay que ser cauto, pues hay más coches de lo esperado. Llegamos abajo tiritando, por el aire gélido y por las maniobras de algunos conductores que creen que las bicis tienen 10 centímetros de ancho, pero enseguida recuperamos la temperatura normal de los mamíferos, pues a partir de las piscinas naturales del Montseny, la pista se inclina hacia arriba catapultándonos 900 metros del tirón.
A nuestra espalda llevamos el Turó de l’Home y Les Agudes, completamente blancos, y al coronar el Pla de la Calma entramos en un reino de silencio. No sopla ni una brizna de aire y el cielo brilla azul sobre un paraje completamente cubierto por la nieve. Tras varios kilómetros rodando por una pista rojiza flanqueada por campos siberianos, tomamos de nuevo el GR-5, ya por debajo de la cota de nieve, y degustamos una serie de tramos que nos despiertan del letargo inducido por el prolongado sector de pista.
A partir de Tagamanent, el sendero se interna en el bosque y da rienda suelta a una epopeya de sensaciones, con algunos pasos de nivel alto que reclaman precaución, pero también larguísimos sectores de diversión asegurada para todos los públicos. Esto sí es un happy end.
EL PODER HECHICERO DEL DIOS SINGLETRACK SE APODERA DE NUESTRA VOLUNTAD. RENDIDOS, HIPNOTIZADOS, SUBYUGADOS, SÓLO DESEAMOS SEGUIR RODANDO POR ESTE TÚNEL VEGETAL SIN FIN, FLUYENDO COMO ASCETAS POSESOS, IDÓLATRAS, AUTÉNTICOS PAGANOS BIKERS.
TRAVESÍA LEGENDARIA
Etapa 3: Aiguafreda - Monistrol
68 km / 1.900 m+ / 2.150 m-

6 de diciembre. 6 de la mañana. Carrera de obstáculos para esquivar al centenar de noctámbulos que practican contorsionismo pasivo en la escalera de acceso al andén de la estación de Plaza Cataluña. Una hora más tarde, la nave espacial de Cercanías Renfe hace escala en Aiguafreda, un planeta aparentemente deshabitado, helado y oscuro en el que nos abandona a nuestra suerte. Aunque el termómetro marca cero grados, su atmósfera es perfectamente respirable y no hay rastro de vida inteligente.
Empezamos a pedalear y enseguida entramos en un bosque que a la luz de los focos parece cubierto de purpurina. El suelo crepita a nuestro paso, como si rodásemos sobre un manto de patatas fritas. Extraño planeta...
Minutos más tarde enlazamos con una pista que sube hasta lo alto de los Cingles del Bertí, y tras los imponentes riscos, divisamos el Pirineo. El sol empieza a reflejarse sobre las nieves, a la vez que tiñe de púrpura las nubes que cubren el Montseny. Al pasar por El Febrer, el vigilante –un mastín blanco de 80 kg– nos intimida hasta que le tendemos la mano. Entonces empieza a babearnos los guantes, que afortunadamente son impermeables.
El día transcurre entre caminos y pistas, improvisando algunas trialeras, pero siguiendo en un 90% el trazado original de la célebre marcha pedestre que une el Matagalls con Montserrat, que para nuestra sorpresa utiliza más pistas que caminos y apenas pisa el Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, en el que, por otra parte, no dejan circular en bicicleta por la mayoría de caminos.
Nuestra ruta rodea el macizo por el sur, en el límite del parque, que linda –cómo no– con una urbanización. Una sucesión de caminos, bosques y barrios de segundas residencias nos lleva hasta un largo tramo de bajada asfaltada por Vacarisses, donde volvemos a disfrutar del mountain bike, ya a los pies de Montserrat, y descubrimos una tentadora senda trialera que baja directamente hasta orillas del río Llobregat. Ya en el tren, con las bicis colgadas como jamones en sus correspondientes ganchos –es un tren de los FGC–, sacamos los dos últimos bocadillos, y nos convertimos en la envidia del pasaje. ¿Serán los bocatas o la cara de satisfacción que gastamos?

PAGANISMO BIKER
Etapa 4: Monistrol - Sant Sadurní d’Anoia
59 km / 1.500 m+ / 1.470 m-

Domingo. Puente de la Purísima. Tres días más tarde, retomamos la travesía en Monistrol de Montserrat, cruzando el río Llobregat con rumbo al monasterio de Santa Cecília. La ascensión es casi toda por pista, pero aprovechando una señal aparentemente doblada que indica un itinerario de BTT hacia Manresa, nos desviamos por un camino que acaba convirtiéndose en exigente trialera. ¡Bingo! Finalmente toca caminar unos minutos para superar un barranco de roca rojiza, pero enseguida llegamos a la carretera de Manresa, donde el frío es tremebundo.
Rodamos tiritando bajo La Foradada, a la sombra de un bosque de monolitos fálicos, hasta reencontrarnos con el sol redentor en el Coll de Can Maçana. Es el momento de degustar el primer bocata de nuestra despensa portátil. El sendero GR –Camino de Santiago– nos obliga a caminar otra vez unos minutos, regalándonos buenas vistas de este sector de Montserrat y también una reconfortante senda técnica de bajada hasta Sant Pau de la Guàrdia y el Coll del Bruc, donde una tosca trialera nos guía hasta un bucólico sendero de 4 km por el interior del bosque.
El poder hechicero del dios singletrack se apodera de nuestra voluntad. Rendidos, hipnotizados, subyugados, sólo deseamos seguir rodando por este túnel vegetal sin fin, fluyendo como ascetas posesos, idólatras, auténticos paganos bikers. Al llegar a la pista, descartamos la vía ancha y fácil que peina la coronilla de la sierra de la Monja y tomamos –ciegos, alienados, ofuscados de amor– un nuevo singletrack, esta vez más corto, que desemboca en una larga y velocísima bajada. Regresar a lo más alto nos costará un esfuerzo memorable, un PowerGel y un par de “ya te vale...”.

EXTRAÑOS SERES, FELICES ESTARES
Las rampas del 20% son el precio que pagamos por disfrutar de bellas bajadas, como la que improvisamos para llegar a Vallbona d’Anoia, por una senda algo rota pero ciclable al 100% en la que sólo sobran algunas zarzas. Atravesamos el pueblo a la hora de la sobremesa. Nos sentimos invisibles, como un comando de guerrilleros, con el camuflaje de los espinos que nos hemos llevado por delante en la bajada, y la insuperable sensación que transmite al cerebro una buena dosis de adrenalina. Cruzamos el río Anoia por el estrecho puente de la vieja fábrica de Ca La Fou, donde comienza el mayor castigo del día: atravesar una urbanización en subida. Es la cruz de estos parajes: parques naturales por un lado, urbanizaciones por otro. Por suerte, lo malo se olvida pronto, y enseguida volamos bajo por caminos y sendas que cruzan pinedas y viñedos. Un último sprint y nos subimos al tren en Sant Sadurní d’Anoia, con otro día de puro mountain bike en el zurrón. A nuestro lado se sienta un hombre vestido de camuflaje, con una escopeta cruzada a la espalda –en su funda, por supuesto– y una inmensa bolsa que, deducimos, contiene una pata de jabalí. Por una vez, no somos los más freaks del tren.



TÚNELES DEL TIEMPO
Etapa 5: Sant Sadurní d’Anoia - Barcelona
82 km / 2.000 m+ / 1.920 m-

Nuevo amanecer desde el vagón. Esta vez viajo solo. Hoy toca cruzar el Garraf, un macizo calcáreo horadado por miles de pasadizos subterráneos fruto de la acción erosiva del agua. Me espera una jornada de palpitantes trialeras de subida y de bajada, por bosques, viñas y roquedales. En este terreno hemos pedaleado varias veces últimamente, con Raids del Cava y Tracks del Penedès, pero hoy descubriré porqué ninguna de ellas sube al Coll d’Esteles por la directa. Resulta ser un vía crucis en toda regla en el que lo más humano es echar catorce veces el pie a tierra antes de ganar el alto, aunque en la decimoquinta estación, por supuesto, nos espere la resurrección, la vida eterna. Ya lo dicen: lo que no te mata, te hace más fuerte.
Por la bucólica senda de la riera de Begues, me dirijo hacia Can Grau, donde la carretera asfaltada me lleva prácticamente hasta el colorido monasterio budista de Plana Novella. Bajo su estupa, envuelta por el círculo de ruedas de plegaria, descanso unos minutos cuerpo y mente. Pedaleo en silencio, introspectivo, ajeno al universo, pero, a la vez, saludando a todo el mundo, a las piedras, los árboles, las raíces que buscan agua en este terreno adusto.
La ruta continúa en dirección a Begues por la megapista de turno, pero existe una senda trialera de subida recomendable para todos los incondicionales de los calvarios beteteros. Hay que pedalear con todo el cuerpo y toda el alma, concentrado en cada hueco, cada surco, cada escalón, avanzando al son del camino, que hacia el final está ya prácticamente cerrado por la vegetación.
Para bajar hasta el Llobregat declino la en otro tiempo pista de Torrelles, hoy carretera. Me desvío por Can Bruguera, Costa Fustera y apechugo hasta el Tabor y el Porro, descubriendo tramos de PR muy exigentes, pero a la vez espléndidos en emociones.
Tras el fulgurante descenso, hallo un tortuoso paso bajo las vías del tren, la carretera, el AVE y la autovía, y pedaleo Llobregat arriba hasta el puente de Molins de Rei. El círculo se va cerrando, aunque todavía no sé por dónde.
Hace unos días mi padre me habló de sus primeras vacaciones, cuando era niño, en una masía cuyo nombre no recordaba, a las afueras de Sant Feliu de Llobregat. Un viejo álbum familiar y GoogleEarth nos ayudaron a situarla. Ahora estoy en las ruinas de aquella casa, tomadas completamente por las zarzas, como si la naturaleza la escondiera. Él lo recuerda como el gran viaje de su infancia, pero en realidad sólo dista 8 km del centro de Barcelona. Hago una foto, guardo la cámara y reemprendo el pedaleo, pensativo. La Barcelona actual me espera al otro lado del bosque. «

Texto y fotos: Sergio Fernández Tolosa & Amelia Herrero Becker, para Solo Bici nº 260, enero 2013
Ruta creada especialmente para la sección 12 meses, 12 rutas by TwoNav

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BCN RONDA VERDE
Itinerario: 342 km / 9.600 m+.
Recorrido: Barcelona - Sant Celoni - Aiguafreda - Monistrol de Montserrat - Sant Sadurní d'Anoia - Barcelona.
Duración: 5 etapas.
Temporada: todo el año.
Terreno: todas las etapas tienen tramos de senderos y trialeras, pero en la ruta predominan los caminos y pistas.
Transporte: hay estación de Renfe o FCG al inicio y final de cada etapa.

Track GPS Etapa 1
Track GPS Etapa 2
Track GPS Etapa 3
Track GPS Etapa 4
Track GPS Etapa 5
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