A LA RIBERA DEL DUERO
Picos de Urbión y Cañón del Río Lobos - Soria
A ORILLAS DEL DUERO, PEDALEAMOS DESDE LAS RUINAS DE LA LEGENDARIA NUMANCIA, RUMBO A LOS PICOS DE URBIÓN, PERDIDOS DURANTE DÍAS POR BOSQUES LEGENDARIOS, EN BUSCA DE UNA LAGUNA DE LA QUE DICEN NO TIENE FONDO Y UN CAÑÓN QUE PARECE NO TENER FIN. LA NATURALEZA SORIANA NOS REGALA UNA RUTA DE 170 KM REPLETA DE AVENTURAS, SORPRESAS Y PAISAJES INOLVIDABLES.
“Todo el mundo sabe que es difícil encontrar en la vida un lugar donde el tiempo pasa cadencioso y sin pensar, y el dolor es fugaz...”. Así arrancaba la primera estrofa de Camino Soria, célebre canción de Gabinete Caligari que a algunos carrozas nos viene a la mente cada vez que oímos el nombre de esta histórica ciudad emplazada “a la ribera del Duero...”. Aunque hoy suene a eslogan turístico, sus rimas hablan de amor –o desamor, según se mire–, pero también de un sendero, así que, guiados por sus versos, y por una ruta que hemos diseñado con el programa Land de CompeGPS, ponemos rumbo a tierras sorianas, tarareando –y desafinando– sin cesar el pegadizo e imperecedero “Voy Camino Soria...”.

CAMINO SORIA
Soria - Embalse de la Cuerda del Pozo
40 km / 170 m+

“A la ribera del Duero, existe una ciudad, si no sabes el sendero...”. Aunque no lo conocíamos, acertamos de pleno, ya que nos cuesta imaginar mejor ruta para entrar o salir de la ciudad de Soria que la Senda del Duero, también conocida como GR-14. A dos minutos del casco viejo, nos lleva desde el monasterio románico de Arcos de San Juan del Duero por una estrecha y sinuosa vereda arbolada, corriente arriba, hasta las ruinas de la antigua Numancia.
Tras un viaje en autobús de seis horas, pedaleamos, más que relajados, absortos. Es la hora de la siesta y la palabra prisa ha sido expulsada del universo. Rodamos liberados, más aún al pensar que nos aguardan cuatro días de ruta dedicados a descubrir los hermosos paisajes sorianos, cuatro días viviendo al aire libre, saboreando cada momento, en constante contacto con su naturaleza. Para ello llevamos comida, agua, sacos de dormir, fundas de vivac, hornillo y baterías de repuesto para los GPS. Dentro de cuatro días, nos subiremos a otro autobús, pero hasta entonces, somos libres.
De momento, avanzamos entre las colinas que hace dos mil años ocuparon las legiones romanas enviadas para sitiar y doblegar a los irreductibles numantinos. En otro tiempo campo de batallas, en la confluencia con el Tera, hoy reina la paz. El Duero se estrecha entre paredes de roca y el camino se transforma en una espectacular pasarela de madera que nos eleva sobre el río durante casi medio kilómetro. Tremendo aperitivo...
Al rato, tras dejar Garray a un lado, trepamos hacia los suaves contornos del Monte de Valonsadero, donde paramos a descifrar las pinturas rupestres que garabatearon artistas de antaño: hombres, mujeres, danzas rituales, soles, lunas, rebaños...
Poco más allá recuperamos el camino fluvial del Duero, rodando por pistas cómodas y caminos amenos que se abren paso entre bosques sin fin, llevándonos hasta Pedrajas, Oteruelos y Vilviestre de Nabos, pequeños pueblos anclados en el tiempo.
Ya cerca de la presa del embalse de la Cuerda del Pozo, el camino empieza a ganar altura. Las aguas del gigantesco pantano, en perfecta calma, reflejan un cielo impoluto. De ellas asoma la punta del campanario de La Muedra, la única población que duerme bajo sus aguas desde que la presa anegase el valle, en la década de 1930. Aquí, el GR-14 nos regala los primeros tramos trialeros del día, que disfrutamos dando alegres quiebros entre robles pubescentes e inmensos monolitos cubiertos de musgo. Uno de ellos, más o menos horizontal, se nos antoja como el lecho perfecto, y nos dormimos contando estrellas.

AGUA, HIELO Y ROCA
Embalse de la Cuerda del Pozo - Laguna Negra
29 km / 800 m+
Dos horas después de empezar a roncar, empieza a llover. “¡Pero si estaba completamente despejado!”. Ajo, agua y resina... Así es la vida al aire libre.
Tras un velada absolutamente “inolvidable”, el sol amanece huidizo. Al menos, las nubes ya no lloran y tras desayunar té y barritas de cereales, proseguimos pedaleando a orillas del pantano, que está tan lleno que ha inundado el GR en varios tramos, obligándonos a tomar la carretera en un par de ocasiones.
Desde Vinuesa, bajo un cielo que amenaza tormenta, partimos rumbo a la Laguna Negra por el Sendero Ibérico Soriano –en este tramo, en realidad, una pista forestal, eso sí, muy bonita– que nos arranca los primeros jadeos y sudores de la travesía.
Tras una docena de toboganes, la pista desemboca en la antigua carretera de la Laguna Negra, que en verano es de sentido único –de bajada–, a causa de la gran cantidad de turistas motorizados que la visitan. Los guardas del parque natural, muy amables, nos dan permiso para subir “con cuidado” en contradirección, ahorrándonos el rodeo que implica ir por Santa Inés.
En cualquier caso, el lugar bien merece la ascensión. A 1.753 metros sobre el nivel del mar, la Laguna Negra de Urbión es un paraje realmente único, uno de esos lugares que te hacen amar este planeta. De origen glaciar, queda rodeada de robustos pinos y robles albares, abedules, hayas... Sus cristalinas aguas, motivo de numerosas leyendas, reflejan la muralla de granito gris y verde que la rodea, por la que resuena una inagotable cascada.
Cuenta la tradición que carece de fondo y que un ser habita sus inescrutables profundidades –en realidad sólo cubre 9 metros– y devora todo aquello que cae en ellas. Antonio Machado la describió como “agua pura y silenciosa
que copia cosas eternas; agua impasible que guarda en su seno las estrellas”.
Embobados, pasamos la tarde escuchando este poema de alta montaña, deseando que la noche sea clara y que mañana, por fin, el sol se refleje en sus aguas.
SUS CRISTALINAS AGUAS, MOTIVO DE NUMEROSAS LEYENDAS, REFLEJAN LA MURALLA DE GRANITO GRIS Y VERDE QUE LA RODEA, POR LA QUE RESUENA UNA INAGOTABLE CASCADA. LA LAGUNA NEGRA DE URBIÓN ES UNO DE ESOS LUGARES QUE TE HACEN AMAR ESTE PLANETA.
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PICOS DE URBIÓN Y CAÑÓN DEL RÍO LOBOS
Itinerario: 170 km / 2.370 m+.
Recorrido: Soria - Pedrajas - Oteruelos - Vinuesa - Covaleda - Hontoria del Pinar - Ucero - El Burgo de Osma.
Duración: 4 etapas.
Época ideal: primavera, verano y otoño.
Terreno: predominan los caminos y pistas, con algunos sectores de sendas.

Track GPS
BOSQUES REALES
Laguna Negra - Juntalasaguas
56 km / 800 m+

Un pequeño refugio construido junto a los grandes bloques de granito que en su día transportaba el glaciar de los Picos de Urbión nos brinda un agradable amparo durante una noche la mar de tranquila que da lugar a un día radiante. El paisaje parece otro, así que volvemos a retratarlo, con ganas de caminar hacia la Laguna Helada, situada un poco más arriba, la Laguna Larga, un poco más allá, y el Pico Urbión, en lo más alto.
Tendrá que ser en otra ocasión. Debemos seguir con la ruta, retomando las bicis en rápida bajada hacia la pista forestal de Covaleda, pasando por el refugio de Boca del Prado. De camino, atravesamos bosques interminables formados por pinares legendarios –preguntad a vuestros abuelos por la madera de pino de Soria– y hayedos que colonizan las vaguadas más sombrías.
Tras la bajada, un prolongado ascenso nos eleva hasta el paso de Cruce Tejeros, a 1.795 metros, donde nos desviamos en busca del Pino Rey, que lleva casi 500 años ahí plantado, viendo el tiempo pasar.
Para el descenso final a Covaleda, optamos por combinar pistas y caminos que bajan hasta el viejo puente de Soria. En el pueblo reponemos vituallas –pan, queso y fiambres, como los pastores–, y retomamos la ruta por el camino de la cueva Pirola. Cuando la pista termina, la senda de subida, muy popular entre los bikers locales, aparece prácticamente destruida, fruto de una combinación letal: barro, lluvias y máquinas extractoras de madera. La vereda es más ancha y tiene unas roderas de un metro de profundidad. Por suerte son apenas unos minutos de tormento, pues al final de la cuesta encontramos el idílico singletrack que se pierde entre el robledal, llevándonos hasta la fuente de la Charla y la pista forestal de Iruela.
De camino nos cruzamos con un paisano que busca sus vacas vociferando por la ventanilla de su furgoneta, y un par de refugios de montaña ocupados por familias atrincheradas tras sus coches, sus paelleros gigantes, sus neveras, sus radiocasetes, sus hamacas y demás artilugios de camping. Es lo que tienen las pistas... y los fines de semana.
Tras salvar el Paso del Mario –apenas una cuestecilla–, bajamos suavemente junto al río Vadillo, que corre paralelo a grandes bloques de roca. Buscando un hueco para asentar el campamento, disfrutamos del silencio, de su monótona respiración, hasta que un corzo joven cruza la pista y se pierde en la espesura. Éste es el lugar.

SANTÍSIMA PACIENCIA
Juntalasaguas - El Burgo de Osma
55 km / 600 m+

Dormir en medio del bosque es una experiencia irrepetible, sobre todo si el rincón elegido es la guarida de una turba de mosquitas microscópicas genéticamente diseñadas para arruinarte la dermis a base de insufribles picotazos durante horas, acabando con la paciencia del mismísimo Príncipe Buda.
Menuda nochecita... Pero como todas las pesadillas, cuando parece que el apocalipsis es irreversible, la situación da un vuelco inesperado y, de pronto, de puro agotamiento, tu cerebro deja de sufrir.
A eso de las 5 AM, las mosquitas dan por finalizada la primera fase del martirio. La segunda viene cuando llegas a casa, te duchas y empiezas a rascarte las picaduras hasta sangrar. Para más inri, el gas del fogón se ha agotado y no podemos calentar agua para el té.
Por suerte, los ánimos permanecen intactos. La ruta promete fuertes emociones –hoy vamos al cañón del río Lobos–, así que pasamos página rápidamente, rodando sin esfuerzo otra vez a través del infinito bosque, por una pista que nos lleva desde el Portillo Guijoso hasta Hontoria del Pinar.
En la fuente del pueblo llenamos los Camelbak dispuestos a pasar el día en el interior del cañón. Nos esperan nada más y nada menos que 25 km de senda a través del serpenteante cañón, parque natural desde 1985, por el que afortunadamente todavía dejan circular en bicicleta.
De pendiente casi imperceptible, el río Lobos nos acoge entre altas paredes fruto de la paciente erosión. Avanzamos emocionados por la estrechísima senda, que a ratos nos exige especial atención. De tanto en tanto cruzamos el cauce seco del río por una piscina de cantos rodados, pero la mayor parte del tiempo es una hospitalaria vereda que permite rodar y admirar la belleza del paisaje al unísono. A mitad de camino, paramos a comer. Tumbados en el lecho del río, observamos a los amos y señores del universo vertical, los buitres, que despegan y aterrizan haciendo gala de sus poderosas alas. Acto seguido, perdemos el conocimiento a la sombra de los pinos.
Horas después seguimos superando un meandro tras otro, dando amplios giros por el enrevesado cañón, que dibuja un sinuoso tajo en mitad de la roca blanca y anaranjada. Cuanto más nos acercamos al final, más espectaculares son los acantilados, que alcanzan su cénit justo al llegar a la ermita de San Bartolomé, del siglo XIII, único vestigio de un monasterio templario medieval.
Al salir del cañón, rodamos veloces hasta Ucero y El Burgo de Osma, entre campos de cereales y millones de amapolas. El viaje acaba aquí, con un sabor de boca inmejorable y una cadenciosa melodía: “Voy camino Soria, ¿tú hacia dónde vas?”. «

Texto y fotos: Sergio Fernández Tolosa & Amelia Herrero Becker, para Solo Bici nº 267, agosto 2013
Ruta creada especialmente para la sección 12 meses, 12 rutas by TwoNav

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