SUEÑOS DE LAVA
Laugavegur & Fimmvörðuháls - Trekking
A pie de Landmannalaugar a Skógar
HAY TOPÓNIMOS DIFÍCILES DE PRONUNCIAR, DE RECORDAR, Y NO DIGAMOS, DE DELETREAR.
EN ISLANDIA, SON LOS QUE MÁS ABUNDAN. SIN EMBARGO, TODOS ESOS NOMBRES
QUE UN DÍA CREÍSTE QUE JAMÁS SERÍAS CAPAZ DE MEMORIZAR, UN BUEN DÍA
SE CONVIERTEN EN SIMPLES VOCABLOS QUE TU CEREBRO, TUS CUERDAS VOCALES
Y TUS LABIOS RECITAN SIN TITUBEAR, TRANSPORTÁNDOTE MENTALMENTE,
DE POR VIDA, HASTA AQUEL PARAÍSO DE LA NATURALEZA QUE PASÓ, SIN REMEDIO,
A FORMAR PARTE DE TU EXISTENCIA.
L-A-N-D-M-A-N-N-A-L-A-U-G-A-R. Quince letras para designar un lugar perdido en mitad del desértico interior de Islandia, un oasis oculto entre montañas multicolor de las que manan aguas termales, vapores sulfurosos y fumarolas que funden el hielo. En este lugar apartado de todo comienza una de las rutas de senderismo más espectaculares y populares del país. Su nombre oficial es Laugavegur, lo que se podría traducir como "la ruta de las aguas termales".

POSTALES MARCIANAS
Día 1: Landmannalaugar - Hrafntinnusker
12 km / 450 m+
Son las 9 AM y sopla un viento infernal, pero el chófer del autobús no pierde la sonrisa. Datáfono en mano, atiende a los turistas que corren de un coche a otro, desorientados, frente a la gasolinera de Hella. "¿¿¿Mandana… lambada… langadalaugar???". "Yes, this is the bus", les aclara antes de pisar a fondo el acelerador rumbo al desierto.
Al desembarcar en Landmannalaugar, apenas reparamos en el enorme y organizado aparcamiento repleto de todoterrenos, ni en la abarrotada zona de camping. Con la vista entrenada, sólo tenemos ojos para las colinas circundantes, que construyen un escenario surrealista.
La escala del paisaje nos supera. Da igual estar a un kilómetro que a cien metros de las verticales y descomunales laderas de lava que guardan imposibles equilibrios, chorreando azufre y emitiendo nubes de vapor de entre sus grietas. Todo es real, pero en el iris luce como un lienzo veteado de líneas amarillas, verdosas, violáceas…
MONTAÑAS MÁGICAS CUBIERTAS DE PARCHES BLANCOS NOS RODEAN CON UNA LUZ QUE PARECE DE OTRO PLANETA. A CADA PASO HACEMOS UNA FOTO DISTINTA MEJOR QUE LA ANTERIOR.
Tras apurar los únicos alimentos frescos que llevamos en las mochilas –todo lo demás son sopas, galletas y sobres de cuscús liofilizado–, iniciamos excitados la primera etapa del trekking.
Un sinuoso sendero nos adentra en el campo de lava de Laugahraun, para después ganar altura rápidamente y alcanzar un inmenso y panorámico plateau.
Montañas mágicas cubiertas de parches blancos nos rodean con una luz que parece de otro planeta. A cada paso hacemos una foto distinta mejor que la anterior. No hay prisa. El primer refugio dista apenas 12 km, el tiempo está sereno y no anochece hasta pasadas las doce.
Avanzamos felices, completamente solos, embelesados por un paisaje marciano en el que somos dos minúsculos puntos de color. Al llegar a Hrafntinnusker, aterrizamos en el mundo real, sorprendidos por la cantidad de tiendas que rodean el refugio. "¡Pues no estábamos solos!".

DOBLANDO ETAPA
Día 2: Hrafntinnusker - Álftavatn - Emstrur
28 km / 750 m+
Cuando abrimos la tienda, el campamento aparece desierto. Un fuerte viento ha soplado hasta altas horas de la noche, pero el universo respira en calma desde el alba. Para variar, somos los últimos.
El sendero continúa entre verticales barrancos, encarando constantes rampas, breves pero muy inclinadas y resbaladizas. Primero surcamos colinas de riolita de todos los colores posibles. Luego, la senda recorre el suave lomo de montañas de palagonita color café con leche. Es como andar sobre un enorme bizcocho casero recién salido del horno.
A lo lejos divisamos paisajes verdes, lagos, montañas, glaciares… y una tímida vegetación de un verde indescriptible que roza la fosforescencia coloniza los márgenes de los arroyos. Avanzamos sin prisa, pero a buen ritmo, pues nuestras piernas están acostumbradas a la actividad.
A mediodía llegamos al refugio de Álftavatn, donde un implacable vendaval nos obliga a guarecernos tras el edificio de los lavabos –en el pequeño refugio sólo pueden permanecer los senderistas que tienen reserva–, para calentar agua y comer antes de seguir hacia el siguiente refugio, a sólo 5 km.
Al llegar a Hvanngil, el viento persiste e invita a seguir caminando. Pasamos la tarde vadeando ríos de agua helada y cruzando una inmensa y monótona llanura cubierta de ceniza volcánica. La visibilidad es perfecta y la luz baja crea perspectivas infinitas. Una vez más, somos los últimos en llegar y nos cuesta encontrar hueco para nuestra minúscula tienda en los alrededores del refugio de Botnar.
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LAUGAVEGUR & FIMMVÖRÐUHÁLS
Itinerario: 82 km / 2.500 m+
Duración: entre 3 y 6 días.
Recorrido: Landmannalaugar - Hrafntinnusker - Álftavatn - Emstrur - Þórsmörk - Fimmvörðuháls - Skógar.
Época ideal: julio y agosto.
Orientación: la ruta está señalizada mediante estacas de color amarillo. En caso de niebla o tormenta, puede ser muy útil el GPS.
Avituallamiento: durante la ruta hay que ser totalmente autónomo. En Landmannalaugar y Þórsmörk hay pequeños quioscos donde venden snacks.

Track GPS






A CIEGAS ENTRE COLOSOS
Día 3: Emstrur - Þórsmörk - Fimmvörðuháls
30 km / 1.200 m+

Ya de buena mañana, unas nubes bajas y densas nos impiden admirar la lengua del glaciar Etnujökull. Todo es más negro, más gris, pero también más verde.
La ruta se escurre entre musgos y gravas porosas, perdiendo altura hacia la profunda garganta de un río que ruge acorralado entre murallas de basalto. Lo oímos, pero no lo vemos, y a cada paso suena más y más atronador. Por suerte, una pasarela de madera salva las agitadas aguas.
Tras superar el cañón, avanzamos por un terreno dócil, en suave pero eterna bajada hasta un nuevo río, muy ancho, repleto de islotes y agua helada. En la orilla opuesta, nos aguardan los primeros árboles de la travesía.
Al llegar a Þórsmörk, es mediodía y llueve, así que nos guarecemos en la zona libre del refugio de Langidalur. Tan pronto amaina, apostamos por seguir, pues el parte meteorológico alerta de fuertes lluvias para el día siguiente.
La idea es llegar a Skógar por el paso de montaña de Fimmvörðuháls, entre los colosos de hielo de Mýrdalsjökull y Eyjafjallajökull. "Mejor seguir avanzando que quedarnos mañana atrapados aquí".
Cruzamos el río por una pasarela portátil colocada frente al refugio de Básar. A partir de aquí, la senda se encarama a las montañas por un terreno cada vez más abrupto y aéreo, sobre valles verdes y negros de los que cuelgan intimidantes lenguas de glaciar.
Andamos entre nieblas, casi a ciegas, sobre campos de lava joven y vastos neveros. A medio camino nos cruzamos con una pareja de senderistas que nos advierte: "No sigáis subiendo. No hay nada allá arriba. Es el reino de los muertos".
No iban del todo desencaminados, aunque para nosotros es uno de los sectores más emocionantes del trekking: estamos atravesando el campo de lava que dejó el volcán Eyjafjallajökull en la primavera de 2010, el mismo que obligó a cerrar el espacio aéreo de media Europa y a cancelar más de 100.000 vuelos.
A las once de la noche, con las últimas luces, alcanzamos el paso y, para nuestra sorpresa, encontramos un acogedor refugio libre. ¡Bingo!
LA SENDA SE ENCARAMA A LAS MONTAÑAS POR UN TERRENO CADA VEZ MÁS ABRUPTO Y AÉREO, SOBRE VALLES VERDES Y NEGROS DE LOS QUE CUELGAN INTIMIDANTES LENGUAS DE GLACIAR.
MIL Y UNA CATARATAS
Día 4: Fimmvörðuháls - Skógar
12 km / 100 m+

El refugio, en el que hemos dormido a pierna suelta, es una amplia, cálida y limpia cabaña triangular, enteramente de madera, idéntica al viejo refugio de emergencia que se desintegra a sólo unos metros. Seguimos de suerte. Parece que la lluvia ha decidido quedarse en el valle de Þórsmörk. Iniciamos el largo descenso a orillas del río Skógá, que a ratos se cuela por una inaccesible garganta, formando increíbles cataratas que retumban en inmensas pozas basálticas. A medida que nos acercamos a Skógafoss, el sol empieza a asomar entre las nubes y nos cruzamos con algunos turistas que caminan sin aliento montaña arriba. Después de tres días de caminata –sólo han pasado 72 horas desde que empezamos a caminar en Landmannalaugar–, estamos a los pies de esta inmensa cascada de 62 metros de altura que pulveriza agua sin cesar. Es sin duda un broche de oro para un trekking inolvidable que, cómo no, acaba junto a un tentador puesto de pylsur, los deliciosos perritos calientes islandeses, que saboreamos mientras esperamos al autobús que nos ha de llevar hasta Hella, donde nos aguardan nuestras bicicletas para continuar explorando la isla. «

A TENER EN CUENTA...

Dificultad: La ruta no es difícil técnicamente, pero en las Highlands islandesas siempre hay que tener presente que las condiciones meteorológicas pueden cambiar drásticamente en pocas horas. Utilizar calzado y ropa de abrigo adecuados, consultar los partes meteorológicos en los refugios y seguir las recomendaciones de los guardas del parque es más que recomendable.

Camping: En los refugios que hay a lo largo de la ruta sólo se puede dormir con reserva, trámite que para ciertas fechas del verano requiere varios meses de antelación. Alrededor de todos ellos hay zona de acampada de pago. Algunas cuentan con duchas y recogida de basuras. En otras sólo hay agua potable y WC. Es aconsejable llevar una tienda ligera, pero que resista fuertes vientos.

Ríos: La ruta cruza media docena de ríos. Normalmente, el mejor paso para vadearlos está señalizado. Hay que evitar cruzarlos por donde son más estrechos, pues es donde son más profundos. Es recomendable llevar unas sandalias de río que queden bien sujetas, para no perderlas con la corriente.

Texto y fotos: Sergio Fernández Tolosa & Amelia Herrero Becker


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