BTT de altura
Val d’Aran - Open Natura
PUERTOS INTERMINABLES, HORIZONTES NEVADOS, POSTALES IMBORRABLES, SENDAS QUE ACARICIAN EL CIELO... Y DESCENSOS DE AUTÉNTICO VÉRTIGO. EN JUNIO TUVIMOS OCASIÓN DE EXPLORAR UN POCO MÁS LOS CAMINOS SECRETOS DEL VAL D'ARAN Y COMPARTIR CON EL CLUB BTT OPEN NATURA UN FIN DE SEMANA ENTERAMENTE DEDICADO AL CICLISMO DE ALTA MONTAÑA.
“¿Cuál es el nombre del valle leridano cuyas aguas desembocan en el océano Atlántico?”. Tic, tac, tic, tac, tic, tac... Aunque parezca el enunciado de una pregunta trampa en un concurso de la tele, en realidad es la de un examen de geografía de 6º de EGB que se me quedó grabada en la memoria, básicamente porque conocía la respuesta: el único valle pirenaico que fluye al norte de la cordillera pero queda enmarcado al sur de la frontera hispano-francesa es el valle de Arán, o Val d’Aran, en aranés. Menudo sabiondo estaba yo hecho.

EL TÚNEL DEL TIEMPO
El “valle de valles” –por lo visto, “aran” proviene del antiguo euskera y no significa otra cosa que “valles”– fue una especie de mundo aparte durante muchísimo tiempo. Las nevadas invernales a menudo lo mantenían aislado del resto del país, pues por aquella época el puerto de la Bonaigua (2.072 m) era el único acceso transitable y las máquinas quitanieves son un invento relativamente moderno. Tras décadas de promesas y 22 años de trabajos, en 1948 se abrió el primer túnel que debía acabar con aquel aislamiento. Por él llegaron miles de esquiadores –algunos de ellos, ilustrísimos– y medio siglo después se perforó un nuevo túnel, más ancho, más luminoso y más seguro, pues el viejo había quedado anticuado.
Aunque en este último medio siglo habrán cambiado muchas cosas, más allá de las pistas de esquí de Baqueira y de los pueblitos de casas de piedra hoy rodeados de chalets pareados, las montañas permanecen igual que entonces, completamente vírgenes, con sus nieves casi perpetuas, sus arroyos verticales, sus caballos pastando en las alturas, las marmotas, zorros, rebecos y ciervos correteando a sus anchas por los prados... Incluso osos, hay.

CAMBIO DE PERSPECTIVA
Uno de los mayores alicientes de las rutas por el Pirineo son los espléndidos panoramas que aparecen cuando, poco a poco y a base de paciencia, ganamos altitud y logramos cambiar, pedalada a pedalada, nuestra perspectiva. Lo que antes era invisible porque estábamos en lo más hondo del valle, un rato más tarde es un escenario casi irreal, un decorado de roca y hielo que parece sacado de la saga de El Señor de los Anillos. Las montañas que eras incapaz de imaginar antes de empezar a rodar, ahora se elevan ante tus ojos. Los bosques mudan de forma y de color, dando lugar a prados alpinos y lagos rodeados de restos de nieve todavía por fundir, en los que no es difícil sorprender a un ciervo calmando su sed. El aire se aligera paulatinamente. La fresca atmósfera alpina invita a pedalear y los paisajes te obligan a hacer fotos, aunque sean mentales, parando una y otra vez, o incluso sobre la marcha.
Hollado el collado, respiras, aprietas el botoncito rojo de “REC” para grabar el momento, que ahora mismo te parece inolvidable e irrepetible, y adoptas la obligada postura de brazos en jarras de cuando se alcanza cualquier cumbre. El aire te purifica los pulmones y oxigena tu cerebro, que empieza a enfocar el vasto horizonte que te rodea. Entonces, tu curiosidad innata te invita a asomar la nariz hacia el otro lado, donde descubres una senda que se escurre hacia la vertiente opuesta. “¡Bingo!”.

CICLOMONTAÑISMO
Es el siguiente nivel, comunicar un valle con otro a través de un paso perdido entre las montañas. Subir por un camino que muere en lo más alto, y explorar hasta encontrar un descenso viable hacia un nuevo paisaje.
En el Val d’Aran, la mayoría de caminos desaparecen al llegar a una cabaña de pastores, una pequeña ermita o un simple prado en el que pace un rebaño de vacas. Por eso, cuando Jordi Calsina, presidente del Club BTT Open Natura, nos preguntó sobre un posible destino para ir con una veintena de socios a disfrutar de auténtico mountain bike durante un fin de semana, supimos al instante que el Val d’Aran era el escenario ideal, y Vielha, la mejor base de operaciones.
LAS MONTAÑAS PERMANECEN VÍRGENES, CON SUS NIEVES CASI PERPETUAS, SUS ARROYOS VERTICALES, SUS CABALLOS PASTANDO EN LAS ALTURAS, LAS MARMOTAS, ZORROS, REBECOS Y CIERVOS CORRETEANDO A SUS ANCHAS POR LOS PRADOS... INCLUSO OSOS, HAY.
ARGUMENTOS SÓLIDOS
Las dos rutas las teníamos más o menos claras –bueno, seamos honestos, en realidad barajábamos media docena de opciones, pero ya habría tiempo de decidir...–, así que lo más importante era convencer al “Presi” de los indudables alicientes de organizar el encuentro en Vielha.
Primero le enseñamos algunas fotos. Luego le mostramos mapas y perfiles. Todo ello le encantó, pero al entrar en GoogleEarth, no vio del todo claro algún que otro tramo de lo que se suele conocer como “sendero poco pisado”.
Entonces no hubo más remedio que poner en marcha el plan B: lo sedamos como a M.A. –el del Equipo A, no el de la redacción de SoloBici–, echándole somníferos en un vaso de leche, y lo metimos en una furgoneta de alquiler –el presupuesto no alcanzaba para helicóptero– con rumbo a Vielha.
Tres horas más tarde, el “Presi” despierta frente a un “revuelto de setas dentro de un nido de crujiente de cereales”. A juzgar por la expresión de su cara y lo limpio que deja el plato, deducimos que la cocina del restaurante Era Txapela le gusta. “Estamos en el buen camino”, pensamos.
El segundo paso lo damos al día siguiente, madrugando ligeramente y tomando la pista que sube a la cabaña de Salient y la sierra de Somont, que es una de las rutas de más dificultad del Centro BTT del Val d’Aran. El primer sendero, nada más salir de Vielha, casi nos pulveriza el hígado, pero enseguida salimos a un camino que asciende, ya de forma sostenida, por un hermoso bosque. Al llegar al primer lago, la cámara de fotos del “Presi” echa humo.
El macizo de la Maladeta, coronado por el pico Aneto (3.404 m), su glaciar, y sus hermanos, hijos, primos y nietos, todos ellos cubiertos de nieve y hielo, asoman sobre las montañas por las que pedalearemos mañana. Vielha ha quedado muy abajo, pero aún resta una larga ascensión. Pese a ello, las horas pasan sin darnos cuenta, con la visión constante de este espectacular paisaje pirenaico.

DESCENSO POR LA GARGANTA
La subida continúa hacia el Coret de Mont (2.272 m), donde todavía queda bastante nieve. Desde lo alto, sorprendemos a cuatro ciervas que huyen pendiente abajo y descubrimos una senda que baja entre rocas y neveros, en dirección al Val de Varradòs. El paisaje es hermoso. Estar aquí y ahora es una gran suerte.
Todavía no hemos dedicido hacia dónde seguirá la ruta, pero tras estudiar las opciones, nos decantamos por volver al itinerario 12 del Centro BTT. Mientras subíamos, hemos visto la escarpada garganta por la que baja la senda, a priori un poco aérea y completamente empinada, a orillas de un arroyo con forma de cascada.
Tal y como nos había parecido, resulta ser un descenso brutal que nos lleva por terrenos poco o nada pisados durante los primeros compases de la bajada. Tras cruzar unos idílicos prados por improvisados singletrack, la huella nos lleva directos a la garganta, ciclable al 99%, pero no apta para quien sufra de vértigo, sobre todo en algunos tramos.
Con los discos oliendo a chamusquina, alcanzamos por fin un camino más ancho por el que baja agua del deshielo. Adiós pastillas de freno.
El resto del descenso es muy rápido, casi siempre por camino y dentro del bosque, con algunos tramos de senda, hasta llegar a Mont, donde enlazamos con algunos senderos más que nos llevan, casi sin darnos cuenta, hasta la carretera que sigue el río Garona. La bajada ha sido realmente fulgurante. Las nubes que empezaban a formarse cuando estábamos 1.300 metros más arriba, permanecen amenazantes, pero inactivas. La entrada a Vielha la hacemos por un entretenido sendero emboscado lleno de toboganes. Mejor sabor de boca, imposible.

CUMBRES BORRASCOSAS
Al día siguiente, arrancamos de nuevo cuesta arriba, con rumbo a Eth Santet, pero bajo un cielo completamente cerrado. Media hora más tarde, la lluvia nos empapa sin piedad y el iPhone del “Presi” corrobora que la tormenta va para largo, así que acabamos dando media vuelta. Había que intentarlo, pero el tiempo no está para andar de excursión a más de 2.000 metros de altura, por lo que habrá que volver otro día para comprobar los senderos de vacas que, supuestamente, unen el collado de Eth Santet con los prados de Arroca de Sa Costa.
Lo hacemos dos semanas después, bajo un solazo que irradia optimismo. Tras algo más de dos horas de ascensión desde Vielha, coronamos el puerto, iniciando aquí una travesía de flanqueo, cruzando algunos prados alpinos, sin perder apenas altura, conectando más allá con una senda algo precaria, pero casi toda ella ciclable, hasta que el terreno nos obliga a caminar durante casi 1 km. Al otro lado de este embudo rocoso y encharcado, nos espera la recompensa: 8 km consecutivos de revirados senderos que nos proyectan hasta el fondo del valle, que nos aguarda 900 metros más abajo.
Durante la bajada aprovechamos la pista verde –la más fácil– del Bike Park del bosque de Varicauva, con sus empinados caminos, sus curvas perfectamente peraltadas y sus impolutos singletracks en los que se fluye a toda velocidad entre abetales de ensueño. Con las endorfinas a flor de piel, de vuelta en el hotel, damos la prospección por concluida. “¡¡Asier, unas cañas!!”.
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VAL D'ARAN
Itinerario: 70 km / 2.700 m+.
Recorrido: Vielha - Estanho de Vilac - Coret de Mont - Mont - Vielha - Eth Santet - Bassa d'Oles - Vielha.
Duración: 2 etapas.
Alojamiento: Hotel Ribaeta & Era Txapela, en Vielha.
Temporada: de junio a octubre.
Terreno: en las subidas predominan pistas y caminos, y los descensos son por sendas y trialeras, con algunos tramos que invitan a caminar.

+ info: Club BTT Open Natura

Track GPS Día 1
Track GPS Día 2
BIENVENID@S AL PARAÍSO
Los primeros socios, que aparecen por el hotel a eso de las tres de la tarde, se apuntan sin dudarlo a la ronda de cañas. El resto llega a continuación, descargando bicis y maletas, instalándose, preguntando por las rutas que hemos preparado, por la previsión meteorológica, los desniveles acumulados, la dificultad de las trialeras... y saludando a los demás, pues muchos de ellos repiten –el club organiza diversas salidas de fin de semana durante el año–, aunque también vemos caras nuevas, y cada vez más chicas, lo que nos alegra enormemente.
Aterrizan ansiosos de aire puro, paisajes extraordinarios y descensos palpitantes. Ya han visto las fotos de la prospección en Facebook, pero saben que nunca es lo mismo en pantalla que en retina, sobre todo si tu mountain bike anda de por medio.

TOCANDO EL VACÍO
A la mañana siguiente, la ascensión sale a pedir de boca. El paisaje luce espléndido y los neveros que dos semanas antes cubrían algunos tramos del camino ya se han esfumado. Aunque a unos les cuesta más que a otros, todo el mundo parece encantado.
A orillas de una laguna, a 2.100 metros de altitud y con vistas al macizo del Aneto, nos esperan Marta y Montserrat, que han subido con el 4x4 cargado de megabocadillos –los de tortilla de patata se llevan la palma–, agua, Aquarius, Coca-Cola, plátanos, melones, galletas, chocolate y hasta bebidas autocalentables.
Tras el ágape, montamos una excursión “facultativa” hasta el Coret de Mont con tal de disfrutar del paisaje y acabar de triturar el higadillo. Una vez en lo más alto, ya sólo queda bajar: 1.300 metros de desnivel del tirón, que se dice pronto.

MARES DE NUBES
El domingo, a las 7 AM, una densa niebla reina en Vielha. “Es sólo neblina. En un rato abre”, nos consuela Asier. Efectivamente, poco después rodamos sobre un esponjoso mar de nubes. El bosque va quedando atrás y los prados alpinos nos catapultan hacia el collado, que coronamos en apenas dos horas, para enseguida ir en busca del flanqueo que nos llevará a la ladera opuesta del Montcorbison.
Aquí empieza la verdadera aventura. La víspera habíamos intentado explicar a los asistentes qué entendemos por “ciclomontañismo” mediante nuestro vídeo de la Alta Ruta transPirenaica (disponible en youTube), pero el mando del DVD nos boicoteó el plan, así que les tocará descubrirlo ahora, en sus carnes y sus neuronas, cruzando prados vírgenes y abriendo huella en un valle en el que reina el silencio. Al final del kilómetro de “bici-trekking” nos aguarda el megadescenso, un recital de mountain bike inolvidable que todos aplauden, eufóricos como groupies reclamando un bis al final de un concierto.
En Vielha nos espera otro premio, esta vez sabroso, calórico y aromático. No hay nada mejor que un banquete entre amigos para completar un fin de semana irrepetible. “Parece que han disfrutado”. “Sí, sí, todos preguntan dónde y cuándo será la próxima”, contesta el “Presi”. «

Texto y fotos: Sergio Fernández Tolosa & Amelia Herrero Becker, para Solo Bici nº 255, agosto 2012

EL PAISAJE LUCE ESPLÉNDIDO Y LOS NEVEROS QUE DOS SEMANAS ANTES CUBRÍAN ALGUNOS TRAMOS DEL CAMINO YA SE HAN ESFUMADO.
AL OTRO LADO DEL VALLE SE ALZAN, IMPRESIONANTES,
EL MACIZO DE LA MALADETA Y EL ANETO, TECHO DE LA CORDILLERA.
OTROS REPORTAJES DE CONUNPARDERUEDAS...