LA MONTAÑA MÁGICA
Pedals del Pedraforca
VALLES QUE CULMINAN EN BLANCAS CUMBRES, BOSQUES PERPETUOS, MURALLAS DE ROCA INACCESIBLES, RECÓNDITOS PUEBLOS... RODEADOS DE MONTAÑAS POR DOQUIER –SIERRA DEL CADÍ, MACIZO DEL PEDRAFORCA Y PORT DEL COMTE, ENTRE OTRAS TANTAS–, DESCUBRIMOS EL VERDADERO SENTIDO DE UN FIN DE SEMANA DE PURO MOUNTAIN BIKE: DISFRUTAR DE LA BICICLETA EN PLENA NATURALEZA Y OLVIDARSE DE TODO LO DEMÁS.
En la primavera de 1906, un jovencísimo Pablo Picasso se presentó a lomos de una mula en el pequeño pueblo leridano de Gósol. El genio malagueño viajaba junto a su compañera, Fernande Olivier –la belle Fernande–, un caballete, unas cajas de óleos y pinceles, y una crisis creativa que le había hecho abandonar temporalmente París, donde ya empezaba a ser conocido. En Gósol pasaron sólo tres meses, pero de regreso a Francia el maestro necesitó toda una recua para transportar lo que había pintado durante su breve retiro, inspirado por la belleza de los paisajes, los colores de la tierra, la luz... Un siglo después, nosotros también viajamos hasta Gósol, aunque no sobre una mula. Hoy las comunicaciones son mucho mejores, pero el pueblo, en el que sólo residen 80 vecinos –diez veces menos que cuando Picasso estuvo aquí–, mantiene intacto su original encanto pirenaico. Aunque nosotros no hemos venido a pintar, estos paisajes inspiran a cualquiera. Nuestro deseo es, simplemente, relajarnos y disfrutar de un fin de semana de auténtico mountain bike.

ACLIMATACIÓN PREVIA
El pasado 27 de abril de 2013 se presentó en Gósol la ruta Pedals del Pedraforca, una nueva propuesta de Pedales del Mundo. El acto de presentación fue todo un acontecimiento. Acudió medio pueblo, además de los creadores del itinerario y responsables del proyecto –Iván Velázquez, Josep Clos y Marta Guitart–, el director de Pedales del Mundo, Pep Vega, y el secretario general de Deporte de la Generalitat de Catalunya, Iván Tibau, quien celebró la iniciativa porque “atrae a personas que dinamizan la economía de la zona, a la vez que promueve la práctica del deporte”. A la ceremonia inaugural no pudimos asistir, pero llegamos a Gósol sólo dos semanas después con tal de catar en primicia esta ruta de 104 km y 3.410 metros de ascensión acumulada que ha sido diseñada para hacerse en dos o tres días.
Rodeados de montañas por todas partes, Iván, Josep y Marta nos explican con detalle los entresijos del itinerario, nos graban el track en los GPS y nos entregan el pack de bienvenida, del que asoman un voluminoso fuet y una irresistible tableta de chocolate.
Nos instalarnos en el hostal Vila de Gósol y salimos a estirar las piernas paseando hasta lo más alto del castillo, donde notamos ligeramente los efectos de la altura, pues Gósol se encuentra a 1.423 metros sobre el nivel del mar. También visitamos la Sala Picasso del museo municipal, donde nos enteramos de curiosas anécdotas y jugosos chismes que han perdurado desde la prolífica estancia del genio en el pueblo.
Tras saciar el apetito cultural, histórico y artístico, es hora de degustar el menú especial Pedals del Pedraforca del Restaurante El Forn, donde recibimos una sabrosa y refinada lección de gastronomía. Ahora sí, ya estamos preparados para empezar a pedalear.

PAZ Y BUENOS ALIMENTOS
Etapa 1: Gósol - Port del Comte
44 km / 1.740 m+ / 1.430 m-

Amanece sereno pero fresco. Tras la foto de rigor en el Km 0, abordamos la primera ascensión del día, que se presenta suave y sostenida, como una amable invitación a adentrarse en el cautivador mundo de las selvas pirenaicas. A nuestras espaldas, quedan el Pedraforca y el Cadí, sobre los que todavía brillan pequeños neveros aislados. Desde el primer kilómetro, el paisaje se convierte en un regalo para los sentidos: el aire huele a pino, a tierra, a agua...
Al coronar el Coll de Gósol, el camino se inclina hacia abajo, adentrándonos en la espesura a toda velocidad. Ya no hay vuelta atrás. La suerte está echada. Las emociones, servidas.
El resto de la mañana lo pasamos inmersos en un sube y baja contundente, enlazando duras rampas que nada tienen que ver con el primer collado del día y acometiendo imponentes descensos.
A través de infinitos túneles vegetales, pedaleamos abstraídos de un mirador a otro, rodando por paisajes sorprendentemente alpinos.
Sellamos el libro de ruta en Can Blanc e iniciamos una nueva ascensión hacia el Collet de la Pedra, que se prolonga más allá, subiendo hasta los 1.800 metros. Desde lo alto, vislumbramos las cimas del Port del Comte. Un profundo valle media entre nosotros y nuestro destino para el final de etapa.
ABORDAMOS LA PRIMERA ASCENSIÓN DEL DÍA, QUE SE PRESENTA SUAVE Y SOSTENIDA, COMO UNA AMABLE INVITACIÓN A ADENTRARSE EN EL CAUTIVADOR MUNDO
DE LAS SELVAS PIRENAICAS.
TODO LO QUE BAJA SUBE
El descenso nos lo tomamos con la misma o incluso con más calma que la subida. En un primer tramo de pista, nos cruzamos con una pareja de rebecos que trepan entre los pinos. Más allá, la pendiente aumenta y el terreno invita a ir con cuidado, disfrutando de las vistas desde la privilegiada perspectiva que otorgan las alturas.
Pronto rodamos entre paredes de roca, en el Coll de Santa Creu, donde el track nos indica un sendero que se cuela entre jóvenes encinas. Empieza aquí un entretenido sector en el que se combinan algunos pasos técnicos con sinuosos singletrack.
El memorable descenso nos conduce hasta La Pedra, donde cruzamos el río Cardener. Por un bucólico camino, y unas no tan bucólicas escaleras que aguardan agazapadas en el último compás, llegamos hasta La Coma justo a la hora de comer. El suculento menú del Hotel Restaurante Fonts del Cardener, segundo control de paso de la ruta, nos ayuda a afrontar el resto de la etapa, la subida final hasta el Port del Comte.
Canelones, hamburguesa casera a la brasa, una cervecita... “¿Postres?”.
Con la panza llena pero con un amplio margen para acometer sin prisas la ascensión –800 metros positivos del tirón–, el soniquete de las Fuentes del Cardener invita a tomarse un respiro para facilitar la digestión.
Tras el descanso, reemprendemos la marcha por una pista que asciende dibujando amplias eses, mostrándonos un espléndido paisaje en el que no tardamos en identificar los caminos por los que hemos bajado hace unas horas, al otro lado del estrecho y profundo valle. Cuando la pista acaba, el track nos sitúa a la entrada de un largo sendero con aspecto de puerta interestelar. Sin darnos cuenta, somos engullidos por una especie de agujero negro que comunica directamente con otra galaxia. Ya en la otra dimensión, trepamos como podemos, exhaustos, por el enrevesado singletrack, que desemboca en Pratllong, una urbanización que parece importada desde Suiza. Aquí está nuestro acogedor hotel, L’Avet, donde nos espera Marta con sus sorprendentes recetas de frutos del mar en plena alta montaña.

DESDE LAS ALTURAS
Etapa 2: Port del Comte - Gósol
60 km / 1.670 m+ / 1.980 m-

Amanece aún más radiante que ayer. Esto sí es suerte. Tras desayunar suficiente pan con mantequilla y mermelada como para subir un ochomil, ponemos rumbo hacia las pistas de esquí de Port del Comte.
Más allá comienza la ascensión estrella de la ruta, el Pas d’Estivella, situado a 2.200 metros de altitud. La pista sube de forma sostenida, permitiéndonos disfrutar de un panorama espectacular. Al norte, se extiende el Cadí como una larga muralla natural. El Pedraforca asoma por su extremo oeste, como una torre vigía. Unos metros más arriba, divisamos la cordillera pirenaica, todavía cargada de nieve.
Rodamos felices, encarando una larga travesía por encima de los 2.000 metros de altura, antes de vislumbrar nuevas cumbres que asoman por poniente desde este privilegiado balcón. Paramos a hacer mil y una fotos. Dichoso Instagram...
El descenso promete diversión. El siguiente control está en Tuixent, mil metros más abajo.
Tras un sector por camino, llegamos al Refugio de l’Arp, donde empieza un tramo asfaltado de 3 km hasta el Coll de Port. Aquí la ruta se desvía y empieza un largo y entretenido descenso por caminos trialeros y serpenteantes sendas que nos llevarán prácticamente hasta las puertas de Tuixent, donde llegamos emocionados.
En el control de Cal Farragetes, unos refrescos y unos bocatas nos ayudan a asimilar todo lo que hemos bajado en apenas un rato. También comprendemos que aún queda mucho por delante.
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PEDALS DEL PEDRAFORCA
Itinerario: 104 km / 3.410 m+.
Duración: 2 o 3 etapas.
Temporada: de mayo a noviembre.
Filosofía: recorrido autoguiado no competitivo que se sigue con GPS o roadbook. Hay que sellar el rutómetro en diversos puntos de control. Al final, los finishers reciben un maillot exclusivo.
Organización: Pedals del Pedraforca se encarga de las reservas hoteleras y del transporte de equipajes, entre otros servicios.

+ info: www.pedalsdelpedraforca.com
AL FINAL DE LA ESCAPADA
Abandonamos Tuixent por un vertiginoso sendero que traza un atajo hasta el viejo camino del molino de Fórnols, al que llegamos totalmente encantados de la vida, disfrutando de un suave tramo de descenso a la sombra de los pinos. Aquí, a mil metros sobre el nivel del mar, empieza la segunda ascensión del día, que nos llevará primero hasta Fórnols y luego a Cornellana, para después seguir hasta el Coll de Jovell, a 1.790 metros de altura.
La tarde se presenta larga y esforzada, pero los caminos se encuentran en perfecto estado y los paisajes, prístinos, nos dan alas, logrando un efecto mágico que infunde ánimos a medida que ganamos altitud.
Tras cada curva se abre un nuevo panorama que disfrutamos como si fuese la primera vez que vemos una montaña. Es la magia del mountain bike. Todo sabe mejor. Todo es más hermoso. Todo es más tuyo y todo es más grande cuando lo consigues a base de tu propio esfuerzo.
Así nos sentimos al coronar el ansiado puerto, donde coincidimos con cuatro tímidos rebecos que huyen al oírnos llegar. Rebosantes de energía, saltamos felices sobre la pradera. ¡Lo hemos conseguido!
La escena es inolvidable. Atrás queda la subida. Por delante aguarda una larga bajada. Arriba, las colosales paredes del Cadí parecen casi al alcance de las yemas de nuestros dedos. Al fondo, incólume, se alza, magnífico, el Pedraforca, tocado por una nube.
Se acerca el final y queremos saborear este instante irrepetible. Es el clímax de la ruta. Sólo nos resta bajar por un placentero camino hasta Josa de Cadí, remontar un último y suave puerto por una tranquila carretera de montaña y lanzarnos hasta Gósol por el intrigante sendero final. Al llegar nos aguarda el maillot de finishers, las piruletas de chocolate de Pedals del Pedraforca y un buen remojón en el spa del camping Cadí Vacances. Esto es vida. Buena vida. «

Texto y fotos: Sergio Fernández Tolosa & Amelia Herrero Becker, para Solo Bici nº 265, junio 2013

ES LA MAGIA DEL MOUNTAIN BIKE. TODO SABE MEJOR. TODO ES MÁS HERMOSO. TODO ES MÁS TUYO Y TODO ES MÁS GRANDE CUANDO LO CONSIGUES A BASE DE TU PROPIO ESFUERZO.
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