ENTRE LO (IN)HUMANO
Y LO DIVINO
Pedals del Cister - La Riera de Gaià
SENDAS RATONERAS QUE TE ELEVAN HASTA RECODOS DE PAZ, TRIALERAS AL LÍMITE DE LA FÍSICA, ONÍRICOS DESCENSOS AL MÁS TENTADOR DE LOS INFIERNOS... PEDALS DEL CISTER ENCIERRA UN SINFÍN DE SORPRESAS DENTRO DE UN ITINERARIO QUE RESULTA TAN EXIGENTE COMO EXCITANTE. TUVIMOS LA SUERTE DE SER LOS PRIMEROS EN CATARLO DE PRINCIPIO A FIN Y CONSTATAR, A LO LARGO DE SUS 220 KM, CÓMO EL CAMINO NOS ENSEÑABA ALGO NUEVO SOBRE NOSOTROS MISMOS CADA POCOS METROS. ETAPA TRAS ETAPA, NOS ACERCABA AL VERDADERO ESPÍRITU BIKER.
Hace casi mil años, en una tierra yerma y prácticamente deshabitada pero plagada de fortines, atalayas y campos de batalla, unos monjes cuya orden rechazaba lo supérfluo recibieron gran cantidad de tierras con tal de fundar monasterios. De lo que sucedió a partir de entonces versan toneladas de libros de historia, manuales de arquitectura y ensayos de arte, pero aquí de lo que se trata es de hablar de lo nuestro: de puro mountain bike. Del placer de pedalear por sendas y caminos recónditos. De no hacer otra cosa en todo el día durante varios días seguidos. De ello, y de nada más, trata en realidad Pedals del Cister.

BENDITA INCERTIDUMBRE
Viajamos hasta La Riera de Gaià, la pequeña población de la costa de Tarragona en la que empieza y acaba Pedals del Cister, sin una idea preconcebida sobre lo que nos espera. Sólo sabemos que la ruta es "más laboriosa de lo que pueda parecer a priori" y que además de unir los monasterios de Poblet, Santes Creus y Vallbona de les Monges con la Costa Dorada, se encarama y atraviesa las Montañas de Prades, todo ello por un laberíntico entramado de veredas y trochas de toda condición. El plan suena fantástico. "Montaña", "ruta" y "laboriosa" son palabras que casi siempre combinan bien.
La víspera del "estreno no oficial" de la ruta conocemos al autor del itinerario, Mia Sunyer, y a la promotora del proyecto, Gemma Rosell. Nos reciben en una flamante oficina, donde nos explican cómo funciona todo, nos dan el pack de bienvenida y nos desvelan los entresijos del recorrido. Tras el briefing de rigor, nos piden dos cosas: "llamarnos al móvil si no entendéis alguna anotación del rutómetro y, sobre todo, no os hagáis daño". Resumiendo, nos esperan 220 km de "caminos entretenidos", "pocas pistas rápidas", "apenas pavimento" y "varios tramos trialeros de larga duración". Ante perspectivas tan halagüeñas, la conciencia se agita más de la cuenta y nos vamos a dormir entre conjeturas: ¿será Pedals del Cister tan dura y selectiva?, ¿será más técnica que Pedals d'Occitània? Mañana lo sabremos.

EL ROSARIO DE LA AURORA
Etapa 1: La Riera de Gaià - Montbrió de la Marca
55 km / 1.515 m+

A las siete de la mañana, con las primeras luces, dejamos atrás la visión de un mar en aparente calma del que sobresale un semicírculo dorado. Es hora de comenzar. En el Km 0, a pocos metros de la oficina de Pedals del Cister, con las piernas todavía frías y las neuronas en plena fase REM, estudiamos la primera casilla del rutómetro. "Debe de ser por aquí", pienso a la vez que la bici empieza a sortear y absorber toda clase de irregularidades.
Nada más empezar, Pedals del Cister nos ofrece una sincera muestra de su poderosa naturaleza. Por recónditos caminillos que se enlazan mediante inesperados atajos, llegamos a Salomó, donde se encuentra el primer control de paso. Desde aquí la ruta se dirige hacia Vilabella a través de un vivificante sendero que cruza un bosque. Muy pronto el rutómetro indica un desvío a la izquierda. Dejamos el camino ancho, que da un breve rodeo, y encauzamos la rueda delantera por un atajo de los que uno cree que rozan la categoría de "inciclable", pero que una vez abajo y de una pieza te hacen sentir un centímetro más cerca del Olimpo.
Con esta agradable y estimulante sensación como compañera de viaje, seguimos hacia Bràfim, Vila-rodona y Aiguamúrcia, cruzando el río Gaià en repetidas ocasiones, unas veces sobre puentes y otras por pasarelas de madera, siempre a cobijo de una densa vegetación de ribera. Poco más allá pasamos bajo el emperifollado portal de l'Assumpta, de claro estilo barroco, que da paso a las primeras dependencias del monasterio de Santes Creus.
EL PLAN SUENA REALMENTE FANTÁSTICO. "MONTAÑA", "RUTA" Y "LABORIOSA" SON CONCEPTOS QUE CASI SIEMPRE COMBINAN
A LA PERFECCIÓN.
DE SOL A SOL
A partir de aquí nos esperan las primeras rampas severas del día. En El Pont d'Armentera dejamos atrás el curso del Gaià y empezamos a trepar sin descanso hacia el Coll de Valls, a orillas de un torrente que se oculta bajo un barranco dentado. En una nueva bifurcación, la pendiente se dispara. Miras hacia arriba y vislumbras un largo vía crucis de piedra suelta que te reta. Instintivamente te deslizas hacia la punta del sillín, pero la rueda trasera pierde tracción... No quieres detenerte, pero la fuerza de la gravedad te subyuga... Tratas de inspirar más hondo, pero el corazón empieza a asomar por la garganta...
Al coronar, sobre la cresta de Comaverd, arrecia el vendaval, que fluye libre desde poniente. El sol ya está bajo cuando encaramos un fulgurante descenso hacia Montbrió de la Marca, donde entramos ya casi de noche. Nos esperan en el siguiente pueblo, Rocafort de Queralt, que dista sólo un par de kilómetros. En plena faena, suena el móvil. Es Mia: "¿Estáis bien? ¿Aún no habéis llegado al hotel?". "Estamos muy cerca... Es que nos hemos entretenido haciendo fotos".
La etapa se gana ahora la etiqueta de "nocturna". Encendemos la linterna frontal y nos zambullimos en una senda tortuosa y oscura que desemboca muy pronto en un pueblo de calles desiertas. Al llegar al restaurante Mircla, la dueña nos confiesa que pensaba que no llegaríamos, que tendría que llamar a los Mossos d'Esquadra... Y nosotros tan panchos, disfrutando de la bici en la penumbra...

ORA Y PEDALEA
Etapa 2: Montbrió de la Marca - Vimbodí
55 km / 1.285 m+

La jornada de un monje medieval solía comenzar (o acabar, según se mire) con los maitines (el rezo de medianoche). Luego venían los laudes (a las 3 AM) y la prima (a las 6 AM). Para nosotros, el día empieza más o menos a esa hora, pero el rito consiste en bajar al garaje y comprobar que no hay que lamentar ningún pinchazo.
Hoy parece que la suerte está de nuestra parte. Las ruedas lucen intactas y el cielo, inmaculado. Tras el desayuno, la primera subida. Por suerte, es progresiva. Lo más duro está poco antes de llegar a Forès, el siguiente pueblo del itinerario, desde donde se goza de una vasta panorámica de toda la comarca. A la izquierda se alza la sierra de Comaverd. En el centro se abre la llanura de Montblanc. Más allá se elevan las Montañas de Prades. Y a la derecha, la sierra del Tallat.
Vamos camino del monasterio de Vallbona de les Monges, en parte siguiendo las señales del GR-175, pero siempre atentos al rutómetro, pues el itinerario de Pedals del Cister nos desvía hasta La Sala de Comalats, un pequeño núcleo formado por apenas siete casas que rezuma casi mil años de historia. De lejos, destaca la sólida torre del castillo, de 17 metros de altura. Una vez allí, es hora de bajar de la bici y pasar bajo el arco de piedra que nos adentra en un túnel del tiempo.
Tras el descanso, recuperamos el libro de ruta, que nos lleva hasta el Collet Blanc y Belltall. Es el comienzo de un sube y baja muy entretenido por caminos rodadores que nos llevan primero hasta Rocallaura (atención a la fuerte subida que hay justo después de esta población; no perdáis el rastro del GR, que puede pasar desapercibido cuando falta el oxígeno y las retinas ya tienen suficiente con esquivar las piedras del camino) y después hasta Vallbona de les Monges (atención también al desvío trialero que propone el rutómetro poco antes de llegar al monasterio).

SECRETOS DE CONFESIÓN
Ya es cerca de mediodía (hora sexta en la agenda monacal), así que aprovechamos que el bar de enfrente del ayuntamiento está abierto y comemos algo rápido (pero calentito) antes de encarar la segunda mitad de la etapa, mucho más jugosa y técnica según apunta el rutómetro. Una senda nos aúpa primero hacia la antigua ermita de Sant Miquel, y luego una serie de caminos emboscados nos llevan rápidamente hasta Els Omells de Na Gaià, donde arranca una nueva subida seguida de un par de bajadas que nos ponen en estado de alerta, aunque el plato fuerte viene después del Coll de Senan, donde iniciamos el ansiado descenso hacia Vimbodí.
De entrada, la trialera, que tiene poco más de un kilómetro de longitud, infunde sumo respeto y reclama algún que otro pie, pero después del tramo más técnico el firme se estabiliza y nos regala un sinnúmero de cortados, pasillos de roca, raíces, troncos revirados...
Al llegar abajo se acerca la hora de las vísperas (las 6 PM), así que nos apresuramos para no llegar tarde hoy también. Nos esperan a dormir en el castillo de Riudabella, un enclave mágico en mitad de una inmensa finca, mitad vinícola mitad forestal, que antaño fue una de las granjas dependientes del monasterio de Poblet. Llegamos pedaleando entre encinas jóvenes de hojas amarillentas y refulgentes, saboreando un último regalo en forma de sendero que se abre paso entre la densa arboleda. Hoy hemos sumado 53 km y 1.300 metros de desnivel (las emociones no son cuantificables).
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PEDALS DEL CISTER
Itinerario: 220 km / 5.300 m+.
Duración: 3, 4 o 5 etapas, o formato 2+2, en dos fines de semana.
Temporada: todo el año.
Filosofía: ruta autoguiada no competitiva que se sigue con el rutómetro o el track para GPS que facilita la organización a todos los inscritos. Los que completan el recorrido reciben un maillot exclusivo de la ruta.
Organización: Pedals del Cister se encarga de las reservas hoteleras y ofrece un servicio opcional de transporte de equipajes.

+ info: www.pedalsdelcister.com

MONTAÑAS DE PRADES
Etapa 3: Vimbodí - Vilaverd
54 km / 1.540 m+

El día comienza con una visión que no tiene precio: el bosque de Poblet, las Montañas de Prades... También con un desayuno a base de panecillos de Viena, embutidos de primera, confituras caseras y, cómo no, una dosis de 600 miligramos de ibuprofeno, y es que el cuerpo empieza a notar los efectos de las severas sesiones a las que le estamos sometiendo.
Además, hoy hemos quedado con los "culpables" de todo esto. Mia y Gemma han insistido en acompañarnos hasta la entrada de la trialera de Farena, donde ellos darán media vuelta y nos dejarán de nuevo, según sus propias palabras, "solos ante el peligro".
Nada más llegar, enfilamos un camino que deja atrás el castillo y se abre paso entre viñedos hasta Poblet. Hoy no hay tiempo para visitas guiadas, aunque sí para echar un breve vistazo, aunque sea extramuros. La razón de tanta prisa es que hoy nos esperan la ascensión reina y el descenso estrella de Pedals del Cister, además de una dosis nada desdeñable de senderos de sube y baja que han de llevarnos hasta el otro extremo de las Montañas de Prades.
La primera ascensión la abordamos con el habitual entusiasmo. Es una subida agradable y sostenida, de algo más de 12 km, que transcurre íntegramente a la sombra de un espectacular bosque mixto en el que reina el más absoluto silencio hasta que llegamos nosotros con nuestras conferencias. Hablamos sin cesar, de todo un poco, pero sobre todo de lo que implica diseñar un itinerario como éste. Al conocer un poco más a Mia, que habla y sube con el plato mediano sin perder resuello, uno entiende el porqué de muchas cosas en relación a Pedals del Cister. Mia es un endurero nato para el que la bicicleta de montaña es una herramienta de entrenamiento, pero sobre todo de diversión. Pocos conocen mejor que él los cientos de sendas que se ramifican a lo largo y ancho de la comarca en la que ha crecido. Gemma, por su parte, no se rezaga. Incluso baja piñones y se avanza unos metros. "Deja que lean el rutómetro", le riñe Mia. Está claro que forman un tandem perfectamente engranado.

ATALAYAS SIN FONDO
Al coronar, el altímetro indica algo más de 1.100 metros sobre el nivel del mar. El paisaje ha cambiado por completo, y es hora de despedirnos de Mia y Gemma, que nos abandonan sobre una terraza de roca enorme que, al ver por dónde baja la trialera, se nos antoja como una especie de rampa de lanzamiento que apunta hacia lo más profundo del valle. Tras unos metros de trekking por un caos de bloques gigantescos con la bici por hombrera, la senda se humaniza ligeramente, por lo que decido bajar el sillín y aventurarme por la deslizante pendiente. "No era para tanto...", considero (infeliz de mí) por unos momentos, hasta que salgo catapultado desde lo alto de un cortado, aterrizando de espaldas sobre unos zarzales estratégicamente dispuestos un par de metros más abajo. Pese al susto, me impongo la siguiente letanía: "No ha pasado nada... no ha pasado nada...". Es lo mejor que puedes hacer en casos así. Si no, le coges miedo a tu propio valor.
A partir de Farena nos espera un tramo por camino asfaltado, pero enseguida nos volvemos a perder en un laberinto de sendas que reclaman concentración, ambición y confianza para autoconvencerte de que esa intrincada vereda, efectivamente, sí es ciclable. Entre jadeos y varias tandas de jubilosas celebraciones, alcanzamos Mont-ral, donde iniciamos un largo y deseado descenso por el interior de un bosque.
Un par de repechos más allá, tras rodear una última estribación de la sierra de Prades, encaramos el descenso final hasta La Riba, a orillas del río Francolí, que fluye encajonado entre vastas paredes lamidas por el tiempo. Siguiendo su cauce muy de cerca por una senda que nos da la puntilla, llegamos a Vilaverd algo descompuestos. Por suerte nos esperan Mercè y Jaume, de Cal Maginet, uno de esos hoteles con encanto a los que llevarías a tus padres. En la cena nos agasajan con un platazo de pasta con olivada cubierto de queso parmesano, pescado a las finas hierbas, mel i mató... ¿Será suficiente para compensar lo quemado hoy? Puede que sí, aunque lo que reclaman nuestros bataneados cuerpos es un quiropráctico.

SENDEROS DE GLORIA
Etapa 4: Vilaverd - La Riera de Gaià
56 km / 960 m+

Tras la tunda del día anterior, la etapa final se vaticina algo más suave. El rutómetro indica que el grueso de desniveles se concentra antes de Figuerola del Camp, donde llegamos con una sonrisa de oreja a oreja fruto del extasiante descenso que acabamos de encadenar desde lo alto de la sierra de Jordà. De ahí saltamos a El Pla de Santa Maria, donde la ruta nos sorprende con un respiro entre olivares y almendros en el que pinchamos dos veces en menos de un kilómetro.
La tregua dura poco, pues a partir de Renau volvemos a sentir el poder del singletrack bajo las ruedas. La ruta serpentea ahora durante varios kilómetros a orillas del río Gaià, a la sombra de un frondoso bosque, sobre un lecho de roca pulida que haría las delicias de cualquier biker. De pronto, rodeados de naturaleza y en pleno éxtasis, nos damos cuenta de que se avecina el final. Es demasiado bonito. ¿Estaremos soñando? No, no es ningún sueño, es sólo el efecto de una mágica reacción química, una pócima secreta llamada mountain bike. Horas después, ya en casa, con el maillot de finisher en una mano y una cerveza Rosita en la otra, empezamos a notar los efectos secundarios de esta adicción nuestra. ¿Cuál será la próxima? «

Texto y fotos: Sergio Fernández Tolosa & Amelia Herrero Becker, para Solo Bici nº 235, diciembre 2010

ES DEMASIADO BONITO. ¿ESTAREMOS SOÑANDO? NO, NO ES NINGÚN SUEÑO, ES SÓLO EL EFECTO DE UNA MÁGICA REACCIÓN QUÍMICA, UNA PÓCIMA SECRETA LLAMADA MOUNTAIN BIKE.
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