ODA AL MOUNTAIN BIKE
Pirinés Epic Trail
EN EL CORAZÓN DEL PIRINEO, CON 245 KM DE EXIGENTE RECORRIDO Y 6.900 METROS DE ASCENSIÓN ACUMULADA, LA PIRINÉS EPIC TRAIL REIVINDICA EL MOUNTAIN BIKE EN ESTADO PURO DIBUJANDO UN TRAZADO DE CORTE ÉPICO CARGADO DE LIRISMO Y SINCERA PASIÓN POR LAS MÁS BELLAS MONTAÑAS DE LA CORDILLERA.
La Pirinés Epic Trail, la nueva Epic del Pirineo que no hay que confundir con la Cape Epic de Ciudad del Cabo, es un poema épico escrito en clave biker por Jordi Laparra, un ciclista de toda la vida que a principios de los noventa sorprendió a todo el mundo con un libro fundamental en la biblioteca de cualquier mountain biker: La travesía de los Pirineos en BTT (Prames). Ahora, a petición de Aramon Bike, Jordi ha diseñado el circuito de la Epic, una ruta que a través de caminos históricos recorre los más profundos e inaccesibles valles de las comarcas de la Ribagorza Oriental, el Sobrarbe y la Alta Ribagorza. Su escarpado trazado es un claro homenaje al Pirineo, escenario de lujo para una odisea ciclista que te lleva hasta collados remotos, saltando de un vallle a otro por pasos casi olvidados.

ÉPICA GARANTIZADA
La primera referencia que me llega de la Pirinés Epic Trail la firma Eliseu T. Climent, periodista y amigo desde hace años, que tras completar su recorrido en sólo tres días advierte que "para afrontarla hay que acudir dispuesto a superar las dificultades que depara una aventura de esta categoría", destacando que "la Epic no es una ruta rodadora: los kilómetros se ganan en cada pedalada".
El comentario cobra especial valor porque conozco a Eliseu. Es un montañero-ciclista-corredor-escalador capaz de correr dos maratones de montaña en un día y quedarse tan ancho. O tan estrecho, pues está siempre más fino que una loncha de pavofrío. Es un deportista nato con una biología muy económica. Calculo que con un espagueti puede hacer 50 km. Con un plátano, 50 km más. Cuando le veo pedaleando con su bici de ciclocross por Collserola, sencillamente alucino. Vuela bajo... Por eso, que la Epic le haya parecido un reto es algo que hay que tener en cuenta.
La segunda impresión sobre la Epic es más gráfica. Se me ocurre entrar en google y teclear las tres palabras mágicas: "Pirinés Epic Trail". Encuentro pocas referencias. Entre ellas, gente que pide opiniones en los foros habituales, gente que busca compañeros que quieran hacerla, etc. Pero en youTube aparece una animación aérea del recorrido muy representativa: la línea roja del trazado transcurre siempre emparedada entre montañas inmensas, superando collados todos los días y rodeando macizos coronados por las cumbres más altas del Pirineo. Después de examinar el vídeo, ya no albergo duda alguna: la nueva Epic promete emociones fuertes.
LA LÍNEA ROJA DEL TRAZADO TRANSCURRE SIEMPRE EMPAREDADA ENTRE MONTAÑAS INMENSAS, SUPERANDO COLLADOS TODOS LOS DÍAS Y RODEANDO MACIZOS CORONADOS POR LAS CUMBRES MÁS ALTAS DEL PIRINEO.
CAMINOS DEL TIEMPO
Día 1: Pont de Suert - Seira
46 km / 1.300 m+ / 1.345 m-
Nada más salir de Pont de Suert, la ruta se encarama hacia el puerto de Bonansa. El camino pedregoso gana altura rápidamente y atraviesa Gabarret, uno de tantos pueblos abandonados en estos valles. Las casas de piedra, medio en ruinas, resisten estoicas los embates de los duros inviernos y se recuecen al sol estival. Los muros son del mismo color y guardan el mismo silencio que el camino de herradura, que si hablara contaría las historias de paisanos de otra era que trasegaban monte arriba y monte abajo, en cabalgadura o a pie, pero jamás a lomos de una bicicleta de once kilos.
Después de estrenar la tarjeta chip en Bonansa, donde está el primer control de la ruta, se sigue subiendo por carretera un par de kilómetros. Tras coronar, la bicicleta se embala ceñida al curso del río Isábena hasta el cruce de Espés, donde pierde inercia y retoma la ascensión hacia el collado de Selbaplana (1.560 m). Las fuertes rampas se suceden a través de un denso bosque de estilizados pinos. La cuesta es más llevadera bajo su sombra, pero la pendiente se agudiza nada más dejar la pista asfaltada.
Un último esfuerzo lleva hasta un recogido prado cubierto de flores. Desde lo más alto del collado se vislumbran la atalayas rocosas de El Turbón, al sur, y Sierra Calva, al este. Tras unos minutos de contemplación recuperando el pulso, el anhelado descenso no se hace esperar. Atento al rutómetro, una combinación inequívoca de caminos conduce hasta Gabás, donde relleno el bidón con el agua de la fuente. Justo enfrente se alza la sierra de Chía. Entre medio se abre el insalvable Congosto de Ventamillo, una profundísima garganta de 6 km de longitud horadada por el río Ésera, que se nutre de las aguas del valle de Benasque.

EN LO ALTO DEL DESFILADERO
El camino transcurre enlazando toboganes por la parte más alta del desfiladero. Centenares de metros más abajo, junto al serpenteante río de aguas heladas, discurre una angosta carretera de imposible ensanchamiento que se construyó a principios del siglo XX. La Epic va por arriba rescatando caminos de otros tiempos, de cuando el trayecto desde Benasque hasta Graus suponía un día entero de viaje.
Vistos desde arriba, los muros desnudos del congosto atestiguan la presencia de una lengua de glaciar de 36 km de longitud y hasta 800 metros de espesor que llegaba hasta aquí hace 40.000 años, el mismo glaciar que agoniza hoy en la cara norte del Aneto.
Tras un descenso meteórico, la ruta me deja en la puerta del antiguo albergue de Ventamillo, hoy hostal, en Seira el Nuevo. Allí me esperan Javier y Ana, dos escaladores de toda la vida que acogen ciclistas desde hace trece años, pues aquí termina una de las etapas de la legendaria Transpirenaica de Jordi Laparra. La historia del edificio es larga. Os la contarán las dos inmensas secuoyas que plantó el primer inquilino de la casa, el ingeniero jefe de la central hidroeléctrica del pueblo, en 1914. Si la secuoya parece cansada, preguntadle al cedro libanés que hay plantado frente a la fachada, o al cedro del Atlas que les hace compañía desde hace casi cien años.
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PIRINÉS EPIC TRAIL
Itinerario: 245 km / 6.900 m+.
Duración: 2, 3, 4 o 5 etapas.
Temporada: de junio a septiembre.
Filosofía: ruta autoguiada no competitiva que se sigue con el rutómetro o el track para GPS que facilita la organización a todos los inscritos. Los que completan el recorrido reciben un maillot exclusivo de la ruta.
Organización: Aramon Bike se encarga de las reservas hoteleras y ofrece un servicio opcional de transporte de equipajes.

+ info: www.aramonbike.com

PRIMER AVISO
Día 2: Seira - Plan
67 km / 1.715 m+ / 1.400 m-

A la mañana siguiente, tras un generoso desayuno y un enlace por carretera hasta la siguiente presa, por la que se cruza el río Ésera, se sube hacia Senz y Viu de Foradada, dos pueblitos con vistas privilegiadas y manantiales de aguas embriagadoras.
Por aquí, la ascensión al coll de Cullivert (1.471 m) es gradual hasta superar una barrera metálica. Poco más allá avanzo con el plato pequeño y el piñón más grande, a escasos 5 km/h. El sudor chorrea por mi nariz cuando me adelanta un todo terreno que sube en primera, destripando el motor. De forma imprevista, el coche se detiene a mi altura y el conductor me pregunta si hay una salida hacia el otro lado del valle. Jadeante, escudriño el mapa y descubro que en el collado consta un tramo de sendero por el que dudo que pueda enhebrar su 4x4. "Quizá deba darse la vuelta una vez arriba, pero seguro que merece la pena verlo", le animo a seguir.
Le encuentro minutos más tarde arriba de todo, cuando ya regresa. "No hay salida", me dice. "El camino muere aquí", asegura.
Exhausto y acalorado, calmo la sed en el caño de un abrevadero ante la distraída mirada de un rebaño de vacas que pacen en el prado contiguo. Sobre sus astas, al otro lado del collado, se alzan dos montañas afiladas que identifico como Peña Solana y Peña Montañesa. El rutómetro enfila hacia ellas por un estrecho sendero que desciende entre raíces y ramas bajas. Es un retorcido tobogán que desemboca en un camino más ancho que permite que mi media se haya recuperado ligeramente al llegar a Lafortunada, donde está el tercer control de la ruta. Aquí aprovecho para catar la versión aragonesa de "avituallamiento sólido": rústico bocadillo de jamón serrano dispuesto en hogaza de pan de pueblo. Sienta gloriosamente, pero queda claro que para completar esta ruta no sólo hay que tener piernas, sino también mandíbulas.
Una vez repuesto energéticamante decido continuar sin prisa y con tantas pausas como el generoso paisaje me sugiera. La etapa continúa por la carretera principal hasta el desvío a Plan, donde se toma una panorámica vía secundaria que discurre junto al río Zinqueta, hasta la base del impresionante roquedo que forma el estrecho de la Inclusa, paso obligado en el camino hacia el valle de Chistau.
Al llegar al Plan d'Escún, dejamos el asfalto y seguimos por caminos y sendas hasta Plan, donde me esperan Ana y Elena, del hotel Mediodía. Durante la riquísima cena, no puedo evitarlo y hago la misma pregunta que hacen todos los turistas que se dejan caer por aquí. Me responden con una amable sonrisa: "No, nosotras no vinimos con la caravana de mujeres".

PASEO POR EL PARAÍSO
Día 3: Plan - Villanova
57 km / 1.765 m+ / 1.830 m-

Despierto rodeado de montañas y desayuno tranquilamente bajo la sombría mirada de la Peña del Mediodía, con el sol sobre la Peña las Diez. Arranco a pedalear con la digestión medio resuelta, cuando el sol ya se alza sobre la Peña las Once. El camino va en dirección norte, hacia el refugio de Biadós, siguiendo el traslúcido y vivaracho curso del Zinqueta, que labra una cerrada orografía en la que los móviles se quedan sin cobertura. No lo compruebo, pero un cartel lo advierte en la barandilla de un puente.
Al final del camino, el rutómetro invita a subir hasta el refugio, para volver sobre nuestras propias roderas más tarde. Está previsto que arriba, en un futuro próximo, haya un control de paso, pero de momento el único motivo para sumar desnivel consiste en disfrutar de las espectaculares vistas de la pared oeste del macizo de Posets, coronado por la segunda cima más alta de la cordillera pirenaica.
El esfuerzo merece la pena con creces y determina el carácter épico de esta ruta, que valora especialmente lo que no tiene precio ni se puede medir con un cronómetro. Al regresar, el itinerario se pierde por un bosque de pinos espigados y la bici empieza a chapotear sobre un camino bañado por varios barrancos. Poco después se reinicia un duro repecho que nos sitúa en un balcón privilegiado al otro lado del valle de Chistau y nos lleva hasta un nuevo collado, el segundo del día, desde donde se goza de una amplia panorámica del macizo de Cotiella.
Ahora el descenso es tan rápido como doloroso, pues es fácil comprender que habrá que volver a ganar altura para saltar al valle de Benasque. Bajaremos otra vez desde los 1.900 metros a los 1.450 y habrá que remontar de nuevo hasta los 1.999 del collado de Saúnc. Tras 6 km de ascensión, aparece el puerto, desde donde se reconoce la inconfundible silueta de Monte Perdido, al oeste, y el Aneto, al este.
El descenso es efímero, pero saciante. En 8 km perderemos 800 metros de desnivel por la pista y luego tomaremos un quebrado sendero tapizado de hojas que ocultan deslizantes rocas. Animado por la bajada previa, donde el amortiguador de la Scott Spark me permite bajar más rápido sin notar el traqueteo del camino, encaro el último tramo un tanto confiado. La confianza se traduce en vanidad y en un un par de sustos, pero tanto insisto que la senda me recompensa con un torpe aterrizaje sobre unas zarzas. "Qué bien... Al menos no me ha visto nadie...", pienso mientras me sacudo el oscuro barro de la ropa, justo antes de entrar en Villanova, donde me espera Pilar, la dueña del hotel Casa Arcas.
EL ESFUERZO MERECE LA PENA CON CRECES Y DETERMINA EL CARÁCTER ÉPICO DE ESTA RUTA, QUE VALORA ESPECIALMENTE LO QUE NO TIENE PRECIO NI SE PUEDE MEDIR CON UN CRONÓMETRO.
DOMINGOS AL SOL
Día 4: Villanova - Cerler
30 km / 1.050 m+ / 456 m-

Al ver el perfil y compararlo con el de otras etapas, la que va de Villanova a Cerler parece una mera transición, un día de descanso activo, aunque luego las piernas serán las que juzgarán la dureza del sector. El camino arranca entretenido, superando una presa primero y colándose en un bosque por una senda elevada que desemboca en el curso del río Ésera, que nos conduce hasta Castejón de Sos.
Tras fichar en el punto de control del hotel Pirineos constato que el pueblo entero está de resaca. El baile de anoche fue un éxito. Vino gente de todo el valle, incluído yo. Me trajo mi amigo Miguel, al que conocí en Islandia en 2001 durante un viaje en bicicleta. Yo me retiré a una hora prudente, pero el resto de la manada siguió la fiesta hasta el amanecer.
Al encarar las primeras rampas fuertes me alegro de haber trasnochado poco. Nadie anda por los caminos que ascienden a Ramastué. Me cruzo con un tractor, una pareja que ha sacado el quad a pasear y un buscador de setas desmotivado. Nadie más en todo el día. Más allá de Eresué la ruta nos desvía por el Camino del Solano, más suave, que hace honor a su nombre y ejerce de mirador ideal de las cumbres de Posets y del paso de Saúnc, por el que bajé ayer, mostrando el acceso al remoto valle del mismo nombre, bañado por interminables cataratas.
Al llegar a la estación de esquí, el altímetro acumula más de mil metros de desnivel positivo. De seguir hoy hasta Pont de Suert restarían otros 42 km y otros mil metros de ascensión. Evidentemente, es algo totalmente factible, pero lo cierto es que también apetece bajar a Cerler y pasar la tarde descansando. Mañana será otro día. El gran día.

PALABRAS MAYORES
Día 5: Cerler - Pont de Suert
45 km / 1.100 m+ / 1.758 m-

El estrecho y sombrío callejón que vertebra el casco viejo de Cerler conduce hasta la soleada carretera por la que bajé ayer desde la estación de esquí. En 20 minutos recupero el desnivel perdido y reencuentro el camino, que sube trazando sinuosas curvas por verdes prados hasta l'Ampriu. Poco antes de llegar cruzo un riachuelo de agua helada y sufro un nuevo pinchazo a los pies de una pared inmensa de roca desnuda que anuncia la entrada en terreno de alta montaña.
Los pinos quedan mucho más abajo y las marmotas corretean y gritan a mi paso, anunciando una pendiente que se dispara en los últimos 3 km de ascensión, en que hay que superar 380 metros verticales. El camino es ciclable, pero las piernas están al límite del colapso. Con la excusa de observar el Posets a mis espaldas me detengo cada pocos metros. Una foto por aquí, una magdalena por allá, un trago de agua fresca... El plato chico debe de haberse desgastado con tantos días de molinillo obligado.
Tras un último impulso paso bajo el cable del telesilla, una especie de meta volante que antecede al collado de Baciver, el techo de la Epic. Desde sus 2.280 metros de altura, el panorama es sobrecogedor hacia ambos lados del puerto.
Atrás quedan el Posets y el Perdiguero, y ante mis ojos cansados emerge un nuevo valle de apariencia virginal. No se ve camino alguno. Sólo una doble ladera inclinada que deriva a un barranco en forma de uve rodeado de montañas por todas partes. El rutómetro recomienda caminar unos metros. Hago caso omiso e intento bajar montado, pero desisto enseguida, pues la ladera gana verticalidad inmediatamente.
Tras pasar algunos apuros bajo la pérfida mirada de un corrillo de buitres, esquivar un rebaño de vacas y retratar una manada de caballos que se arremolinaban alrededor de una charca hedionda y medio seca, alcanzo una cabaña de pastor, donde la ruta retoma un camino de herradura por el que se baja veloz hasta Fonchanina y Castanesa.
Tras un último sello digital, el rutómetro nos desviará hacia el coll de la Forca por una senda trialera generosa en emociones. Enseguida notaremos el aumento de la temperatura, pues la altitud decrece por segundos hasta tocar fondo en el valle de Barravés. El final de la ruta se adivina, aunque Pont de Suert se mantiene oculto tras un bosque de pinos hasta el último segundo. Llevo cinco días rodeado de montañas, pedaleando, feliz. He completado la Epic. Ahora me dejarán que me quede el maillot de finisher. Vuelvo a casa. Al tráfico. Al ruido. A la muchedumbre sin nombre. Pero soy feliz. Me encanta el mountain bike. «

Texto y fotos: Sergio Fernández Tolosa, para Solo Bici nº 219, agosto 2009


EL CAMINO ES CICLABLE, PERO LAS PIERNAS ESTÁN AL LÍMITE DEL COLAPSO. CON LA EXCUSA DE OBSERVAR EL POSETS A MIS ESPALDAS, ME DETENGO CADA POCOS METROS: UNA FOTO POR AQUÍ, UNA MAGDALENA POR ALLÁ, UN TRAGO DE AGUA FRESCA...
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