AL OTRO LADO DEL TÚNEL
Trinxat BTT
EL CÉLEBRE ESCRITOR JOSEP PLA DESCRIBIÓ LA CERDANYA COMO UN "PLANO INCLINADO" QUE "CAE CON GRAN DULZURA" FORMANDO UNA "FUGA EN VERDE DE UNA BELLEZA INCOMPARABLE".
LO DE LA BELLEZA ES ALGO INDISCUTIBLE, PERO EN CUANTO AL PLANO INCLINADO, DESPUÉS DE COMPLETAR EL EXIGENTE RECORRIDO DE LA TRINXAT BTT, ESTÁ CLARO QUE SE REFERÍA AL VALLE DEL SEGRE, LA PARTE LLANA Y DÓCIL DE UNA COMARCA PIRENAICA QUE ESCONDE SU VERDADERO TEMPERAMENTO MONTAÑA ARRIBA, MÁS ALLÁ DE LOS ABETALES, DONDE LOS LAGOS DE ALTA MONTAÑA REFLEJAN PAISAJES DE ENSUEÑO.

El tren serpentea encajonado por el fondo de la Collada de Toses. Cada pocos segundos sale de un túnel y, antes de entrar en el siguiente, muestra las accidentadas laderas, pobladas de densos bosques. Tras un último subterráneo, la vía irrumpe en un territorio amplio e iluminado. Es la Cerdanya, un valle de formas suaves rodeado de montañas por todas partes. Una tierra fértil marcada por los contrastes y aislada durante siglos en los crudos inviernos. Sus habitantes aseguran que la distancia y el clima han forjado su carácter, así como su gastronomía. El famoso trinxat de la Cerdanya, su receta más tradicional y autóctona, ahora da nombre a una ruta que permite descubrir la cara más salvaje de la comarca, así como buena parte del Alt Urgell. Es la Trinxat BTT, un itinerario circular de 298 km y 7.600 metros de ascensión acumulada que promete emociones auténticas, como los humildes pero sabrosos guisos de antaño.

GANANDO ALTURA
Día 1: Puigcerdà - Lles
64 km / 2.000 m+ / 1.700 m-

La Trinxat BTT se puede empezar y acabar en la sede de Cadí Bike, en Alàs –a 4 km de La Seu d’Urgell–, o en el Campus Cerdanya, en Puigcerdà, a pocos metros de la estación de Renfe. Yo, por comodidad, me decanto por la segunda opción, así que el día acordado me presento en el Km 0 de Puigcerdà, donde me facilitan el rutómetro, el mapa escala 1:75.000 y diversos obsequios. Ahí mismo me entero de que me corresponde el honor de estrenar el recorrido largo. “El fin de semana pasado vino una pareja que estrenó el circuito corto, el Trinxat Express”, me informan.
A falta de la típica cinta que cortan las autoridades en todas las inauguraciones, me inclino por empezar cuanto antes, pues ya son cerca de las 11 de la mañana –el primer tren llega a Puigcerdà a las 10.11 h– y tengo por delante una etapa con 2.000 metros de desnivel positivo.
El sol cae plúmbico sobre el Pont d’Aravó y mientras las aguas del Querol ya tientan al baño, unas nubes muy verticales se alzan sobre el Puigpedrós, una mole de 2.909 metros de altura.
El verano acaba de empezar, pero el calor ya resulta asfixiante cuando tomo el desvío a la estación de esquí nórdico de Guils-Fontanera. Se trata de una ascensión a tener en cuenta, pues gana mil metros en apenas 15 km, pero resulta amena y 100% ciclable, pues evita la pista asfaltada trazando atajos por el viejo camino, siempre a la sombra de los abetos.
A medida que gano altura, la temperatura se suaviza, pero al llegar a los 1.800 metros de altitud, las nubes ya se han esparcido por todo el firmamento y pronto siento la fina lluvia.
A partir de la estación de esquí, la pista es más ancha y uniforme, por lo que muy pronto alcanzo el hermoso llano del Bac de la Comella, frente al refugio de La Feixa, donde pace un rebaño de caballos ajenos a la lluvia. Poco más allá, una rápida bajada me lleva hasta el desvío a Malniu, donde sin duda merece la pena acercarse. Al alcanzar el refugio, erigido junto a un idílico lago de montaña, decido aparcar la bicicleta un rato y caminar hasta el lago superior, a sólo 20 minutos de paseo por una senda un tanto empinada. De camino, el aguacero transforma el sendero en una torrentera resbaladiza, pero la excursión es un éxito: el lago de arriba ofrece una estampa única, con la superfície en calma, cubierta de millones de burbujas producidas por las gotas de lluvia. Empapado y a 2.300 metros de altura, el frío que empiezo a sentir no le resta poder hipnótico al paisaje.
A ESTAS ALTURAS, LA CIVILIZACIÓN ES SÓLO UN VAGO RECUERDO AJENO A ESTE UNIVERSO DE MONTAÑAS SIN FIN. ESTOY DENTRO DEL PARQUE NATURAL DE L'ALT PIRINEU.
ENDORFINAS EN REMOJO
Poco después el nubarrón pierde densidad y la tromba amaina. Tras recuperar la bicicleta, el largo descenso hasta Meranges me produce alguna que otra tiritona, de la que me recupero bajo la portalada de la iglesia de Sant Serni, del siglo XI, observando las desgastadas figuras de sus arquivoltas: una serpiente trepando por las piernas de una mujer a la que le muerde un pecho, una cara barbuda, un pájaro, un ciprés, un hombre con la cabeza rapada y la boca abierta enseñando los dientes, un ángel empuñando una espada... Cuando concluyo mis conjeturas sobre el significado de tantos símbolos, me percato de que el sol vuelve a brillar.
A partir de aquí, el camino es algo más técnico y rompepiernas. Primero trepa hacia el Pas d’Éller, por el Serrat de Subirons, hasta Talltendre, donde hay un punto de control y varios perros aburridos aficionados a ladrar.
Nuevos caminos escarpados me llevan a La Bastida y Santa Anna. El cuerpo empieza a pedir un respiro que llega en forma de paisaje: el Cadí, con su impresionante frente gris, se alza al otro lado de la profunda depresión del río Segre. Desde aquí, la tipología de nubes es tan abundante que el panorama parece una clase de meteorología al aire libre.
Tras un breve y estimulante descenso hasta Coborriu de la Llosa, la ruta obvia el camino más fácil hacia Lles y toma una trocha que sube por el valle siguiendo una de las rutas de huida de los cátaros a través del Pirineo. El rugido del río atenúa el canto de los pájaros creando un refrescante mantra, pero el cuentakilómetros –¡y el estómago!– revelan que se acerca el final de etapa.
Al llegar a Cal Jan, el valle se estrecha. A los pies del viejo castillo, erigido sobre un espolón rocoso que controla el paso, la ruta cruza el río Llosa y desciende por el margen opuesto, en dirección a Viliella y Lles. Aquí me espera Ramón, del hotel Mirador. Nada más llegar descubro por qué sus padres bautizaron así este cálido y familiar hotel de montaña. Tras la cena –el anhelado trinxat, entrecot de ternera y pudin de la casa–, los últimos reflejos del día iluminan la impresionante mole rocosa del Cadí, que ahora luce rosácea.

SELLO PIRENAICO
Día 2: Lles - Camping Frontera
55 km / 1.250 m+ / 1.875 m-

Por la ventana (habitación 208), el Cadí me saluda nada más despuntar el día. Aquí brilla el sol, pero abajo, el valle del Segre permanece oculto bajo un mar de nubes. Son las seis y media, una hora genial para darse un paseo por el pueblo y catar el agua de la fuente, un bálsamo helado con fuerte sabor a roca. A las ocho, desayuno universal: pan con tomate y aceite de oliva, embutidos y quesos artesanos, mermelada, zumo de naranja, café, bollos... Hoy vale todo.
La etapa empieza con una prolongada subida hasta la estación de esquí de fondo de Lles. A partir de aquí, la pista de tierra releva al asfalto y deambula entre peñascos quebrados de tonos ocres y verdosos. Poco más allá, obviando el desvío a los lagos de la Pera, un pronunciado descenso desemboca en el refugio de Prat de Miró y la ruta empieza a subir hacia los collados de Midós y Pimes.
Siempre rondando los 2.000 metros, atraviesa un sector de sube y baja hasta el último puertecillo, en el que empieza de repente un salvaje descenso que te lleva hasta el mismísimo fin de etapa. ¡Son nada menos que 19 km bajando para perder 1.300 metros de desnivel del tirón!
Excepto el primer medio kilómetro, que es un poco más pedregoso e inclinado, el descenso no guarda especial dificultad. Eso sí, no esperéis pistas niveladas. Hay raíces, agujeros, regueros, curvas cerradas, badenes que invitan a volar bajo, charcos, alguna rama... Vamos, todo lo que ha de tener un descenso pirenaico.
Cuando llego al camping Frontera ya no me acuerdo de pedalear. Aunque quisiera, tampoco podría. Voy pinchado de la rueda trasera y estoy hambriento, por lo que antes de la ducha me dispenso una merienda digna del Tour de Francia: butifarra “esparracada” con sal gorda y patatas fritas. Al llegar al bungalow, me encuentro con una casa de madera de dos plantas para mi solito, con TV, hidromasaje, cama doble... ¿¡Qué más puedo pedir!? “Ah, sí, unos tubeless, por favor”.
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TRINXAT BTT
Itinerario: 298 km / 7.600 m+.
Duración: 3, 4 o 5 etapas.
Temporada: de mayo a octubre.
Filosofía: recorrido autoguiado no competitivo que se sigue con GPS. Hay que sellar el pasaporte de la ruta en diversos puntos de control. Al final, los finishers reciben un maillot exclusivo.
Organización: Trinxat BTT se encarga de las reservas hoteleras y ofrece un servicio opcional de transporte de equipajes.

+ info: www.trinxatbtt.com

ENTRE UNA RAMPA Y OTRA APARECE ANTE MÍ UN REBECO SOLITARIO QUE, PARA MI SORPRESA, TARDA UN PAR DE SEGUNDOS EN REACCIONAR ANTES DE INICIAR LA HUIDA Y ZAMBULLIRSE EN LA ESPESURA.
BOSQUES POR TODAS PARTES
Día 3: Camping Frontera - Sant Joan de l'Erm
35 km / 1.450 m+ / 500 m-
El día empieza genial, con una gradual subida que deja atrás el valle del Valira y se encarama lentamente hasta los 2.000 metros de altura, siempre por densos bosques que proporcionan una sombra inestimable. El primer descansillo llega cuando el altímetro acumula 900 metros de ascensión, pero poco más allá del Coll d’Estalella empieza el pertinente descenso.
A estas alturas, la civilización es sólo un vago recuerdo ajeno a este universo de montañas sin fin. Al descender hasta Santa Magdalena, el camino vuelve a entrar en el reino de los bosques. Estoy dentro del parque natural de l’Alt Pirineu.
Una pista llanea a orillas del río, que baja alto, ocultando rocas y troncos bajo los rápidos. Un poco más allá, en un remanso, me mojo los pies al cruzarlo y comienzo a ganar desnivel con sosiego, entre millones de árboles silenciosos.
Ya cerca del refugio de La Basseta, las sierras mecánicas de una cuadrilla de leñadores hacen astillas la armonía. Me topo con un camión cargado de troncos estacionado junto a una docena de bidones de gasolina y un montón de herramientas desperdigadas. Paro a fisgonear un poco, con disimulo. Hago ver que estoy cansado, que bebo. No ocurre nada especial. No cae ningún pino. No se oyen voces.
Al llegar al refugio me cruzo con una pareja de bikers. Él acarrea unas estupendas alforjas en su mountain bike. Ella se está bebiendo una Coca-Cola. Hoy pretenden dormir en Sort, están haciendo la Transpirenaica. “Yo me quedo aquí”, les informo. Y ella responde: “¡Qué envidia me das!”.
La etapa de hoy es la más corta de mi programa.

CAZADORES DE HONGOS
Día 4: Sant Joan de l'Erm - Alàs
69 km / 1.200 m+ / 2.050 m-

Amanece plácido y silencioso. El abetal empieza a despertar con la llegada de los buscadores de hongos más impacientes, que surgen como setas procedentes de todas partes. Ayer se abrió la veda y van como locos por llenar la cesta de Boletus edulis, los tan codiciados ceps. Esperando la hora del desayuno, les observo caminar ávidos entre la maleza, ajenos a los primeros rayos de sol que entran en diagonal, colándose entre las ramas altas, atravesando el rocío, que se evapora.
Me despido de Miquel y Lluisa, los encargados de la Basseta, y parto junto a Juan Carlos y su hijo Óscar, a los que conocí anoche durante la cena. Han venido a pasar unos días a Sant Joan de l’Erm y hacen excursiones por los bosques de los alrededores. Hoy van a intentar subir al Pic de l’Orri, así que compartimos un tramo de subida.
Cuando nuestros destinos se separan, yo empiezo a bajar por una pista ancha que sigue el barranco de Les Comes de Rubió. Poco más allá del refugio, intuyo un cambio en el paisaje que tarda poco en confirmarse. La pista tuerce a la izquierda y empieza a ganar altura cambiando de color. Ahora el verde eléctrico del sotobosque contrasta con la tierra escarlata, los charcos colorados y las rocas incandescentes que me llevan hasta el Port del Cantó.
Cruzo la carretera, donde hay apostados varios vendedores de hongos esperando clientela, y el rutómetro me dirige a lo alto de una loma, en la que la ruta avanza entre pastizales marcados por algunas roderas. Luego baja con ganas hasta desembocar en otra pista que lleva a Guils del Cantó. En el bar del pueblo, que ocupa la antigua “escuela nacional” –hay una placa de 1927–, se puede apagar la sed con un refresco, aunque justo en frente hay barra libre de agua helada en la fuente del pueblo.
Un par de derrengados callejones entre casas restauradas, viejos muros equilibristas, tejados vencidos... y un camino que se marcha por la parte de atrás hacia un nuevo collado, donde los prados amplios ondean al viento alrededor del viejo Cortal del Masover.
VOCES EN EL CAMINO
Un zigzagueante descenso conduce hasta Miravall y la pista sigue bajando alquitranada hasta un desvío a la izquierda, donde reaparecen el plato pequeño y los sudores.
En plena subida me adelanta un 4x4. Cuando llego a Berén, sus ocupantes están descansando en la fuente. Me preguntan por dónde he venido, hacia dónde voy, etc. Yo aprovecho para acercarme hasta la vieja iglesia, en ruinas y tomada por las malas hierbas. Manel, el mayor de los tres, me cuenta que en el pueblo hubo tres templos y me invita a entrar a su casa a comer. Como declino la invitación –aún no han encendido el fuego– me endosa tres kilos de nueces: “Son de ese nogal, riquísimas. Llévatelas, que los frutos secos son muy buenos para los deportistas”.
La tierra roja parece arder bajo el sol de mediodía. A lo lejos se adivina el Segre: una vía de agua ancha entre campos fértiles y una carretera que lo sigue de cerca. Desde lo alto, el zumbido de las abejas mitiga el lejano rugir de la N-260. Varios caminos paralelos y una pista peatonal me llevan hasta la Seu d’Urgell y poco más allá alcanzo Alàs, donde me encuentro con Jaume Pifarré, responsable de Cadí Bike y creador de la Trinxat BTT.
Me recibe en su original oficina, instalada en las dependencias de una antigua lechería. El almacén es la vieja sala de ordeñe. Ahí descansa su bici, ansiosa por salir al monte tras una primavera y un invierno “demasiado duros tanto desde el punto de vista laboral como meteorológico”. “Ha sido de locos, con todos los preparativos para que todo estuviese en marcha en junio”, alude Jaume, que me acompaña hasta el detallista hotel Dolcet.
Por la noche, cenamos en el Restaurant Alàs. “A este pueblo viene la gente sólo para comer”, asegura Jaume. Yo no pierdo detalle de su monólogo, pero me muero de hambre y así es imposible pensar. El problema se solventa cuando aparece Albert, el chef, con un suculento trinxat de la Cerdanya. “Hoy he hecho una excepción, porque el trinxat es un plato de invierno. Es muy calórico... pero tú rai que lo quemarás mañana...”, bromea. Me temo que así será.
UN AS EN LA MANGA
Día 5: Alàs - Puigcerdà
75 km / 1.700 m+ / 1.575 m-

Otra mañana espléndida en luz, otro desayuno digno de un equipo de fútbol americano y otro inicio de etapa en subida hasta los 1.400 metros.
El Segre fluye encañonado compartiendo hueco con la carretera. La Trinxat BTT, en cambio, salva el obstáculo ajena a las modernidades por un viejo camino que se interna en el sombrío barranco del río de Vilanova. Pronto la pista se convierte en huella, y la huella en una especie de senda perdida hasta Cortals del Riu.
Al cruzar el río empieza lo serio: piedras sueltas tras los matojos y una pendiente que se dispara tras la primera curva. Sinceramente, creo que es imposible subir montado... pero quién sabe... igual Hermida, que vive por aquí cerca, podría acercarse un día y sacarnos de dudas.
Yo me limito a empujar en tres tramos de unos 100 metros cada uno, pero entre medio hay descansillos al 18% que sí se suben montado. En total, no llega al kilómetro de tortura y es la primera vez en cinco días que he tenido que echar el pie a tierra para empujar la bicicleta. En el forzado descanso entre una rampa y otra aparece ante mí un rebeco solitario que, para mi sorpresa, tarda un par de segundos en reaccionar antes de iniciar la huida y zambullirse en la espesura.
Tras el primer puerto, la ruta desciende hasta Ansovell con las rugosas paredes del Cadí como telón de fondo. Después prosigue hasta Arsèguel, donde comienza la segunda ascensión del día, por una pista que sube perseverante hasta el coll de Jou, a 1.400 metros de altitud. Al coronar, empieza otra complaciente bajada entre helechos y pinares. Para llegar a Bellver de Cerdanya se supera el Estrecho de Mollet por un grato tramo de senda vigilada de cerca por varios bunkers –hoy museo– de la siniestra Línea P.
El resto de la etapa resulta más llevadera, aunque para evitar la carretera daremos más de un rodeo. Primero hasta Sant Serni de Coborriu, y después hasta Sant Marcel de Bor, cuyos campanarios se recortan contra unas densas nubes que han chocado con el Cadí.
A partir de Beders, la pista se dirige de nuevo hacia el noreste, en dirección a Sansor y Sanavastre. La atmósfera está cargada. La humedad ahoga. Está a punto de descargar una nueva tormenta cuando cruzo, una vez más, el curso del Segre por una pasarela colgante. Sólo restan unas pedaladas más, muy rápidas con tal de no perder el último tren. Estreno el plato grande, añado algo de adrenalina y aterrizo en la estación justo a tiempo para comprar el billete de vuelta. Estoy cansado, trinchado podría decir, pero sé que mañana echaré de menos todos y cada uno de estos parajes. «

Texto y fotos: Sergio Fernández Tolosa, para Solo Bici nº 231, agosto 2010


EL TRINXAT DE LA CERDANYA ES UNA RECETA TÍPICA LOCAL CONSISTENTE EN COL MADURADA BAJO LA NIEVE Y PATATAS QUE, UNA VEZ HERVIDAS, SE PASAN POR LA SARTÉN CON UN POCO DE ACEITE Y PANCETA, Y CON UN TENEDOR SE VA CHAFANDO TODA LA MASA HASTA DEJARLA BIEN TRINCHADA.
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