MAR Y MONTAÑA
Raids al Vent
A LOMOS DE LAS ÚLTIMAS ESTRIBACIONES DEL PIRINEO ORIENTAL, RAIDS AL VENT DIBUJA UN ITINERARIO CIRCULAR POR TODA CLASE DE TERRENOS Y PAISAJES: SOMBRÍOS BOSQUES, PRADOS DE MONTAÑA, PICOS NEVADOS, IDÍLICOS CAMPOS DE CEREALES, PLAYAS SOLITARIAS, PARAJES LUNARES FRENTE AL MAR... SON 274 KM CON CASI 5.000 METROS DE DESNIVEL POSITIVO ACUMULADO POR CAMINOS REBOSANTES DE INIMAGINABLES SORPRESAS.
Tras un invierno de lo más crudo marcado por la recalcitrante crisis –¡tan imposible resulta obviarla como esquivarla!–, las interminables nevadas en todas las cotas –¡en enero el páramo castellano parecía Siberia!–, las anheladas lluvias que acabaron siendo torrenciales –¡ya tenemos agua en los pantanos!– y los iracundos vendavales “tumbapinos” –¡sesenta mil quedaron con las raíces al aire en la sierra de Collserola en un solo día!–, por fin ha llegado la ansiada primavera. Aquí están de nuevo la manga corta y los ombligos al aire, las terrazas de bote en bote y las alergias, las hormonas alteradas y la astenia estacional. Por fin ha llegado la hora de subir al altillo los esquís, las raquetas de nieve, el abrigo tres cuartos y las pantuflas que, contra todo pronóstico, han sobrevivido un invierno más. Por fin es hora de probarse el culotte corto, descubrir que tienes pelos en las piernas y retomar el debate de cada primavera: “¿Me las afeito o no me las afeito?”.

AVENTURA TODO EL AÑO
Han sido demasiadas semanas de mal tiempo, spinning y gimnasio. La ciudad está imposible. Falta el aire. Conviene salir al campo, pero para no volver. Al menos en unos días. Necesitamos un descanso que canse. Necesitamos cansarnos para descansar. Y la respuesta llega en forma de juego de palabras: “¿nos vamos a la Raids al Vent a que nos dé un poco el aire?”.
Raids al Vent es un itinerario de ciclismo de montaña que se puede hacer todo el año, a tu aire, alojándote en hoteles de distinta categoría, campings y albergues de los pueblos por los que pasa la ruta. Tú escoges en cuántos días quieres hacerla y la categoría de los alojamientos en función de tu presupuesto. Te inscribes, te entrenas, remiendas tu bici, te desplazas hasta allí y entonces conoces a Toni Segura, el artífice de la ruta.
Siempre al pie del cañón, Toni es un biker de pies a cabeza. Mecánico de profesión, es de esas personas que te descoyunta la mano cuando te saluda. Nada más llegar a Easy Bikes, nos muestra las instalaciones, los vestuarios, las duchas para cuando volvamos, la kärcher para llevarnos las bicis limpias a casa... Luego nos entrega los rutómetros, nos muestra la ruta en un mapa en tres dimensiones, nos recomienda varios puntos para tomar fotografías y nos despide con un sincero “happy-trails”. Conoce el itinerario como la palma de su ancha mano. Lo ha hecho docenas de veces para perfecccionar el trazado. Y si tenemos algún problema, sólo hay que llamarle al móvil. Toni es un veterano curtido que vive para este deporte desde mucho antes de concebir y montar Raids al Vent. Ahora se está preparando para participar en el Iron Bike de los Alpes, lo cual nos da una idea muy exacta del tipo de biker que es y de cómo debe de ser la ruta que ha preparado.
Yo, después de completar en tandem la Titan Desert junto a Serafín Zubiri, vengo en buena forma y deseoso de paisajes montañosos, melodiosos riachuelos y horizontes verdes. Vuelvo a enfrascarme en una ruta de varios días con el Sebi (http://sebisuperbiker.blogspot.com), compañero de fatigas que dice haber entrenado duro para estar a la altura de la ruta. Cada cual a su manera, ambos estamos ansiosos por empezar a dar pedales.
EN POCOS MINUTOS HAN QUEDADO ATRÁS LAS AVENIDAS Y LOS PUENTES DE LA AUTOPISTA, LOS COCHES Y LAS VALLAS PUBLICITARIAS. AHORA VAMOS DE UN PUEBLO MINÚSCULO A OTRO ATRAVESANDO TUPIDOS ENCINARES Y CAMPOS DE CEREAL.
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RAIDS AL VENT
Itinerario: 274 km / 4.980 m+.
Duración: actualmente esta ruta se ofrece en 4 etapas.
Temporada: todo el año.
Filosofía: ruta autoguiada no competitiva creada para seguirse con el rutómetro o el track para GPS que la organización facilita a todos los inscritos. Los que completan el recorrido reciben un maillot exclusivo de la ruta.
Organización: Raids al Vent se encarga de las reservas hoteleras y ofrece un servicio opcional de transporte de equipajes.

+ info: www.raidsalvent.com

ENTRADA EN FRÍO
Día 1: Figueres - Albanyà
48 km / 966 m+

La ruta nos escupe de Figueres por un carril-bici y se adentra rápidamente en bosques de encinas altas, sombríos y húmedos, bañados por arroyos de agua cristalina que superamos por vados medio inundados. A nuestro paso, las ranas saltan desde las rocas en busca de refugio.
La inmersión en la ruta ha sido inmediata. En pocos minutos han quedado atrás las avenidas y los puentes de la autopista, los coches y las vallas publicitarias. Ahora vamos de un pueblo minúsculo a otro atravesando tupidos encinares y campos de cereales. Son pueblos como los de antes, sin rotondas ni variantes ni semáforos ni zona azul, pero con fuente en la plaza de la iglesia y amistosos vecinos sentados en los bancos, a la sombra de los árboles. Así pasamos por Avinyonet y Cistella, donde todavía han visto pasar pocos ciclistas y ni se imaginan los que llegarán siguiendo la estela de Raids al Vent.
Entre un pueblo y otro, avanzamos en silencio por caminos estrechos, amurallados por árboles que entrecruzan sus ramas varios metros sobre nuestras cabezas. Cada pocos kilómetros salimos a campo abierto para surcar inmensos campos de trigo verde. De fondo, sobre el horizonte, se alza la inconfundible silueta del Canigó, con su cumbre cubierta de nieve. A sus pies, millones de espigas son zarandeadas por la mítica Tramuntana, el viento del norte que confiere un carácter especial a los habitantes del Alt Empordà. Enseguida volvemos al bosque protector, donde el viento es sólo un aullido lejano.
Tras inspeccionar un par de masías medio engullidas por la vegetación, iniciamos la ascensión a la sierra de Estela. Es el principal obstáculo de la etapa de hoy y aunque apenas ronda los 500 metros de altura, en el trayecto hasta aquí ya hemos superado un sinfín de toboganes. Al salir del bosque, el viento ha cesado, pero las nubes cubren el cielo. El camino se endurece, pétreo, cortante e inclinado, y la rueda trasera empieza a perder tracción con los primeros goterones de lluvia. Las últimas rampas son las más duras. Cuando la rueda patina, paramos y descubrimos a nuestras espaldas la postal del golfo de Roses iluminado por el sol.
Todavía bajo la nube negra, al otro lado del collado nos espera la recompensa: el Canigó, desde más allá de la frontera, refleja la luz solar en sus nieves. Tras disfrutar de la panorámica, sólo nos queda un directo e intransigente descenso en zig-zag hasta Albanyà, donde nos espera un bungalow con duchas de agua caliente y una cena a medida de las necesidades del ciclista: un inmenso plato de pasta con salsa napolitana y una butifarra con patatas. Tras el postre, el Sebi y yo coincidimos en la frase-resumen del día: “Ya estamos en ruta. Buena ‘intro’. Mañana empieza lo serio”.

MONTAÑAS ACCESIBLES
Día 2: Albanyà - Maçanet de Cabrenys
51 km / 1.497 m+
A la mañana siguiente luce un sol espléndido. El cielo es azul por completo, excepto por una estilizada nube nodriza que permanece clavada en el firmamento. Iniciamos la jornada con un copioso y variado desayuno, y salimos hacia Bassegoda con las bolsas del picnic en las mochilas.
El rutómetro nos guía montaña arriba por una pista de suave ascenso que en algunos tramos ha sido pavimentada. Al poco tiempo ya tenemos perspectiva sobre el valle y llegamos al antiguo pueblo de Bassegoda, donde hoy hay una casa convertida en cantina en la que dan de comer y almorzar a los excursionistas que lo deseen. Poco antes descubríamos un desvío opcional para visitar la ermita románica de Sant Martí de Corsavell. La curiosidad nos obliga a perder altura, pero las fuerzas todavía nos permiten estos caprichos.
Al llegar al coll de Bassegoda, la ruta se desvía hacia el oeste, enlazando con un nuevo collado más abierto. Desde el descampado, el Canigó vuelve a ser telón de fondo. Un rápido descenso a través de un hayedo nos lleva hasta una nueva subida y luego otro descenso desemboca en la frontera, hoy transparente. Aquí resiste estoico el Hostal de la Muga. Aunque abandonado y ruinoso, es testigo mudo de infinidad de lances de viajeros de otros tiempos, entre ellos los de muchos maquis que huían por este paso de montaña hacia Francia.
Al otro lado de la frontera nos esperan nuevos caminos. Primero hasta Costouges, donde la fuente del pueblo mana un agua que invita a quedarse allí para siempre. En el perfil de la ruta no aparecen más subidas, pero tras un breve tramo de asfalto, al desviarnos por el coll dels Horts, nos sorprende un último repecho que nos hace ganar altura otra vez y nos regala un descenso final más que agradecido.
Hoy dormimos en el hostal La Quadra, donde nos esperan Toni y Joaquim, los responsables de Raids al Vent. Quieren saber cómo nos va la travesía, intercambiar opiniones sobre el recorrido y disfrutar de la cocina de La Quadra. “Aquí se come muy bien”, confiesan. De cena hay barra libre de macarrones de la abuela y de segundo sepia con albóndigas. Tras el postre, el Sebi y yo afirmamos: “Hoy sí que sí. Y mañana no veas...”.
PALABRAS MAYORES
Día 3: Maçanets de Cabrenys - Llançà
76 km / 1.547 m+

El tercer día amanece anticiclónico. No hay ni una nube en el cielo. Tras el desayuno, salimos de Maçanet de Cabrenys por una estrecha acequia que fluye entre los huertos del centro del pueblo. Al llegar a la pista de Les Salines comienza la cuesta, más suave que el día anterior, pero algo más larga. Progresivamente ganamos altura y la vegetación cambia. Al llegar arriba, tras la vieja caseta de los guardas, en el estanque de la fuente, una docena de salamandras duermen bajo el agua ajenas a la crisis y al precio de los carburantes.
Seguimos un poco más, pero antes de iniciar el descenso nos acercamos al santuario, donde descansan cuatro senderistas que nos saludan en francés. La bajada es rápida, por un camino ancho entre pinos jóvenes que más abajo se estrecha y se abre al valle, mostrando la extraña mancha del pantano de Boadella. En 5 kilómetros perdemos 500 metros de altura y el descenso prosigue hasta La Vajol, Agullana y La Jonquera. Tras unas rampas de infarto a pleno mediodía, entramos en Cantallops, otro de estos saludables pueblos donde no existen las prisas.
Al salir, tras unas viñas nos espera un nuevo cambio en el paisaje, ahora tapizado de matorrales y suelos rojizos. Un sendero astilloso y curvilíneo nos permite colarnos en el paraje natural de l’Albera, que recorremos en su totalidad, pasando a los pies del castillo de Requesens y sobre la vivaracha corriente del arroyo de Coll Pregon. El camino de arenisca serpentea entre monolitos limados por el viento. Salvando las distancias, el paisaje recuerda a las moles de granito del Joshua Tree National Park. Aquí, en vez de serpientes de cascabel nos cruzamos con tímidas culebras que se hacen las muertas a nuestro paso, quedando expuestas a un accidental atropello.
Tras un nuevo descenso, nos plantamos en Espolla y poco después en Rabós, no sin antes disfrutar de otro encuentro antológico con un ser único: una tortuga mediterránea autóctona que descansa en mitad del camino. Cuidadosamente la apartamos del medio y seguimos adelante. El sol está bajo ya y aún quedan casi veinte kilómetros.
La última ascensión parte de Vilamaniscle para colarnos tras la sierra pelada de la Baga d’en Ferran. Un largo descenso nos sepulta en el fondo de un valle estrecho y cerrado, junto a la ermita de Sant Silvestre. Es un lugar idílico, lleno de paz. El sol ha caído y empieza a refrescar. Hemos llegado en el momento perfecto al típico espacio que deseas para vivaquear tras un día en la montaña. Pero hoy toca seguir y remontar la sierra de Terrols.
Dos kilómetros más dando pedales y por fin aparece lo que estábamos anhelando: a nuestros pies, un amplio camino que desemboca en el mar. Cinco minutos más tarde estamos en Llançà, en el hotel La Goleta, donde nos esperan para la cena. Será un romántico banquete en el restaurante Els Pescadors, junto al puerto, a base de deliciosos hojaldres de setas con langostinos y pescado fresco a la plancha. Tras los postres, el Sebi y yo coreamos al únisono: “Estoy petado. Vamos a dormir”.

COSTA TENTADORA
DÍA 4: Llançà - Roses
45 km / 855 m+

Amanece soleado en Llançà. Las barcas de pesca surcan la bahía, yendo de aquí para allá. El cansancio empieza a acumularse y tras un buen desayuno acordamos, sin necesidad de hablarlo, tomar con calma la cuarta etapa.
Ávidos de sendas, nos olvidamos del rutómetro en el primer tramo hasta Port de la Selva, donde la ruta llega bordeando el litoral por el camino de ronda, a veces por pasarelas de madera, otras por caminos empedrados y alguna que otra escalera.
Al llegar al faro de s’Arenella, en el cabo de Bol, descubrimos un sendero de un palmo de ancho que sigue la línea del mar. La tentación es demasiado grande y el premio tiene forma de trialera ajardinada, pero a diez metros sobre un acantilado. Con algo más que simple precaución seguimos hasta la playa del camping La Vall, donde recuperamos el trazado oficial, que nos encarama más tarde hasta los últimos rebordes del Pirineo.
Primero divisamos la cala Tamariua, hoy medio urbanizada. Después, ya perdidos en el rudo paisaje del cabo de Creus, aparecen las primeras trialeras realmente técnicas del recorrido, que llegan a la ermita románica de Sant Baldiri de Tavallera. Para salir del embudo tomamos un sendero que sube casi en vertical y luego topamos con una nueva “uve” que reclama nervios y frenos de acero.
A partir de Cadaqués, bajo un sol despiadado, subimos por un camino ancho hasta vislumbrar el cabo de Norfeu, en la paradisíaca cala de Jóncols. Más allá viene el descenso hasta cala Montjoi, conocida en todo el mundo gracias a El Bulli, el restaurante de Ferran Adriá. El resto de la etapa es por asfalto, primero en sostenida subida de 4 kilómetros y después en velocísimo descenso hasta Roses, donde nos espera una cena de lujo en el hotel Terraza, que para quien lo desee ofrece servicio de spa. Tras los postres, el Sebi y yo, parcialmente recuperados, coincidimos: “Esto ya está. Mañana es pan comido”.

LLANURA NATURAL
Día 5: Roses - Figueres
54 km / 115 m+
Sobre el mapa, la última etapa puede parecer un mero formalismo. Sin apenas desniveles, recorre buena parte del parque natural dels Aiguamolls de l’Empordà, una reserva de humedales y marismas clave para muchas aves migratorias. Este habitat protegido se forma en las zonas inundables de las desembocaduras de los ríos Fluvià y la Muga, entre Roses, Sant Pere Pescador y l’Escala. Pedaleando por sus caminos es fácil divisar bandadas de patos de cuello verde en pleno vuelo, garzas picoteando entre los nenúfares y grullas danzando sobre sus nidos. Aunque son más difíciles de avistar, también habitan ciervos, nutrias, tortugas de tierra, etc.
Al otro lado de la llanura se alza el Canigó. El calor de los últimos días ha reducido su caperuza blanca. Es una referencia inequívoca del rumbo hacia Figueres, pero el rutómetro nos lleva de una parte a otra, superando la Muga por una pasarela de madera, llegando al mar por la playa de Sant Pere Pescador y remontando el Fluvià por un bello sendero que serpentea a orillas del río. Es el último día y merece la pena tomar la ruta con calma, pues el aparentemente monótono perfil esconde atractivos que sólo se saborean pedaleando al ritmo correcto.
Es un descanso para las piernas, un placer para los sentidos. Es el terreno idóneo para comentar la jugada. Rememorar los buenos momentos de los últimos días antes de regresar al mundo de asfalto y hormigón, los semáforos y los telediarios. En la base de Raids al Vent nos espera Toni, con la kärcher a punto y un diploma simbólico en forma de apretón de manos, pues el maillot de finishers nos lo dio el primer día. “En el fondo, sabía que la íbais a terminar. ¿Habéis disfrutado?”. Tras la ducha, el Sebi y yo coincidimos: “¿Tú qué crees?”. «

Texto y fotos: Sergio Fernández Tolosa, para Solo Bici nº 217, junio 2009


EL CAMINO DE ARENISCA SERPENTEA ENTRE MONOLITOS LIMADOS POR EL VIENTO. SALVANDO LAS DISTANCIAS, EL PAISAJE RECUERDA AL JOSHUA TREE NATIONAL PARK. AQUÍ, EN VEZ DE CON SERPIENTES DE CASCABEL, NOS CRUZAMOS CON TÍMIDAS CULEBRAS.
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