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Reto Top Cable 7 Desiertos
COMUNICADO DE
PRENSA FINAL (12-06-2007)
Sergio Fernández completa el Reto 7 Desiertos
al cruzar el Sahara en bicicleta y en solitario
En
los últimos cuatro años ha recorrido los siete desiertos más emblemáticos de los
cinco continentes;
ahora prepara un libro y una película sobre la aventura
Martes, 12 de junio de 2007, Barcelona - A orillas
del río Níger, en Bamako (Malí), el periodista y aventurero Sergio Fernández
Tolosa (Barcelona, 1974) ponía la pasada semana punto y final a su particular
odisea ciclista. Quedaban atrás 4.500 km y dos meses de travesía trans-sahariana,
con frecuentes tormentas de arena y temperaturas que alcanzaban los 45º C a la
sombra durante gran parte del día, pero también la habitual hospitalidad de las
gentes del desierto.
“Lo más duro del viaje ha sido la climatología. A causa
de la lesión en el hombro tuve que alterar el calendario y llegué al Sahara con
casi cuatro meses de retraso. El calor y las tormentas de arena propias de esta
época del año han endurecido muchísimo la ruta, que era, al menos aparentemente,
una de las más accesibles de cuantas se pueden hacer a través del Sahara”,
explicaba Sergio a su regreso a Barcelona el pasado viernes por la noche.
Dos meses de viaje
La expedición comenzaba dos meses antes en la ciudad de
Marrakech, habitual destino de las mercancías que transportaban las caravanas
que antaño recorrían el Sahara. “Uno de los hilos argumentales del viaje era
el antiguo comercio caravanero, pero después, a medida que avanzaba hacia el
sur, la pura realidad humana, actual y viva, de las zonas que he recorrido, han
aportado el valor añadido al viaje, algo que estaba buscando tanto para mi
propia experiencia como para los reportajes que quería hacer sobre la travesía”,
manifestaba el aventurero, que colabora con un programa de Televisió de
Catalunya (www.tempsdaventura.com)
y realiza reportajes sobre sus periplos ciclistas para diversas publicaciones
escritas.
A nivel deportivo, el primer obstáculo a superar eran los
montes Atlas. Una larga subida se anteponía entre el bullicio de Marrakech y la
soledad del desierto. Tras dos jornadas de larga ascensión, al otro lado del
collado de Tichka aparecía el fértil valle del Draa, conocido por sus oasis de
palmeras y las legendarias kashbahs, ciudades fortificadas a orillas del
río que cobijaron a caravaneros y comerciantes durante siglos.
A partir de Zagora, los oasis empiezan a escasear y el río
pasa a ser subterráneo. M´Hamid es el último lugar habitado a orillas del Draa
antes de llegar a Argelia. Aquí termina la carretera asfaltada y las dunas del
Gran Erg Occidental empiezan a tragarse las casas de la parte antigua del
pueblo. A partir de este punto sólo restan 30 km hasta la frontera argelina,
cerrada desde 1994.
El viaje prosiguió por diversas pistas cercanas al curso
del río Draa, cuyo cauce permanece seco gran parte del año, y vira hacia el
oeste, desembocando en el océano Atlántico, cerca de Tan Tan, a las puertas del
Sahara Occidental, donde “los controles militares y el ambiente de ocupación
se respira en todas las poblaciones, incluso para el que sólo está de paso”,
lamentaba Sergio. La travesía ciclista continuaba por la carretera que va hasta
Mauritania entre el mar y los campos de minas, pasando por ciudades como
Laayoune y Dakhla, donde debía aprovisionarse de víveres para poder recorrer en
plena autonomía las largas distancias que separan los puntos habitados en esta
zona.
Calor, viento y arena
La llegada a Mauritania no supuso grandes cambios en cuanto
al paisaje, aunque la ruta se desviaba ligeramente hacia el interior y empezaban
las tormentas de arena. Los vientos predominantes procedentes del desierto,
conocidos como harmattan o irivi, según la región, arrastraban
arena las 24 horas del día. “Durante una semana tuve la sensación de viajar
dentro de una nube de polvo, día y noche, siempre masticando arena, que entra
por todas partes: orejas, boca, ojos… Es una sensación agobiante que puede
acabar con la paciencia de cualquiera”, explicaba Sergio, quien añadió que
“por suerte el viento en esta fase me venía de lado, lo cual me ayudaba a
avanzar más rápido”.
La llegada a Nouackchott supuso un cierto alivio y le
concedió unos días de descanso. “Allí pude empezar a comer un poco mejor. En
los últimos 500 kilómetros apenas había comido galletas saladas y latas de
sardinas”. También tuvo que superar una breve crisis de motivación: “Ya
había cruzado el Sahara de norte a sur, había llegado al Sahel, y el verano
estaba llegando con más calor y más vientos del este, así que entré en una
espiral negativa que casi me hace desistir y anular los planes originales de
continuar hacia Malí, pero tras un descanso recapacité y reinicié el viaje en
dirección al interior del continente, contra el viento, en dirección al calor,
era algo antinatural, pero tenía que intentarlo, sentía que la expedición estaba
inacabada”, recordaba Sergio.
Hay que tener en cuenta que aunque el Sahara alcanza hasta
la misma costa Atlántica, la influencia del océano suaviza las temperaturas en
una franja del litoral que puede alcanzar los 50 kilómetros. “Más allá, el
cambio térmico es total”, aseguraba el aventurero, que describía las
primeras jornadas de marcha hacia el interior del desierto como “los días más
duros de los 30.000 km que he hecho a lo largo de los cuatro años y medio que ha
durado el proyecto. Por el calor y el viento abrasador que soplaba en contra,
era una batalla perdida de antemano. Sabía que el Sahara me iba a exigir lo
mejor de mí, toda mi paciencia y todo lo que había aprendido en los otros
desiertos, y así ha ocurrido”.
Durante varias jornadas luchó por aclimatarse al calor.
Pedaleaba unos 100 km diarios, haciendo una parte de la etapa entre el amanecer
y las 10 de la mañana, en que paraba a descansar cuando el calor “ya era
insoportable”, y retomando la marcha “poco antes del ocaso, aprovechando
las primeras horas de la noche para avanzar a la luz de la linterna frontal unos
cuantos kilómetros antes de encontrar un lugar para plantar la tienda o,
sencillamente, vivaquear en medio del desierto”. Las etapas las dictaba el
día a día. “Yo sólo procuraba avanzar lo máximo posible siempre que sea
posible, aunque las condiciones no sean las óptimas. Si algo he aprendido es a
hacer hoy todo lo que puedas, ya que mañana el viento en contra puede ser aún
peor”.
En esta fase del viaje empezó a beber agua en grandes
cantidades: casi diez litros por jornada. “No te das cuenta y estás
deshidratado. Bebiendo siete litros de agua sólo orinaba una o dos veces al
día”, puntualizaba el aventurero, que se avituallaba de líquidos en los
pozos que abundan a lo largo de la ruta. “Los pozos son una fuente de vida y
un lugar de encuentro. Siempre hay gente abrevando sus rebaños, recolectando
agua para llevar a su casa o a su campamento. Lo hacen en grandes bidones sobre
los lomos de un asno o de los camellos. Beber agua directamente de los pozos es
una experiencia única, entras en la dinámica de la vida local, te integras… Al
llegar a un lugar habitado, lo primero que te ofrecen es agua. Al principio me
daba miedo caer enfermo. Luego me bebía hasta los charcos. Nunca me había
sentido tan integrado en la naturaleza. El agua indica de dónde procede y de qué
depende toda la vida”, explicaba Sergio.
Siete expediciones en cuatro años
La travesía del Sahara era la última de las siete
expediciones en bicicleta, en solitario y sin asistencias, que le han llevado a
los siete desiertos más emblemáticos de los cinco continentes. En total, ha
sumado 30.000 km a través de algunas de las regiones más áridas del planeta. En
2003 cruzó Australia desde Darwin hasta Sydney. En 2004 recorrió la Patagonia y
el desierto de Atacama. En la primavera de 2005 pedaleó a través de los
desiertos de los Estados Unidos y en otoño atravesó el Namib y el Kalahari, en
Namibia y Botswana respectivamente. En 2006 llegó el turno del Gobi, entre
Mongolia y China. El Sahara estaba previsto para el invierno del 2007, pero una
lesión en el hombro ocurrida durante una caída mientras entrenaba en los caminos
de Collserola en diciembre de 2006 le obligó a postergar la marcha al norte del
África hasta principios de abril, cuando el calor y las tormentas de arena hacen
aún más difícil la vida en el desierto. “Lo más sensato era esperar al otoño,
pero tenía los compromisos con la editorial y la productora de la película y me
dije: <<¡inténtalo!, si no puedes, no puedes, pero ¡inténtalo!>>”, recuerda.
La segunda parte de la ruta trans-sahariana le iba a llevar
desde Nouackchott hasta Nema, donde termina la “Carretera de la Esperanza”, una
vía pavimentada de 1.200 km que comunica ambas poblaciones desde hace tres
décadas y que sirve de eje vital para el comercio en el sur de Mauritania. A más
de mil kilómetros de la costa, el calor, a mediados de mayo, era insoportable.
“Incluso los nómadas que viven en la zona me decían que hacía mucho calor. Me
invitaban a entrar en sus jaimas y tomar té a la sombra, donde la temperatura
rondaba los 43 grados centígrados”, recordaba Sergio.
Después de pasar varios días en Walata, la mítica ciudad de
las caravanas, situada a sólo 400 km de la legendaria Tombuctú, reinició la
marcha en dirección al sur, a través del Sahel, para llegar hasta Bamako, a
orillas del río Níger, límite natural del desierto del Sahara. “Hacía sesenta
días que había salido de Marrakech, más o menos los mismos que necesitaba una
caravana de camellos para hacer el mismo recorrido”, subrayaba el
cicloaventurero, que ahora mismo ya ultima la redacción del último capítulo de
un libro que englobará las siete expediciones y que según el propio autor “se
ha escrito a sí mismo desde el primer día de pedaleo por Australia; yo lo único
que hago es redactar lo que he visto y vivido en estos siete viajes, con los
recuerdos, mis notas y con las fotos que he hecho”. La publicación está
prevista para el próximo otoño.
Por otra parte, el realizador de televisión Uri Garcia,
premiado con un Ondas por el documental El 23-F desde dentro, ya está
trabajando en la edición del documental sobre la epopeya ciclista y viajera de
Sergio Fernández, que ha grabado con una pequeña videocámara las siete
expediciones, de las que ya se han emitido reportajes de hasta 15 minutos en
diversos programas de TV3 (Televisió de Catalunya), TVE (Televisión Española),
Teledeporte, Barcelona TV, Antena 3 TV, City TV, etc.
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FOTOGRAFÍAS PARA PRENSA
Y
PATROCINADORES
ATENCIÓN:
Estas fotografías pertenecen a la expedición del Sahara y son obra de
Sergio Fernández Tolosa.
Para utilizarlas hay
dos condiciones:
1ª que ilustren
reportajes, noticias o entrevistas relacionadas con el Reto 7 Desiertos
2ª citar el nombre del
autor
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Pedaleando frente a las bellas
formaciones rocosas que hay alrededor de Ayún el Atrús, al sur de
Mauritania, región que hace sólo 5.000 años gozaba de un clima húmedo y
estaba cubierta de lagos
(sahara001) |
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Superando el collado de Tichka,
en el Alto Atlas, a dos días de marcha de Marrakech, el punto escogido
para iniciar el viaje a través del Sahara
(sahara004) |

Pedaleando frente a las bellas
formaciones rocosas que hay alrededor de Ayún el Atrús, al sur de
Mauritania, región que hace sólo 5.000 años gozaba de un clima húmedo y
estaba cubierta de lagos (sahara002) |
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A finales de junio, en el
interior de Mauritania las temperaturas fluctúan entre los 35º C de
mínima nocturna y los 45º C de máxima a la sombra
(sahara003) |

Una sombra en el camino para
pasar las horas de más calor: a las 10 AM el termómetro ya marca 42º C a
la sombra (sahara005) |
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COMUNICADO DE PRENSA PREVIO A LA EXPEDICIÓN DEL SAHARA
Barcelona, 26-03-2007
CRUZAR EL SAHARA EN BICICLETA Y EN
SOLITARIO
El aventurero Sergio Fernández Tolosa
afronta la última travesía del Reto 7 Desiertos
El próximo 2 de abril el cicloaventurero Sergio
Fernández Tolosa iniciará la travesía del desierto del Sahara en bicicleta y en
solitario. Para ello recorrerá unos 6.000 km en un plazo de diez semanas. Lo
hará como en sus anteriores expediciones, sin ningún tipo de asistencia externa
ni vehículo de apoyo, cargando todo lo necesario para sobrevivir en un pequeño
remolque que arrastra él mismo y que va sujeto a la parte trasera de su
bicicleta. El agua y los alimentos necesarios los conseguirá por el camino, en
oasis, aldeas o de los propios nómadas que habitan en algunos enclaves del
desierto y conocen la situación de pozos y manantiales subterráneos.
30.000 km en las retinas
Con la travesía del Sahara, el aventurero barcelonés pretende poner fin al
proyecto que inició hace cuatro años en Australia y que le ha llevado a recorrer
en su bicicleta los desiertos más emblemáticos de cada continente. Al legendario
outback australiano (2003) le siguieron la Patagonia y el desierto de
Atacama (2004), los desiertos del oeste de Estados Unidos (2005), el Namib
(2005), el Kalahari (2005) y el desierto de Gobi (2006). Ahora le llega el turno
al Sahara, el desierto cálido más grande del planeta.
El punto de partida para este largo viaje es
Marrakech. Tras superar los montes Atlas entrará al valle del Draa, a las
puertas del Gran Erg Occidental, que tendrá que rodear a través de los
territorios del Sahara Occidental, pues la frontera entre Marruecos y Argelia
permanece cerrada desde 1994. El viaje continuará por Mauritania, donde se
desviará hacia el interior, alcanzando la ciudad de Atar y las dunas de
Chinguetti, para después seguir hacia el sur con rumbo a Malí y completar la
travesía a orillas del río Níger, ya en el Sahel.
Cuando regrese a casa a principios de julio, habrá
recorrido más de 30.000 km por las zonas más áridas y solitarias de la Tierra.
Sobre sus vivencias y con las fotografías que ha tomado durante estos cuatro
años ha preparado un libro que saldrá publicado en octubre de 2007 tras
completar el capítulo dedicado al Sahara.
También se editará una película a partir de las
cintas que ha grabado él mismo durante sus viajes con una pequeño cámara y un
trípode, y que será dirigida por Uri Garcia, ganador de un Ondas en 2001, entre
otros premios, por el documental sobre el golpe de estado fallido del 23F.
Época de calor
A causa de la accidental lesión en un hombro durante el pasado invierno, la
partida hacia el Sahara ha sido aplazada en dos ocasiones. La estación ideal
para esta travesía va de enero a abril, pero no es el calor lo que más preocupa
al cicloaventurero, que ya sabe lo que es pedalear a 50º C bajo el sol del Namib.
Sí le inquieta, en cambio, la dirección predominante de los vientos. También la
seguridad, por lo que ha decidido descartar las regiones fronterizas entre
Argelia, Malí y Níger, evitando las zonas teóricamente controladas por grupos
armados de supuestos rebeldes tuareg.
Durante las etapas más largas sin opción al
avituallamiento tendrá que cargar hasta 20 litros de agua en su remolque,
cantidad necesaria para pasar hasta tres días pedaleando. Como hasta ahora,
utilizará una bicicleta de montaña y llevará consigo todo lo necesario para
eventuales reparaciones, así como una cocina ultraligera, una tienda de camping,
un saco de dormir, mapas, brújula y el equipo preciso para ser autosuficiente,
sin olvidar las cámaras de video y de fotos con las que ha documentado sus
viajes anteriores, de los que han emitido reportajes programas como
Temps d’Aventura (de Televisió de Catalunya),
Deporte.es (de Televisión Española), entre otros.
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COMUNICADO DE PRENSA: “Gobi”
1 septiembre de 2006
El
periodista Sergio Fernández completa la travesía del desierto de
Gobi
en bicicleta y en solitario
Se trata
de la sexta expedición del proyecto que le está llevando a los
desiertos
más emblemáticos de cada continente
El periodista y
fotógrafo Sergio Fernández Tolosa (Barcelona, 1974) ha culminado
con éxito su travesía en bicicleta y en solitario a través del
desierto del Gobi, situado entre el sur de Mongolia y el norte
de China. Para ello ha realizado en bicicleta un total de 3.500
km entre Ulan Bator y Pekín, las capitales respectivas de ambos
países. Como en el resto de las expediciones del Reto “Top
Cable” 7 Desiertos, ha utilizado una bici de montaña y un
remolque mono-rueda, arrastrando todo lo necesario para acampar,
comida y agua, lo que le permite viajar en solitario y sin
ningún vehiculo que le asista.
En el caso del Gobi,
durante varias semanas, su única fuente de alimentos y agua han
sido los propios nómadas que habitan aun hoy algunas zonas de
este yermo e inhóspito territorio tal y como lo han hecho sus
antepasados desde hace siglos. Lo hacen formando pequeños grupos
unifamiliares, totalmente autónomos, que dependen exclusivamente
de lo que obtienen de sus rebaños de ovejas, cabras, caballos y
camellos, que viajan con ellos a través del desierto en función
de la época del año. Su vida gira en torno a la búsqueda de los
siempre escasos pastos, labor difícil en una región hiperárida
en la que la media anual de precipitaciones no supera los 150
mililitros por metro cuadrado (menos de un vaso de agua por
metro cuadrado al año) y el clima es extremadamente severo, pues
“durante el verano las medias superan los 40 grados
centígrados y en invierno se alcanzan los 40 bajo cero”,
explicaba Sergio Fernández a su llegada a Pekín tras seis
semanas de viaje ciclista.
Dificultades
“Ha sido una de las travesías mas
duras de las que he realizado hasta la fecha, no por el calor,
sino por el terreno, en el que es muy difícil orientarse sin
GPS, la inexistencia de caminos o pistas señalizados, y la falta
absoluta de sombras donde refugiarse en las horas mas calidas de
la jornada”, explicaba el
periodista, quien añadía que “por otra parte, también ha
sido la travesía mas enriquecedora que he hecho hasta el
momento, un autentico viaje en todos los sentidos”.
Respecto a la
duración de la expedición, Sergio Fernández comentaba que se
podría haber hecho en menos tiempo, por lo que puntualizaba:
“en el Gobi, el tiempo utilizado era lo de menos: la
convivencia con los nómadas ha sido la parte mas interesante de
este viaje, que sin duda ha superado el mero reto deportivo. Ver
cómo viven hoy día estas personas, única y exclusivamente de sus
rebaños, en un lugar como este, ha sido una experiencia vital
que supera a cualquier otra. Tantos días viviendo como ellos,
comiendo lo mismo que ellos, disfrutando de su hospitalidad
innata, tan necesaria en un lugar en el que la supervivencia
depende estrechamente de los caprichos de la naturaleza…”.
Itinerario
especial
La elección del itinerario también
influyo en la duración del viaje. En vez de buscar el camino mas
corto entre Ulan Bator y Beijing, lo que hizo fue trazar una
ruta que aglutinase los tres tipos de paisaje que existen en
Mongolia: estepa, montanas y desierto. Por eso empezó a pedalear
hacia el oeste, a través de la estepa, para luego adentrarse en
la montanas Khangai, que una vez superadas dieron paso a las
llanuras del desierto de Gobi, donde viajo a razón de 500 km por
semana, pues la calidad de los caminos le impedía hacer mas de
100 km diarios pese a pedalear entre 10 y 12 horas por jornada
en los tramos mas aislados, en los que tuvo que imponerse una
férrea disciplina de pedaleo diario para poder ir de un pozo
hasta el siguiente sin quedarse sin agua.
Un desierto
distinto
El Gobi (en mongol, Gobi significa
literalmente “desierto”) ocupa 1.300.000 km2, es decir, algo mas
de 2’5 veces la superficie de España, y se extiende entre el sur
de Mongolia y el norte de China. La mayor parte del territorio
lo forman pedregales y llanuras, salpicadas por algunas cadenas
montañosas de origen volcánico y una serie de cordones de dunas
que apenas cubren el 5% de la superficie total del desierto.
“Para cruzar el
Gobi en bicicleta”, detallaba Sergio
Fernández, “pensé que había que empezar en la antigua capital
del imperio mongol y viajar hasta un lugar simbólico que
represente el fin del desierto, como las montanas al norte de
Pekín, donde se construyo la Gran Muralla”. Por este motivo
trazo una ruta de norte a sur, desde la actual capital de
Mongolia hasta Beijing, pasando por la ciudad de Kharkhorum, la
capital original del imperio fundado por Genghis Khan hace 800
años, hasta la Gran Muralla China, construida al norte de
Beijing precisamente para protegerse de los que vivían en las
inhóspitas y aparentemente baldías tierras norte. “No era la
ruta mas fácil ni la mas corta, pero si era la ruta que yo creí
mas interesante, tanto desde el punto de vista paisajístico como
humano. Desde el principio descarte la ruta principal que une
las dos capitales, pero tuve que cruzar la frontera por el único
paso que esta abierto a los extranjeros, el de Erenhot, lo que
significo dar un rodeo de 750 km por una zona poco atractiva
aparentemente, pero que después resulto ser una de las mas
interesantes por las condiciones que se dan en esta región
limítrofe”, explicaba Sergio Fernádez¨.
La siguiente expedición le llevara al Sahara, en donde todavía
no ha determinado la ruta a seguir, pero todo indica que
empezará a pedalear en Marruecos a principios del próximo año.
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COMUNICADO DE PRENSA: NAMIB Y
KALAHARI
Barcelona, 19 de diciembre de 2005
Namib
y Kalahari superados
El cicloaventurero barcelonés
Sergio Fernández
suma dos nuevos desiertos a su particular
desafío
“Me he acostumbrado a pedalear a más de 50 grados de
temperatura”
Los desiertos de Namib, en la legendaria Costa de los
Esqueletos de Namibia, y Kalahari, en el corazón de Botswana, han
sido los últimos escenarios de la particular odisea ciclista del
periodista barcelonés Sergio Fernández Tolosa, 31, quien ya lleva
tres años recorriendo en bicicleta, en solitario y sin asistencias
de ningún tipo, los siete desiertos más emblemáticos de los cinco
continentes.
Tres años de aventuras
Primero cruzó los desiertos de Australia, realizando
6.000 km desde Darwin hasta Sydney. Luego continuó su periplo hacia
la Patagonia, en Argentina, enlazando la travesía con una ardua
expedición por el yermo desierto de Atacama, en Chile, finalizando
una travesía de 8.200 km en el salar de Uyuni, en Bolivia. Antes de
abandonar el continente americano recorrió los desiertos de
California, Nevada, Utah y Arizona, sumando otros 3.000 km entre las
localidades de San Diego y Denver, Colorado. Ahora le ha llegado el
turno a África, en donde ya ha cubierto los desiertos de Namib, en
Namibia, y Kalahari, en Botswana, realizando en bicicleta más de
3.000 km. El año próximo tiene previstas otras dos expediciones
desérticas, con las que completaría la lista del “Reto Top Cable 7 Desiertos”, del
que prepara la edición de un libro y una película con las imágenes
grabadas. Una de ellas será en el inmenso Sahara y la otra en el
desierto de Gobi, entre China y Mongolia.
Namib: 2.000 km de polvo, arena y sueños
“El desierto
de Namib ha supuesto un esfuerzo extraordinario. Jamás hasta ahora
había tenido que pedalear por pistas en verdadero mal estado a
temperaturas que rondaban los 55 grados”,
destacaba
Sergio Fernández a su regreso a Barcelona. La travesía del Namib
comenzó en la capital de Namibia, situada a unos 500 km de la costa
Atlántica. “El desierto de Namib comprende
una franja de varios centenares de kilómetros a lo largo de todo el
litoral del país”, explicaba el aventurero, quien decidió
cruzar el desierto a través de la región montañosa del Naukluft,
alcanzando el océano en Walbis Bay, no sin antes haber pasado por el
mar de dunas de Sossusvlei.
A razón de etapas diarias que rondaban los 120 km por
pistas pedregosas tuvo que sortear obstáculos orográficos
importantes, como los cañones de Gaub y Kuiseb, así como diversos
puertos de montaña. “El tramo más largo sin
posibilidad de conseguir agua fue el que va de Solitaire a Walbis
Bay”, recuerda el ciclista. Son 240 km por una pista de
tierra y piedras que atraviesa una región deshabitada. Para vencer a
las altas temperaturas, que en las horas centrales del día se
acercaban a los 60 grados Celsius al sol, optó por pedalear gran
parte de la noche “aprovechando la luna
llena”.
Tras reponer su despensa en Swakopmund, antigua
colonia alemana en la costa del país, la travesía continuó hacia el
norte del país a través del corredor que separa los bancos de dunas
de la costa de la gran llanura de Etosha. Sumaba así otros dos mil
kilómetros a través de esta región hiperárida en la que gracias al
agua subterránea subsisten los pueblos Damara, Herero y Himba, todos
ellos de tradición ganadera, a la vez que tuvo ocasión de ver de
cerca “sin entrar en ningún parque
nacional ni reserva” al emblemático elefante del desierto
que habita en el curso del casi siempre seco río Ugab, manadas de
cebras montaña, diversas clases de antílopes y huellas dejadas en la
arena por ejemplares de otras especies que “es mejor evitar”, como
leones, rinocerontes y “todo tipo de insectos,
serpientes y arácnidos”.
Kalahari: la “gran sed”
Tras cruzar el desierto de Namib, cuyo límite norte se
encuentra en la frontera con Angola, el periodista decidió pasar
varios días en la región de Kunene, antes conocida como Kaokoland,
con tal de visitar las aldeas semipermanentes en las que viven
clanes Himba. Allí tuvo ocasión de comprobar que incluso en el siglo
XXI las ancestrales costumbres y la forma de vida nómada pueden ser
una realidad. El cicloviajero fue testimonio de la ceremonia del
fuego sagrado, que ayuda a resolver los problemas del grupo, y del
ordeñe de la vaca sagrada, actividad realizada cada mañana, con tal
de buscar el favor de los dioses.
Poco después
reinició la marcha para recorrer esta vez el desierto de Kalahari,
cuyo nombre procede de la palabra ‘Kgalagadi’, que
en lengua
tswana
significa,
literalmente, ‘la gran sed’.
A causa de las estrictas normativas de los parques
nacionales en Botswana, el itinerario quedó “totalmente
restringido” al corredor artificial que se ha creado en
medio del inmenso desierto, surcado por la Trans-Kalahari Highway,
vía asfaltada desde 1998. Después de recorrer el Namib, con sus “caminos pedregosos y subidas
inhumanas”, el Kalahari se presentaba aparentemente “más accesible”, aunque
“la distancia entre dos puntos sin opción de avituallarse de
agua y alimentos se elevaba a 320 km en algunas
ocasiones”.
Todo ello supuso que la travesía debía realizarse en
el menor tiempo posible, lo que le obligaba a cargar con hasta 18
litros de agua y recorrer una media de 180 km diarios. “En estas condiciones de calor y
sequedad extrema el cuerpo se deshidrata sin que te des cuenta. El
cuerpo te pide agua continuamente y jamás tienes la sensación de
transpirar. Sin embargo, la deshidratación es un hecho constante: en
una etapa bebes ocho litros de agua y no vas a baño en todo el
día”, explica Sergio Fernández, quien calculaba sus reservas
de agua en base a la pasmosa ecuación de “un litro por hora de ejercicio,
que a veces supone 20 km y otras sólo diez, en función del viento y
el terreno”.
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COMUNICADO DE PRENSA PREVIO A NAMIB Y
KALAHARI
15 de septiembre de
2005
Nuevos horizontes para el Reto Top Cable 7
Desiertos Sergio Fernández viajará al Namib y el
Kalahari en bici y en solitario
El cicloaventurero y periodista Sergio Fernández
Tolosa parte el próximo 5 de octubre hacia Namibia para realizar la
cuarta expedición correspondiente al Reto Top Cable 7 Desiertos, que
ya le ha llevado a cruzar en su bicicleta de montaña y en solitario
los desiertos de Australia, Atacama (Chile) y Mojave (EEUU). En la
presente expedición, la travesía le llevará hasta el desierto de
Namib, en la costa del océano Atlántico, donde existe el campo de
dunas de arena roja más altas del mundo. A continuación viajará
hacia el interior del continente a través del delta del río
Okavango, el único que desemboca en mitad del desierto de Kalahari,
ya en territorio del país vecino, Botswana, para terminar el viaje
en la capital del país, Gaborone. La travesía ciclista supondrá un
total aproximado de 6.000 km que cubrirá en su bicicleta de montaña
Massi Z9 a lo largo de más de dos meses.
Respecto a las condiciones de la aventura, Sergio
Fernández la ha planteado como las anteriores: en régimen de plena
autonomía, avituallándose de agua y alimentos por el camino, allí
donde le sea posible, transportando todos los víveres y su equipo
personal en un carro especial que arrastra tras la bicicleta. “La mayor dificultad será el
calor, el viento y la distancia entre lugares habitados, además de
las condiciones de las pistas, muy pedregosas y arenosas”,
declaró Sergio Fernández. Siguiendo el mismo esquema que en
expediciones anteriores, el periodista barcelonés realizará diversos
reportajes para distintos medios de comunicación, tanto en el sector
de la prensa como en la televisión. Precisamente gracias a sus
apariciones en diversos programas de canales de ámbito nacional,
aprovechando el interés demostrado por la naturaleza del Reto Top
Cable 7 Desiertos, el aventurero baraja la posibilidad de escribir
un libro narrando sus peripecias a través de los desiertos más
emblemáticos del planeta. Después de la experiencia surafricana, de
cara al 2006 tiene previsto cruzar los desiertos de Gobi, en la
tierra vacía que separa China y Mongolia, y Sahara, con lo que daría
por concluido el proyecto que inició en abril de 2003 en tierras
australianas.
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COMUNICADO DE PRENSA ESPECIAL POSTERIOR A LA TRAVESÍA DEL
MOJAVE EN EE.UU.
12 de mayo de 2005
Una lesión
impide a Sergio Fernández continuar su viaje en
bicicleta desde San Diego hasta Alaska
Tras cruzar el desierto de Mojave continuó
pedaleando hasta el norte de Utah,
atravesando las reservas indias
de havasupai y la nación de los navajo
Tras
superar con éxito el tercer desierto de la lista de Reto Top Cable 7
Desiertos, el Mojave, en los Estados Unidos, el cicloaventurero
catalán ha visto desvanecerse su sueño de continuar pedaleando hacia
la remota y salvaje Alaska. El accidente ocurrió mientras caminaba
por los intrincados cañones de Utah en busca de ruinas de los
anasazis, construcciones abandonadas misteriosamente y ocultas en
profundas gargantas erosionadas por el paso del tiempo y la fuerza
de los elementos.
Mala
suerte “Estaba tomando unas fotografías cuando pise en falso
y todo mi cuerpo se vino abajo. Sentí que algo iba mal pero sólo en
el tobillo”, explica Sergio, que enseguida se dio cuenta de que “el
viaje había terminado”. El cicloaventurero admite que todo ocurrió
por un exceso de confianza y también falta de atención en un momento
que requería más cautela. “Me encontraba casi al final del sendero
del Druid Arch, a 9 km del aparcamiento donde había dejado la
bicicleta. El cañón se estrecha justo antes de llegar al arco de
piedra natural. Paré a tomar una foto y me encaramé a un promontorio
para lograr una mejor perspectiva. Al bajar de la roca no me
cercioré de un agujero en el suelo, donde metí el pie de lleno. Es
lo que se dice mala pata”, reconoce el aventurero.
Próximo
objetivo Sergio Fernández tuvo que salir del cañón por sus
propios medios, es decir, caminando, aunque contó con el apoyo de
otros senderistas que encontró durante su regreso. Al llegar al
hospital los rayos X permitieron descartar fracturas y el
diagnóstico, aunque no es grave, supone varias semanas de reposo.
Ello implica que el viaje hacia el norte a través de Canadá hasta la
remota Alaska tendrá que esperar. “Es otra enseñanza de los viajes:
nunca sabes cuándo ni dónde ni cómo acaban”, explica Sergio
Fernández, que ya piensa en la nueva cita ciclista del Reto Top
Cable 7 Desiertos, el próximo otoño, en África: el Sahara.
3.000
kilómetros
Antes de la desafortunada caída, sin embargo, Sergio recorrió
parte de Nevada, hasta la ciudad de Las Vegas, para continuar su
periplo hacia el Grand Canyon del río Colorado, donde realizó
diversas travesías pedestres, pues las bicicletas están prohibidas
en los senderos del parque nacional. También recorrió las reservas
de los indios havasupai y la Navajo Nation, en Arizona, antes de
cruzar el emblemático Monument Valley. En total, antes de sufrir el
esguince, había recorrido cerca de 3.000 km en su mountain bike, sin
asistencia y en solitario, por los desiertos de California, Nevada,
Arizona y parte de Utah.
Cambios en el calendario Sobre el
siguiente destino del Reto Top Cable 7 Desiertos, Sergio Fernández
anuncia cambios. Aunque había previsto viajar a Mongolia para cruzar
el desierto de Gobi, seguramente cambie el orden de las expediciones
y viaje primero al mayor desierto del mundo: el Sahara. Para ello ha
planteado una ruta que parte “de Marruecos, va hacia Argelia y entra
Níger desde Tamanrasset. La época ideal es el invierno, por lo que
hay que empezar a pedalear en otoño, siempre que la situación
sociopolítica de la zona lo permita, pues la frontera entre Argelia
y Níger es inestable y no muy recomendable para viajeros
solitarios”.
¿Qué es
el “Reto Top Cable 7 Desiertos”?
Más de
cinco años de viajes a través de los lugares más inhóspitos del
planeta. Más de 30.000 km previstos en un total de siete
expediciones. Todos ellos en bicicleta de montaña, sin asistencia
externa de ningún tipo, en los rincones más aislados del mundo. Los
desiertos de Australia, Atacama (Chile), Gobi (Mongolia),
Kalahari (Botswana),
Namib (Namibia), Mojave (Estados Unidos) y Sáhara son el objetivo
del periodista y aventurero catalán Sergio Fernández Tolosa, que se
propuso hace dos años viajar a través de ellos en bici y en
solitario.
El “Reto
Top Cable 7 Desiertos” consiste en atravesar en bicicleta los
siete desiertos más grandes y emblemáticos de los cinco continentes.
El proyecto surgió en la mente del protagonista de la historia
durante un viaje en bicicleta por el sur de Túnez, a las puertas del
Sahara, durante febrero de 2002. “Siempre he sentido una gran
atracción por el desierto. En Túnez tuve ocasión de sentirme como
nunca. El aislamiento es la verdadera aventura”, manifiesta
Sergio Fernández. Tras estudiar con detalle todas las opciones, con
la ayuda y consejos de viajeros con experiencia en travesías
saharianas en vehículos a motor, Sergio Fernández diseñó varias
rutas para los desiertos más representativos de cada continente. En
2003 realizó la travesía íntegra de Australia por el centro del país
y en 2004 culminó un viaje de 9.000 km por la Patagonia y el
desierto de Atacama en el salar más grande del planeta.
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14 de abril de 2005
El cicloaventurero Sergio Fernández
supera el Mojave, la tercera etapa del Reto Top
Cable 7 Desiertos
Los
desiertos de Sonora y Mojave, en los EEUU, ha supuesto 12 días de
travesía para un total de 1.300 km
El
recorrido entre San Diego y el Valle de la Muerte prosigue ahora
hacia la ciudad de Las Vegas, el Grand Canyon del Colorado y los
áridos paisajes de Utah
El
periodista y aventurero Sergio Fernández, tras cruzar en bicicleta y
en solitario los desiertos de Australia y Atacama (Chile), acaba de
superar con éxito el tercer desierto de la lista: el Mojave, en los
Estados Unidos. La travesía comenzó en la ciudad de San Diego el día
1 de abril y le ha supuesto doce días en los que ha recorrido un
total de 1.300 km a través de viejos caminos y carreteras históricas
que en su día fueron utilizadas por los pioneros de mediados del
siglo XIX que se aventuraban con sus carretas en los desiertos de
California con tal de hallar fortuna más allá de las montañas de
Sierra Nevada.
La travesía
de los desiertos de California, desde la frontera mexicana en lo que
se conoce como desierto de Sonora, hasta el Valle de la Muerte,
lindando con Nevada, es la más corta de las que forman el Reto
Top Cable 7 Desiertos. También la menos solitaria. Sin
embargo, pese a que la zona cuenta con una compleja red de
carreteras, el aventurero catalán tuvo que vencer ciertas
dificultades recorrer la ruta que había establecido. Los fuertes
vientos que soplan en la zona y cambian de dirección sin previo
aviso han sido su peor pesadilla. “En Anza Borrego el viento me
ayudó un día, pero al día siguiente no pude moverme del campamento.
El viento casi destroza mi tienda de camping”, explica Sergio
Fernández. Lo mismo le ocurría más al norte, cerca de Stovepipe
Well, en el corazón del Death Valley, en que el viento le obligó a
permanecer dos días en el mismo oasis porque “era imposible
incluso caminar en mitad de una tormenta de arena que nos dejó a
todos sin visibilidad durante horas”.
Otra de las
dificultades básicas la ha superado con la previsión y la
experiencia: “Siempre he llevado una garrafa de 5 litros de agua
como reserva de emergencia. Ha valido la pena porque en dos
ocasiones no logré avituallarme de agua en lugares donde en teoría
había gente viviendo”, recuerda el aventurero. El peso extra le
supuso la salvación en la etapa entre 29 Palms y Baker, una sección
de 130 millas (220 km) en la que sólo podía conseguir agua en Amboy
o Kelso. El primer pueblo que figuraba en el mapa resultó estar
abandonado. “A Kelso llegé prácticamente deshidratado. Jamás he
pasado tanta sed. El viento de cara consumió toda mi energía y
también mi agua, ya que tenía que beber cerca de seis litros diarios
para no sufrir calambres o dolores de cabeza. El calor era
insoportable a partir de las ocho de la mañana”, detallaba
Sergio Fernández.
Tampoco han
faltado las averías. En total ha sufrido cinco pinchazos, aunque dos
de ellos fueron más graves de lo habitual y tuvo que cambiar la
cámara. También tuvo que cambiar cuatro radios de la rueda trasera,
rotos durante la travesía del parque nacional de Joshua Tree, en
donde utilizó la inhóspita ruta del Berdoon Canyon, uno de los
lugares más “acogedores e inolvidables de la expedición”,
manifestaba irónicamente el aventurero.
Pero no
todo han sido penalidades y apuros. Durante la travesía ha podido
contemplar la realidad del desierto florido. Los lugareños no
recuerdan una primavera tan colorida desde hace décadas. Las lluvias
torrenciales del pasado invierno han hecho florecer especies
vegetales que se creían extintas pues no se veían desde hacía
décadas. Tal explosión de vida ha supuesto que los pequeños
mamíferos abunden y también los depredadores, como los coyotes o las
serpientes de cascabel, con los que el cicloaventurero tuvo algunos
encuentros que describe como “fascinantes, lo mejor del viaje”.
También tuvo la suerte de encontrar una tortuga de tierra y
sobre las dunas de Death Valley halló los rastros de gran cantidad
de fauna de costumbres nocturnas, como ratas canguro, lagartos,
etc.
Durante el recorrido, que ha evitado siempre
las carreteras más transitadas, ha pedaleado a través del desierto
de Anza Borrego, el parque nacional de Joshua Tree, la Mojave Desert
Preserve y el parque nacional de Death Valley. Por último, para
alcanzar la ciudad de Las Vegas, en Nevada, ha pensado seguir el
trazado del Old Spanish Trail, la ruta que utilizaron los colonos
que descubrieron y bautizaron el legendario y emblemático Death
Valley. Cuentan los anales de aquellos tiempos que un grupo de 300
personas venidas de medio mundo llegaron a Salt Lake City cuando el
invierno ya había barrado el paso montañoso que se utilizaba
habitualmente para alcanzar la ansiada California. En vez de esperar
a la primavera, ávidos de fortuna y llenos de esperanza, intentaron
abrir un nuevo paso a través del desierto. Para llegar a las salinas
de Death Valley tuvieron que dejar parte de sus carretas atrás. Una
vez allí se toparon con otro obstaculo natural. Las montañas nevadas
que culminan en el Telescope Peak, de 11.000 pies de altura.
Atrapados entre dos sierras, quemaron sus carretas para poder
cocinar la poca carne que les quedaba a sus animales de tiro. Sólo
así sobrevivieron al invierno en un lugar en el que creyeron vivir
más cerca del infierno que de ningún otro lugar. Razón no les
faltaba. El lago salado de Badwater, cuya agua ni las mulas podían
beber, se encuentra 85 metros por debajo del nivel del mar. De ahí
la categórica descripción que hicieron aquellos pioneros de Death
Valley: “A 30 millas de agua dulce. A 30 millas de leña. A 30
pies del infierno”.
Cambios en el calendario Sobre el siguiente
destino del Reto Top Cable 7 Desiertos, Sergio Fernández anuncia
cambios. Aunque había previsto viajar a Mongolia para cruzar el
desierto de Gobi, seguramente cambie el orden de las expediciones y
viaje primero al mayor desierto del mundo: el Sahara. Para ello ha
planteado una ruta que parte “de Marruecos, va hacia Argelia y entra
Níger desde Tamanrasset. La época ideal es el invierno, por lo que
hay que empezar a pedalear en otoño, siempre que la situación
sociopolítica de la zona lo permita, pues la frontera entre Argelia
y Níger es inestable y no muy recomendable para viajeros
solitarios”.
¿Qué es
el “Reto Top Cable 7 Desiertos”?
Más de
cinco años de viajes a través de los lugares más inhóspitos del
planeta. Más de 30.000 km previstos en un total de siete
expediciones. Todos ellos en bicicleta de montaña, sin asistencia
externa de ningún tipo, en los rincones más aislados del mundo. Los
desiertos de Australia, Atacama (Chile), Gobi (Mongolia),
Kalahari (Botswana),
Namib (Namibia), Mojave (Estados Unidos) y Sáhara son el objetivo
del periodista y aventurero catalán Sergio Fernández Tolosa, que se
propuso hace dos años viajar a través de ellos en bici y en
solitario.
El “Reto
Top Cable 7 Desiertos” consiste en atravesar en bicicleta los
siete desiertos más grandes y emblemáticos de los cinco continentes.
El proyecto surgió en la mente del protagonista de la historia
durante un viaje en bicicleta por el sur de Túnez, a las puertas del
Sahara, durante febrero de 2002. “Siempre he sentido una gran
atracción por el desierto. En Túnez tuve ocasión de sentirme como
nunca. El aislamiento es la verdadera aventura”, manifiesta
Sergio Fernández. Tras estudiar con detalle todas las opciones, con
la ayuda y consejos de viajeros con experiencia en travesías
saharianas en vehículos a motor, Sergio Fernández diseñó varias
rutas para los desiertos más representativos de cada continente. En
2003 realizó la travesía íntegra de Australia por el centro del país
y en 2004 culminó un viaje de 9.000 km por la Patagonia y el
desierto de Atacama en el salar más grande del planeta.
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Comunicado previo a Mojave 10 febrero 2005
Sergio Fernández mantiene su pulso ciclista
con los
7 desiertos más grandes del mundo
El
“Reto Top Cable 7 Desiertos” le llevará este año a cruzar en
bici el desierto de Mojave,
en los EEUU, y el desierto de Gobi, en
Mongolia
El periodista y aventurero Sergio Fernández, tras cruzar en
bicicleta y en solitario los desiertos de Australia y Atacama
(Chile), se dirige ahora hacia el mítico Far West norteamericano.
Allí le esperan el desierto de Mojave y el emblemático Death Valley,
donde las temperaturas extremas y la sequía supondrán un nuevo pulso
tanto a nivel físico como psicológico.
Durante la primera mitad de 2004 el
cicloaventurero catalán recorrió en bicicleta y sin asistencias toda
la Patagonia, desde Ushuaia hasta Santiago de Chile, para después
adentrarse en el desierto de Atacama y alcanzar el salar más grande
del planeta, en Uyuni (Bolivia). El próximo mes de marzo continuará
su personal odisea americana en Nuevo México, donde retomará el
pedaleo, en una tercera etapa ciclista que le llevará desde el
corazón de los Estados Unidos hasta la costa oeste. Calcula que
empleará unos dos meses para recorrer los desiertos que hay en Nuevo
México, Utah, Arizona, Nevada y California, pedaleando cerca de
3.000 km desde Albuquerque hasta San Francisco.
Tercer episodio
La cita norteamericana supone la tercera dentro
del “Reto Top Cable 7 Desiertos”. Tal proyecto lo inició en
Australia hace dos años, cuando atravesó el continente rojo de norte
a sur sin más medios que su propia bicicleta, realizando 5.700 km en
menos de dos meses de solitario trayecto.
Después
cruzó la región más seca de la tierra, el desierto de Atacama, en
Chile, dentro de un viaje ciclista de 9.000 km entre Ushuaia (Tierra
del Fuego) y Uyuni (Bolivia). Tras cruzar el Mojave viajará hasta el
corazón de Asia para recorrer el desierto de Gobi, en el sur de
Mongolia y norte de China, con el mismo sistema. De esta manera sólo
restarán los desiertos africanos para completar el proyecto.
Emoción ante el desafío
Sobre el
siguiente destino del “Reto Top Cable 7 Desiertos”, Sergio Fernández
avanza que siente “una gran ansiedad” por empezar a pedalear.
Lo hará en el Albuquerque, desde donde se adentrará en territorios
de los indios Navajo. Poco después alcanzará el espectacular Grand
Canyon del río Colorado, para llegar desde allí a la ciudad de Las
Vegas, emplazada en medio del áspero desierto norteamericano.
Superada la urbe de los neones y los casinos, se adentrará de nuevo
en los desiertos de Joshua Tree, Death Valley y Mojave, que forman
un corredor árido entre los desiertos de Nevada y el litoral de
California. “Será una expedición distinta a todas. Menos
solitaria, quizás, pero muy espectacular a nivel de paisajes, por lo
que trabajaré mucho con las cámaras en busca de buenos
reportajes”, argumenta el protagonista del reto, que costea
parte de los gastos de las expediciones con la venta de reportajes
gráficos sobre los territorios que recorre.
El resto de la logística y otros detalles
técnicos serán similares a la anterior expedición. Rodará con una
bicicleta de montaña Massi Fura y arrastrará el equipo en un carrito
monorueda en el que carga todo el equipo de acampada y las vituallas
necesarias para hasta dos semanas de autosuficiencia. El carrito
tiene una capacidad de carga máxima de 35 kg. En cuanto al agua, en
el carrito ha llegado a cargar hasta 16 litros de agua, lo que le
confiere una autonomía de entre tres y cuatro días.
Dos expediciones por año
En el 2003 cruzó Australia. En el 2004 le
tocó el turno al desierto de Atacama. Pero en el 2005 ha planificado
dos travesías como mínimo. “De abril a junio estaré en los
EEUU y en agosto y septiembre en el Gobi. Y si todo va bien en
diciembre iniciaré la aventura africana. De confirmarse el
calendario previsto, estaría terminando el proyecto en la primavera
del 2006”, avanzó Sergio Fernández.
“Todavía tengo muchas dudas sobre mi
itinerario por el Sahara”, avanzó el catalán, que de momento
prefiere centrarse en las dos expediciones inmediatas. “El
Sahara requiere un estudio detallado en muchos sentidos. La
seguridad es uno de ellos. La logística otro. A priori es sin duda
la travesía más difícil de todas, pero uno ha de estar siempre
alerta. Los callejones sin salida a veces están en los lugares más
insospechados”, adivinaba el cicloaventurero, que hará
pública su ruta en noviembre de este año después de recibir
asesoramiento por parte de algunos participantes del rally
automovilístico más mítico del mundo, el célebre Dakar.
Para estas
expediciones, Sergio Fernández sigue dispone del apoyo de Top Cable,
empresa patrocinadora del proyecto, así como de otras firmas que le
facilitan material deportivo. Al igual que durante las expediciones
previas en Australia y Chile, además de llevar consigo lo necesario
para realizar el viaje, Sergio Fernández carga también un equipo
fotográfico profesional y una cámara de video para grabar imágenes
que luego emiten diversos programas de televisión.
¿Qué es el “Reto Top Cable 7
Desiertos”?
Cuatro años de
viajes a través de los lugares más inhóspitos del planeta. Más de
30.000 km previstos en un total de siete expediciones. Todos ellos
en bicicleta de montaña, sin asistencia externa de ningún tipo, en
los rincones más aislados del mundo. Los desiertos de Australia,
Atacama (Chile), Gobi (Mongolia), Kalahari (Botswana), Namib (Namibia),
Mojave (Estados Unidos) y Sáhara son el objetivo del periodista y
aventurero catalán Sergio Fernández Tolosa, que se propuso hace dos
años viajar a través de ellos en bici y en solitario.
El “Reto Top Cable 7 Desiertos” consiste en
atravesar en bicicleta los siete desiertos más grandes y
emblemáticos de los cinco continentes. El proyecto surgió en la
mente del protagonista de la historia durante un viaje en bicicleta
por el sur de Túnez, a las puertas del Sahara, durante febrero de
2002. “Siempre he sentido una gran atracción por el desierto. En
Túnez tuve ocasión de sentirme como nunca. El aislamiento es la
verdadera aventura”, manifiesta Sergio Fernández. Tras estudiar
con detalle todas las opciones, con la ayuda y consejos de viajeros
con experiencia en travesías saharianas en vehículos a motor, Sergio
Fernández diseñó varias rutas para los desiertos más representativos
de cada continente. En 2003 realizó la travesía íntegra de Australia
por el centro del país y en 2004 culminó un viaje de 9.000 km por la
Patagonia y el desierto de Atacama en el salar más grande del
planeta.
Calendario previsto
Australia:
superado en abril-mayo 2003 Atacama: superado en
febrero-marzo 2004 Mojave: abril-mayo 2005
Gobi: agosto-septiembre 2005 Sahara:
diciembre 2005-marzo 2006 Kalahari: junio 2006
Namib: julio 2006
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ENTREVISTA (FAQ), al regreso de Atacama 1
agosto
2004
"En 2005
iré al Mojave y al Gobi"
Tras cruzar
los desiertos de Australia y Atacama, llega el turno de los de
América del Norte y el más grande de Asia
Barcelona, 1 de agosto de
2004 ¿En qué consiste el Reto 7 Desiertos? Hace tres años me
propuse viajar por todo el mundo con la bicicleta, en solitario, con
tal de atravesar los siete desiertos más grandes y emblemáticos del
planeta. En primavera de 2003 viajé a Australia, y un año después
estaba cruzando el desierto de Atacama, en Chile, tras pedalear toda
la Patagonia, con rumbo al salar de Uyuni, en Bolivia. El resto de
los desiertos de la lista son el Mojave, en los EEUU, el Gobi, en
Mongolia, el Namib, en Namibia, el Kalahari, en Botswana, y el
Sahara, en el norte de África.
¿Cuál es el próximo objetivo? Ahora
preparo la siguiente expedición de cara a la primavera del 2005, que
me llevará seguramente al Mojave y al resto de desiertos del oeste
americano.
¿Cómo se supone que pagas estos
viajes? Después de cada viaje,
regreso a casa con fotografías e imágenes de video que publico en
distintos medios de comunicación. Con el dinero que consigo de la
venta de los reportajes y la ayuda de mi patrocinador consigo
afrontar la siguiente expedición.
¿Has pensado en escribir un libro? Sí, me
gustaría, pero todavía no sé cómo lo presentaría. He escrito muchos
reportajes de mis travesías para revistas de viajes y también para
revistas especializadas en deporte y ciclismo. Me gustaría que fuese
un libro muy gráfico, con muchas imágenes y mapas, pero eso es
carísimo. Supongo que cuando termine el proyecto tendré más opciones
de cara a presentar la idea en una editorial. Para aquel entonces
quiero haber publicado reportajes en suplementos dominicales de
diarios. El desierto vende mucho y el material que tengo es muy
espectacular.
¿Cuántos
años te quedan de expediciones? Aunque va a ir algo más
lento de lo esperado, el Reto 7 Desiertos sigue adelante. En
principio calculé tres años para completar el proyecto, pero el
desarrollo de los acontecimientos invita a pensar que se va a
alargar en el tiempo de forma considerable. Voy a un ritmo de una
expedición por año. Puede parecer poco, pero yo me siento muy a
gusto, ya que he alargado los viajes en bicicleta ampliando la
distancia y la región a recorrer. Por ejemplo, en el caso del
desierto de Atacama, situado en el norte de Chile, decidí empezar a
pedalear muchísimo más al sur. Estuve cinco meses viajando desde
Ushuaia, en Tierra del Fuego, hasta Uyuni, en Bolivia. La verdad es
que he reunido mucho material y he vendido muchos
reportajes.
¿Te parecía poco hacer sólo Atacama? Lo que
pasa es que ya que iba hasta allí, pues vale la pena alargar un poco
el viaje y ver muchas más cosas. Pude cruzar toda la Patagonia, el
desierto de Atacama, realizar varias ascensiones andinas y de paso
cruzar el salar más grande del mundo, que por sí solo ya tiene un
reportaje.
¿Piensas seguir actuando así en el
futuro? Lo intentaré. Creo que
el año que viene volaré hasta Panamá o Perú y desde allí iré en
bicicleta hasta los EEUU. Por el camino hay muchas experiencias que
contar. Es la ventaja de viajar sin prisas. Conozco cicloviajeros
que avanzan 200 km al día e incluso más. Yo a veces cubro esas
distancias, pero normalmente dedico muchas horas a mi trabajo como
fotógrafo. Es cuestión de prioridades. Si mis fotos son malas, no
las vendo; y si no las vendo, no
como.
¿Por qué
pedalear por desiertos?
Es una
combinación perfecta. Cruzar un desierto en bicicleta es difícil,
pero a la vez factible. Es un viaje terrenal, pero también interno.
Tiene todos los ingredientes que gusta a los medios de comunicación
y a la vez a mí me produce un vértigo al que soy adicto. Una
expedición en solitario al desierto resulta compleja, pero también
requiere sencillez, dar los pasos uno a uno. Obliga a mentalizarse
para lo peor y a la vez olvidarse de la posible fatalidad. Requiere
un equilibrio exacto entre cordura y locura. El desierto es un lugar
baldío, muy idealizado, donde hay un punto de no retorno en el que
volver atrás significa morir y seguir adelante puede ser salir
airoso.
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1 mayo
2004
El desierto de
Atacama en bicicleta
Es la segunda expedición del “Reto 7 Desiertos”,
que ya le llevó a Australia en 2003 Más de
2.000 km por el desierto y en algunas etapas cargó hasta 16 litros
de agua
San
Pedro de Atacama, Chile, 31 de marzo de 2004.
En el
oasis de San Pedro de Atacama, al norte de Chile, el aventurero
y periodista Sergio Fernández Tolosa (Barcelona,
1974) da por concluida la travesía en
bicicleta del desierto más árido del mundo, el desierto de Atacama.
Atrás quedan 2.000 km de travesía desértica en solitario y sin
asistencia de ningún tipo, en ambientes extremos que le han llevado
desde las rutas del litoral del Pacífico hasta las más altas cumbres
de los Andes, pedaleando en algunas ocasiones a más de 5.000 metros
de altura. Para cruzar el desierto ha invertido un total de seis
semanas, tiempo que el catalán estima “superior al necesario si se
realiza una ruta más directa, pero ése no era mi objetivo; quería
conocer rincones de este desierto que están bastante más allá de la
ruta principal”.
Un
largo viaje
Hace exactamente cuatro meses, partía de
Ushuaia, en Tierra del Fuego, Argentina, con su bicicleta como única
compañera. Desde entonces ha pedaleado más de 6.000 km por la
Patagonia, primero cruzando la indómita Tierra del Fuego y después
siguiendo la célebre ruta de la Carretera Austral chilena, y después
por el desierto de Atacama, conocido por su extrema aridez como el
más seco del planeta. Ahora continúa su viaje hacia Bolivia,
cruzando la frontera por la Laguna Verde y con destino final al
salar de Uyuni, el más extenso del mundo, donde pretende finalizar
su particular odisea por la zona más austral de los
Andes.
Entrada al desierto
Más al norte de Santiago de Chile, y con un buen rodaje en
las piernas conseguido en la Patagonia, se internó en el desierto de
Atacama con tal de atravesarlo íntegramente en bicicleta realizando
algunos de los pasos más altos de los Andes, como el Agua Negra o el
San Francisco, a casi 5.000 metros de altura. En esta primera fase
desértica también intentó ascender al volcán Ojos del Salado, de
6.893 metros de altura, sin asistencia externa y realizando en
bicicleta la aproximación desde Copiapó (que dista 270 km del campo
base), pero tuvo que abandonar a escasos 300 metros de la cima a
causa de una virulenta tormenta de viento y nieve.
Tras unos
días recuperándose en Copiapó de 12 días de intenso desgaste,
continuó la travesía del desierto, esta vez por la ruta de la costa,
conocida como el “antiguo camino” al norte y a Perú, recorriendo
otros 800 km hasta Antofagasta por caminos y pistas del litoral
atacameño. “Es una zona realmente virgen y curiosa, porque el
desierto de Atacama va desde la costa hasta los 6.000 metros de
altura. Tienen paisajes y ecosistemas muy variados”, destaca el
aventurero, quien añade que “la travesía costera fue menos exigente
a nivel físico pero también requería controlar la logística pues los
puntos con agua distaban a veces más de 100 km unos de
otros”.
Nuevos horizontes
A partir del 1 de abril continuará su viaje hacia Bolivia,
donde pretende cruzar el salar de Uyuni, el mayor del planeta,
también en bicicleta. Su regreso a España está previsto para el 1 de
mayo. A partir de entonces deberá programar junto a sus
patrocinadores su nuevo destino, que podría ser Mojave, en Estados
Unidos, o Gobi, en Mongolia.
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Todo no puede ser… ¡Ni
en las puertas del infierno! (crónica de una ascensión
frustrada)
Hola
amigos y amigas:
Hace 12 días partía de Copiapó, en la costa
de Chile, a 330 metros sobre el nivel del mar, para intentar subir
al Ojos del Salado, de 6.893 metros de altura, el pico nevado más
alto de Chile y el segundo de América después del Aconcagua, que
sólo le mira por encima del hombro por muy pocos
metros. Ayer 4 de marzo de 2004 regresé por mis propios
medios a Copiapó, que dista 280 km del campo base del Ojos, a 5.260
metros de altura, hasta donde fui en mi bicicleta cargado como una
mula (hasta 16 litros de agua) porque el Ojos se encuentra en medio
del desierto de Atacama. Desde la ciudad hasta la montaña no hay
absolutamente nada. Bueno, el edificio de la aduana y un campamento
minero en donde me trataron de forma excelente. También recibí ayuda
y ánimos por parte de los camioneros que usan la ruta para trasladar
el material mineral extraído a 4.800 metros de altitud y que luego
procesan a 3.300 metros y “convierten” en oro y plata. La
cuestión es que la expedición ha resultado extremadamente dura para
mi cuerpo y mi cerebro. Tardé 5 días en llegar al campo base (uno de
descanso a 4.400 msm), pues desde los 3.700 metros de altitud empecé
a notar los efectos de la altura, cosa que no me pasó en el paso
Aguas Negras (de 4.800 m), supongo que a causa de la sequedad del
ambiente en el desierto. Esto me ha servido para ver la mala
combinación que surge al unir desierto y altura. Esto se traduce en
mareos, náuseas, dificultad para dormir, palpitaciones, falta de
apetito… Lo típico del mal de altura. Por eso decidí frenar la
marcha y pasar varias noches entre los 4.000 y los 5.200 msm. Cuando
ya creía que estaba mejor y se me acababan los alimentos, intenté el
ataque a cumbre, el único que tenía como posible, el mismo día que
una expedición de tres franceses guiados por un chileno. Ninguno
hicimos cumbre. Ellos llegaron un poco más arriba, pero tuvieron que
bajar poco más tarde a causa del mal tiempo. Yo me di la vuelta a
6.550 msm, cuando empezaba el temporal, el único que azotó la zona
¡en dos semanas!, aunque el motivo de mi retirada fue puramente
físico. El viento me tiraba pues las piernas me fallaban por entero,
al igual que el equilibrio. Cuando ya estaba en el campo de 5.800
msm, tras un descenso de lo menos divertido, empezó a nevar y
decidí, después de descansar un poco y tomar unas sopas calientes,
seguir hacia el campo de 5.250 msm. Al día siguiente, todavía
afectado por el esfuerzo, seguí con la bici hacia la antigua y
abandonada hostería Murray, a 4.450 msm. Desde allí me quedaban tres
días de bicicleta (otros 280 km) por el camino internacional del
Paso de San Francisco, aunque cubrí la distancia en sólo dos
jornadas aún no sé cómo. Bueno, esto es lo que han dado de sí los
últimos doce días y sus doce noches correspondientes. Mucha soledad,
aislamiento, fatiga y dificultades. Pero lo digo con una sonrisa en
la cara porque ha sido una experiencia de esas que hay que tener al
menos una vez en la vida, para saber lo que es la alta montaña en
soledad y sin vehículos de asistencia, ni mulas ni porteadores
externos. Supongo que mi abandono por cuestiones físicas a poco más
de 6.500 msm se debe a la falta de experiencia en los
avituallamientos (no llevaba productos frescos, por ejemplo) y la
costumbre a los efectos de la altura combinada con la demanda
energética de trasladarme en bici hasta allí. También puede ser
causado por la falta de entrenamiento en la caminata, ya que en los
últimos tres meses sólo he pedaleado. Otras razones podrían ser
puramente fisiológicas, pero esas se tendrán que demostrar en
próximas ocasiones, si vuelvo a enfrentarme a las alturas. De
momento sigo mi viaje en bicicleta hacia el norte atacameño, para
luego cruzar a Bolivia y visitar el salar más grande del
planeta.
Hasta pronto amig@s!
Espero que a todos os
vaya bien todo, o casi todo. Porque ya sabéis, todo no puede ser!
;-)
Sergio
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COMUNICADO DE PRENSA nº 005 durante el
viaje Ushuaia-Uyuni La Serena, Chile,
17 febrero 2004
Por fin, a las
puertas de Atacama
Los
últimos diez días ha pedaleado 800 km por lo Andes, cruzando la
cordillera en dos ocasiones,
alcanzando la altura de 4.779
metros
El
cicloaventurero vallesano Sergio Fernández continúa sumando
kilómetros en su particular odisea ciclista. Tras dos meses de
travesía desde Ushuaia, en el sur de Tierra del Fuego, se encuentra
al fin a las puertas del desierto de Atacama, segunda etapa del
"Reto Top Cable 7 Desiertos".
"Acabo de
cruzar los Andes por el paso Aguas Negras (4.779 m.s.m.). Desde que
partí de Santiago de Chile hace 10 días he pedaleado más de 800 km a
más de 2.000 metros de altura, pasando primero a los pies del
Aconcagua por el paso Libertadores y después regresando a Chile por
el paso Aguas Negras. Ha sido una etapa particularmente dura pero a
la vez bella, pues es el primer contacto con la alta montaña en este
viaje y me he encontrado muy bien", declaraba Sergio.
Todo
ello forma parte del entrenamiento en altura para intentar subir en
bici hasta el campo base del volcán más alto del mundo, el Ojos del
Salado,y después continuar la ascensión a pie, sin ningún tipo de
asistencia externa. "Es lo más alto que he subido jamás y algo de
vértigo sí que siento, pero todo será en su debido momento", afirma
el aventurero, que se muestra optimista ante los nuevos horizontes
que le esperan. "Me siento en forma, perfectamente acoplado a la
bicicleta y al sistema del carro monorueda que me permite llevar más
carga sin sentir tantos desequilibrios en los caminos de montaña",
declaraba respecto a su medio de locomoción.
Ahora mismo suma
ya casi 5.000 km de viaje, en los que ha utilizado un total de tres
juegos de neumáticos. "El terreno es especialmente duro porque nunca
había hecho un viaje con tantos kilómetros por pistas y caminos de
tierra y piedras, pero estoy contento porque me siento más cerca de
la naturaleza que en el asfalto".
Mañana
miércoles, tras un día de reposo en La Serena, el cicloaventurero
partirá hacia el norte en dirección a Copiapó, por la ruta
Panamericana nº 5, adentrándose ya en el desierto más seco del
planeta. Calcula llegar a Copiapó (a 333 km) en dos jornadas si el
viento se lo permite. Una vez allí deberá solicitar permiso oficial
para escalar en solitario el Ojos del Salado. "Desde Copiapó calculo
tres días para subir hasta laguna Verde
(4.300
msm), donde descansaré una jornada antes de subir al campo base de
la montaña. Luego la meteorología y la aclimatación dictarán el
calendario", resume Sergio. En la zona suelen soplar fuertes vientos
y, al estar en medio del desierto, en dicha montaña hay menos
oxígeno que en otros cerros. Además tampoco hay agua ni ríos, por lo
que hasta los 6.200 metros deberá cargar el agua que necesite, pues
hasta esa altura no encontrará nieve que fundir para
hidratarse.
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COMUNICADO DE PRENSA nº 004 Santiago de
Chile, 29 enero 2004
¡¡¡Patagonia
superada!!!
La semana
próxima inicia la preparación para escalar
sin asistencia el volcán
más alto del planeta, el Ojos del Salado (6.864
m)
Intentará
subir en bicicleta hasta el campo base cargando por sí mismo
el
material y los víveres necesarios para la
ascensión
El
cicloaventurero barcelonés Sergio Fernández Tolosa completó ayer en
bicicleta la travesía de la Patagonia al llegar a Villarrica, en la
región chilena de Los Lagos, a los pies del volcán del mismo nombre.
Atrás quedan casi ocho semanas de viaje desde la ciudad más austral
del mundo: Ushuaia. Para ello ha cruzado la desértica Tierra del
Fuego, donde los vientos del Pacífico le opusieron una fuerte
resistencia, y también ha tenido que superar la cordillera andina en
diversas ocasiones, cruzando entre Chile y Argentina un total de
cinco ocasiones. De momento, en este viaje el ciclista acumula ya
3.300 km de pedaleo, de los cuales “más de 2.000 km han sido por
caminos o carreteras de ripio”, destacaba Sergio, lo cual ha
retrasado ligeramente los planes originales.
Problemas mecánicos “La bicicleta ha sufrido mucho a causa del terreno, muy
roto y pedregoso en casi las dos terceras partes del trazado”,
declaraba a su llegada a Santiago de Chile en la tienda InterCycles,
en cuyo taller han empezado a trabajar para poner a punto la
bicicleta de cara a la segunda parte del viaje, que le llevará hasta
La Paz, Bolivia. En las últimas cuatro semanas el aventurero catalán
ha recorrido la legendaria Carretera Austral, antes conocida como
Camino Austral Augusto Pinochet U., y ahora rebautizada como Camino
Longitudinal Austral. Esta ruta de reciente construcción pretende
comunicar algún día Puerto Montt con Punta Arenas. De momento sólo
llega a Villa O’Higgings, y en parte del trazado es sólo un camino
estrecho en el que circulan pocos vehículos.
Nuevos horizontes “La próxima etapa será totalmente distinta. Si hasta
ahora podía beber de los ríos y pescar salmones para la cena en
cualquier arroyo, ahora empieza la parte seca de Chile”, avanza el
periodista y aventurero. A partir del día 1 de febrero tiene
previsto partir de Santiago de Chile con destino a Mendoza, al otro
lado de los Andes, con tal de pedalear a los pies del cerro
Aconcagua, el más alto de América. Luego seguirá su ruta hacia el
norte y regresará a Chile por el paso de Aguas Negras, de 4.700
metros de altura. La subida forma parte de la fase preparatoria para
aclimatar y poder atacar la semana siguiente el Ojos del Salado (el
volcán más alto del planeta), ya en pleno corazón del desierto de
Atacama. “Calculo estar en Copiapó hacia el 15 de febrero y partir
de allí para coronar el volcán, si todo va bien, el 28 de febrero”,
pronostica Sergio.
Muchos ánimos El aventurero, que reside en Cerdanyola del Vallès
(Barcelona), se encuentra muy animado y motivado ante la dura
experiencia que le espera en las próximas semanas. “La Patagonia me
ha servido para ganar la forma necesaria y sobre todo para poner mi
mente a punto para lo que viene ahora, que será seguramente más
duro. También para ver los puntos débiles del material y arreglar lo
que se ha estropeado”, consideraba Sergio. En las últimas semanas ha
intentado ganar peso de cara tener mayores reservas en las etapas
andinas, ya que aunque a partir de ahora arrastrará el equipaje con
un carro monorueda que permite llevar hasta 34 kg de carga, el
desgaste en altura es mucho mayor que a nivel del mar. “No ha sido
difícil porque el clima frío invita a comer y aquí los alimentos son
hipercalóricos”, bromeaba.
Se alarga la expedición Ante las posibilidades que brinda el
desierto de Atacama y las posibles rutas alternativas, el
cicloaventurero avanza la posibilidad de alargar la travesía
realizando un recorrido más largo que el previsto originalmente. “Me
encantaría poder cruzar en bici el salar de Uyuni, en Bolivia, pero
está inundado como mínimo hasta abril. Eso supondrá alargar el viaje
y no descarto ir por el desierto a Perú y regresar más tarde, cuando
las aguas hayan bajado, para cruzar el salar más grande del planeta
pedaleando, sin caminos, sólo con la
brújula”.
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COMUNICADO DE PRENSA nº 003
Barcelona, 25 de octubre de
2003.
Nuevos horizontes
La Patagonia, el desierto de Atacama y el Salar de Uyuni
en bicicleta y en solitario
Irá desde Ushuaia hasta La Paz, en un recorrido
especialmente montañoso de 9.000 km
Tras el éxito de la expedición ciclista
en los desiertos de Australia durante la pasada primavera, el
aventurero Sergio Fernández prosigue ahora con su original reto de
recorrer en bicicleta y en solitario las áreas desérticas más
inhóspitas del planeta. Su segundo objetivo es el desierto de
Atacama, en Chile, hacia donde viajará el próximo 1 de noviembre.
Antes, sin embargo, intentará cruzar la Patagonia argentina desde
Ushuaia, la ciudad austral del planeta, viajando siempre en bici
hacia el norte, siguiendo la accidentada línea de los Andes hasta
Santiago de Chile y más tarde hasta el Altiplano boliviano. Durante
el viaje, que podría alargarse unos cuatro meses, el aventurero
catalán intentará realizar ascensiones andinas a diversos volcanes,
algunos de ellos activos, ya sea “con o sin bicicleta”, y
deberá superar puertos de alta montaña de más de 4.700 metros de
altitud.
Los precedentes
El “Reto Top Cable 7 Desiertos” consiste en atravesar los
siete desiertos más grandes y emblemáticos de la Tierra. El primer
destino fue Australia, donde recorrió los cerca de 6.000 km que
separan las ciudades de Darwin y Sydney. La travesía le supuso dos
meses de solitario pedaleo a través de la Stuart Highway, la única
carretera asfaltada que cruza el país, para después entrar en el
desierto de Tirari por la legendaria Oodnadatta Track, una pista de
tierra, piedras y arena en la | |