notas de prensa

ATENCIÓN: el contenido de las notas de prensa se mantiene como el día en que fueron redactadas y emitidas. No han sido actualizadas, por lo que en algunos casos conservan calendarios previstos que después cambiaron, como cuando anuncié que en 2005 cruzaría el Mojave y el Gobi y después hice Namib y Kalahari dejando el Gobi para el año siguiente, o cuando opté por terminar el proyecto con el Sahara y no con el Gobi, como había planeado durante un cierto tiempo...

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© Imagen superior tomada desde satélite publicada por la NASA (sin copyright)




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Reto Top Cable 7 Desiertos

COMUNICADO DE PRENSA FINAL (12-06-2007)

Sergio Fernández completa el Reto 7 Desiertos
al cruzar el Sahara en bicicleta y en solitario

En los últimos cuatro años ha recorrido los siete desiertos más emblemáticos de los cinco continentes; ahora prepara un libro y una película sobre la aventura

Martes, 12 de junio de 2007, Barcelona - A orillas del río Níger, en Bamako (Malí), el periodista y aventurero Sergio Fernández Tolosa (Barcelona, 1974) ponía la pasada semana punto y final a su particular odisea ciclista. Quedaban atrás 4.500 km y dos meses de travesía trans-sahariana, con frecuentes tormentas de arena y temperaturas que alcanzaban los 45º C a la sombra durante gran parte del día, pero también la habitual hospitalidad de las gentes del desierto.

“Lo más duro del viaje ha sido la climatología. A causa de la lesión en el hombro tuve que alterar el calendario y llegué al Sahara con casi cuatro meses de retraso. El calor y las tormentas de arena propias de esta época del año han endurecido muchísimo la ruta, que era, al menos aparentemente, una de las más accesibles de cuantas se pueden hacer a través del Sahara”, explicaba Sergio a su regreso a Barcelona el pasado viernes por la noche.

Dos meses de viaje
La expedición comenzaba dos meses antes en la ciudad de Marrakech, habitual destino de las mercancías que transportaban las caravanas que antaño recorrían el Sahara. “Uno de los hilos argumentales del viaje era el antiguo comercio caravanero, pero después, a medida que avanzaba hacia el sur, la pura realidad humana, actual y viva, de las zonas que he recorrido, han aportado el valor añadido al viaje, algo que estaba buscando tanto para mi propia experiencia como para los reportajes que quería hacer sobre la travesía”, manifestaba el aventurero, que colabora con un programa de Televisió de Catalunya (www.tempsdaventura.com) y realiza reportajes sobre sus periplos ciclistas para diversas publicaciones escritas.

A nivel deportivo, el primer obstáculo a superar eran los montes Atlas. Una larga subida se anteponía entre el bullicio de Marrakech y la soledad del desierto. Tras dos jornadas de larga ascensión, al otro lado del collado de Tichka aparecía el fértil valle del Draa, conocido por sus oasis de palmeras y las legendarias kashbahs, ciudades fortificadas a orillas del río que cobijaron a caravaneros y comerciantes durante siglos.

A partir de Zagora, los oasis empiezan a escasear y el río pasa a ser subterráneo. M´Hamid es el último lugar habitado a orillas del Draa antes de llegar a Argelia. Aquí termina la carretera asfaltada y las dunas del Gran Erg Occidental empiezan a tragarse las casas de la parte antigua del pueblo. A partir de este punto sólo restan 30 km hasta la frontera argelina, cerrada desde 1994.

El viaje prosiguió por diversas pistas cercanas al curso del río Draa, cuyo cauce permanece seco gran parte del año, y vira hacia el oeste, desembocando en el océano Atlántico, cerca de Tan Tan, a las puertas del Sahara Occidental, donde “los controles militares y el ambiente de ocupación se respira en todas las poblaciones, incluso para el que sólo está de paso”, lamentaba Sergio. La travesía ciclista continuaba por la carretera que va hasta Mauritania entre el mar y los campos de minas, pasando por ciudades como Laayoune y Dakhla, donde debía aprovisionarse de víveres para poder recorrer en plena autonomía las largas distancias que separan los puntos habitados en esta zona.

Calor, viento y arena
La llegada a Mauritania no supuso grandes cambios en cuanto al paisaje, aunque la ruta se desviaba ligeramente hacia el interior y empezaban las tormentas de arena. Los vientos predominantes procedentes del desierto, conocidos como harmattan o irivi, según la región, arrastraban arena las 24 horas del día. “Durante una semana tuve la sensación de viajar dentro de una nube de polvo, día y noche, siempre masticando arena, que entra por todas partes: orejas, boca, ojos… Es una sensación agobiante que puede acabar con la paciencia de cualquiera”, explicaba Sergio, quien añadió que “por suerte el viento en esta fase me venía de lado, lo cual me ayudaba a avanzar más rápido”.

La llegada a Nouackchott supuso un cierto alivio y le concedió unos días de descanso. “Allí pude empezar a comer un poco mejor. En los últimos 500 kilómetros apenas había comido galletas saladas y latas de sardinas”. También tuvo que superar una breve crisis de motivación: “Ya había cruzado el Sahara de norte a sur, había llegado al Sahel, y el verano estaba llegando con más calor y más vientos del este, así que entré en una espiral negativa que casi me hace desistir y anular los planes originales de continuar hacia Malí, pero tras un descanso recapacité y reinicié el viaje en dirección al interior del continente, contra el viento, en dirección al calor, era algo antinatural, pero tenía que intentarlo, sentía que la expedición estaba inacabada”, recordaba Sergio.

Hay que tener en cuenta que aunque el Sahara alcanza hasta la misma costa Atlántica, la influencia del océano suaviza las temperaturas en una franja del litoral que puede alcanzar los 50 kilómetros. “Más allá, el cambio térmico es total”, aseguraba el aventurero, que describía las primeras jornadas de marcha hacia el interior del desierto como “los días más duros de los 30.000 km que he hecho a lo largo de los cuatro años y medio que ha durado el proyecto. Por el calor y el viento abrasador que soplaba en contra, era una batalla perdida de antemano. Sabía que el Sahara me iba a exigir lo mejor de mí, toda mi paciencia y todo lo que había aprendido en los otros desiertos, y así ha ocurrido”.

Durante varias jornadas luchó por aclimatarse al calor. Pedaleaba unos 100 km diarios, haciendo una parte de la etapa entre el amanecer y las 10 de la mañana, en que paraba a descansar cuando el calor “ya era insoportable”, y retomando la marcha “poco antes del ocaso, aprovechando las primeras horas de la noche para avanzar a la luz de la linterna frontal unos cuantos kilómetros antes de encontrar un lugar para plantar la tienda o, sencillamente, vivaquear en medio del desierto”. Las etapas las dictaba el día a día. “Yo sólo procuraba avanzar lo máximo posible siempre que sea posible, aunque las condiciones no sean las óptimas. Si algo he aprendido es a hacer hoy todo lo que puedas, ya que mañana el viento en contra puede ser aún peor”.

En esta fase del viaje empezó a beber agua en grandes cantidades: casi diez litros por jornada. “No te das cuenta y estás deshidratado. Bebiendo siete litros de agua sólo orinaba una o dos veces al día”, puntualizaba el aventurero, que se avituallaba de líquidos en los pozos que abundan a lo largo de la ruta. “Los pozos son una fuente de vida y un lugar de encuentro. Siempre hay gente abrevando sus rebaños, recolectando agua para llevar a su casa o a su campamento. Lo hacen en grandes bidones sobre los lomos de un asno o de los camellos. Beber agua directamente de los pozos es una experiencia única, entras en la dinámica de la vida local, te integras… Al llegar a un lugar habitado, lo primero que te ofrecen es agua. Al principio me daba miedo caer enfermo. Luego me bebía hasta los charcos. Nunca me había sentido tan integrado en la naturaleza. El agua indica de dónde procede y de qué depende toda la vida”, explicaba Sergio.


Siete expediciones en cuatro años
La travesía del Sahara era la última de las siete expediciones en bicicleta, en solitario y sin asistencias, que le han llevado a los siete desiertos más emblemáticos de los cinco continentes. En total, ha sumado 30.000 km a través de algunas de las regiones más áridas del planeta. En 2003 cruzó Australia desde Darwin hasta Sydney. En 2004 recorrió la Patagonia y el desierto de Atacama. En la primavera de 2005 pedaleó a través de los desiertos de los Estados Unidos y en otoño atravesó el Namib y el Kalahari, en Namibia y Botswana respectivamente. En 2006 llegó el turno del Gobi, entre Mongolia y China. El Sahara estaba previsto para el invierno del 2007, pero una lesión en el hombro ocurrida durante una caída mientras entrenaba en los caminos de Collserola en diciembre de 2006 le obligó a postergar la marcha al norte del África hasta principios de abril, cuando el calor y las tormentas de arena hacen aún más difícil la vida en el desierto. “Lo más sensato era esperar al otoño, pero tenía los compromisos con la editorial y la productora de la película y me dije: <<¡inténtalo!, si no puedes, no puedes, pero ¡inténtalo!>>”, recuerda.

La segunda parte de la ruta trans-sahariana le iba a llevar desde Nouackchott hasta Nema, donde termina la “Carretera de la Esperanza”, una vía pavimentada de 1.200 km que comunica ambas poblaciones desde hace tres décadas y que sirve de eje vital para el comercio en el sur de Mauritania. A más de mil kilómetros de la costa, el calor, a mediados de mayo, era insoportable. “Incluso los nómadas que viven en la zona me decían que hacía mucho calor. Me invitaban a entrar en sus jaimas y tomar té a la sombra, donde la temperatura rondaba los 43 grados centígrados”, recordaba Sergio.

Después de pasar varios días en Walata, la mítica ciudad de las caravanas, situada a sólo 400 km de la legendaria Tombuctú, reinició la marcha en dirección al sur, a través del Sahel, para llegar hasta Bamako, a orillas del río Níger, límite natural del desierto del Sahara. “Hacía sesenta días que había salido de Marrakech, más o menos los mismos que necesitaba una caravana de camellos para hacer el mismo recorrido”, subrayaba el cicloaventurero, que ahora mismo ya ultima la redacción del último capítulo de un libro que englobará las siete expediciones y que según el propio autor “se ha escrito a sí mismo desde el primer día de pedaleo por Australia; yo lo único que hago es redactar lo que he visto y vivido en estos siete viajes, con los recuerdos, mis notas y con las fotos que he hecho”. La publicación está prevista para el próximo otoño.

Por otra parte, el realizador de televisión Uri Garcia, premiado con un Ondas por el documental El 23-F desde dentro, ya está trabajando en la edición del documental sobre la epopeya ciclista y viajera de Sergio Fernández, que ha grabado con una pequeña videocámara las siete expediciones, de las que ya se han emitido reportajes de hasta 15 minutos en diversos programas de TV3 (Televisió de Catalunya), TVE (Televisión Española), Teledeporte, Barcelona TV, Antena 3 TV, City TV, etc.

 

FOTOGRAFÍAS PARA PRENSA
Y PATROCINADORES

ATENCIÓN: Estas fotografías pertenecen a la expedición del Sahara y son obra de Sergio Fernández Tolosa.

Para utilizarlas hay dos condiciones:

1ª que ilustren reportajes, noticias o entrevistas relacionadas con el Reto 7 Desiertos

2ª citar el nombre del autor

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Pedaleando frente a las bellas formaciones rocosas que hay alrededor de Ayún el Atrús, al sur de Mauritania, región que hace sólo 5.000 años gozaba de un clima húmedo y estaba cubierta de lagos (sahara001)


Superando el collado de Tichka, en el Alto Atlas, a dos días de marcha de Marrakech, el punto escogido para iniciar el viaje a través del Sahara (sahara004)


Pedaleando frente a las bellas formaciones rocosas que hay alrededor de Ayún el Atrús, al sur de Mauritania, región que hace sólo 5.000 años gozaba de un clima húmedo y estaba cubierta de lagos (sahara002)


A finales de junio, en el interior de Mauritania las temperaturas fluctúan entre los 35º C de mínima nocturna y los 45º C de máxima a la sombra  (sahara003)


Una sombra en el camino para pasar las horas de más calor: a las 10 AM el termómetro ya marca 42º C a la sombra (sahara005)


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COMUNICADO DE PRENSA PREVIO A LA EXPEDICIÓN DEL SAHARA

Barcelona, 26-03-2007

CRUZAR EL SAHARA EN BICICLETA Y EN SOLITARIO

El aventurero Sergio Fernández Tolosa afronta la última travesía del Reto 7 Desiertos

El próximo 2 de abril el cicloaventurero Sergio Fernández Tolosa iniciará la travesía del desierto del Sahara en bicicleta y en solitario. Para ello recorrerá unos 6.000 km en un plazo de diez semanas. Lo hará como en sus anteriores expediciones, sin ningún tipo de asistencia externa ni vehículo de apoyo, cargando todo lo necesario para sobrevivir en un pequeño remolque que arrastra él mismo y que va sujeto a la parte trasera de su bicicleta. El agua y los alimentos necesarios los conseguirá por el camino, en oasis, aldeas o de los propios nómadas que habitan en algunos enclaves del desierto y conocen la situación de pozos y manantiales subterráneos.

30.000 km en las retinas
Con la travesía del Sahara, el aventurero barcelonés pretende poner fin al proyecto que inició hace cuatro años en Australia y que le ha llevado a recorrer en su bicicleta los desiertos más emblemáticos de cada continente. Al legendario outback australiano (2003) le siguieron la Patagonia y el desierto de Atacama (2004), los desiertos del oeste de Estados Unidos (2005), el Namib (2005), el Kalahari (2005) y el desierto de Gobi (2006). Ahora le llega el turno al Sahara, el desierto cálido más grande del planeta.

 El punto de partida para este largo viaje es Marrakech. Tras superar los montes Atlas entrará al valle del Draa, a las puertas del Gran Erg Occidental, que tendrá que rodear a través de los territorios del Sahara Occidental, pues la frontera entre Marruecos y Argelia permanece cerrada desde 1994. El viaje continuará por Mauritania, donde se desviará hacia el interior, alcanzando la ciudad de Atar y las dunas de Chinguetti, para después seguir hacia el sur con rumbo a Malí y completar la travesía a orillas del río Níger, ya en el Sahel.

Cuando regrese a casa a principios de julio, habrá recorrido más de 30.000 km por las zonas más áridas y solitarias de la Tierra. Sobre sus vivencias y con las fotografías que ha tomado durante estos cuatro años ha preparado un libro que saldrá publicado en octubre de 2007 tras completar el capítulo dedicado al Sahara.

También se editará una película a partir de las cintas que ha grabado él mismo durante sus viajes con una pequeño cámara y un trípode, y que será dirigida por Uri Garcia, ganador de un Ondas en 2001, entre otros premios, por el documental sobre el golpe de estado fallido del 23F.
 

Época de calor
A causa de la accidental lesión en un hombro durante el pasado invierno, la partida hacia el Sahara ha sido aplazada en dos ocasiones. La estación ideal para esta travesía va de enero a abril, pero no es el calor lo que más preocupa al cicloaventurero, que ya sabe lo que es pedalear a 50º C bajo el sol del Namib. Sí le inquieta, en cambio, la dirección predominante de los vientos. También la seguridad, por lo que ha decidido descartar las regiones fronterizas entre Argelia, Malí y Níger, evitando las zonas teóricamente controladas por grupos armados de supuestos rebeldes tuareg.

Durante las etapas más largas sin opción al avituallamiento tendrá que cargar hasta 20 litros de agua en su remolque, cantidad necesaria para pasar hasta tres días pedaleando. Como hasta ahora, utilizará una bicicleta de montaña y llevará consigo todo lo necesario para eventuales reparaciones, así como una cocina ultraligera, una tienda de camping, un saco de dormir, mapas, brújula y el equipo preciso para ser autosuficiente, sin olvidar las cámaras de video y de fotos con las que ha documentado sus viajes anteriores, de los que han emitido reportajes programas como Temps d’Aventura (de Televisió de Catalunya), Deporte.es (de Televisión Española), entre otros.
 

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COMUNICADO DE PRENSA: “Gobi”

1 septiembre de 2006

El periodista Sergio Fernández completa la travesía del desierto de Gobi
en bicicleta y en solitario

Se trata de la sexta expedición del proyecto que le está llevando a los desiertos
más emblemáticos de cada continente

El periodista y fotógrafo Sergio Fernández Tolosa (Barcelona, 1974) ha culminado con éxito su travesía en bicicleta y en solitario a través del desierto del Gobi, situado entre el sur de Mongolia y el norte de China. Para ello ha realizado en bicicleta un total de 3.500 km entre Ulan Bator y Pekín, las capitales respectivas de ambos países. Como en el resto de las expediciones del Reto “Top Cable” 7 Desiertos, ha utilizado una bici de montaña y un remolque mono-rueda, arrastrando todo lo necesario para acampar, comida y agua, lo que le permite viajar en solitario y sin ningún vehiculo que le asista.

En el caso del Gobi, durante varias semanas, su única fuente de alimentos y agua han sido los propios nómadas que habitan aun hoy algunas zonas de este yermo e inhóspito territorio tal y como lo han hecho sus antepasados desde hace siglos. Lo hacen formando pequeños grupos unifamiliares, totalmente autónomos, que dependen exclusivamente de lo que obtienen de sus rebaños de ovejas, cabras, caballos y camellos, que viajan con ellos a través del desierto en función de la época del año. Su vida gira en torno a la búsqueda de los siempre escasos pastos, labor difícil en una región hiperárida en la que la media anual de precipitaciones no supera los 150 mililitros por metro cuadrado (menos de un vaso de agua por metro cuadrado al año) y el clima es extremadamente severo, pues “durante el verano las medias superan los 40 grados centígrados y en invierno se alcanzan los 40 bajo cero”, explicaba Sergio Fernández a su llegada a Pekín tras seis semanas de viaje ciclista.

Dificultades
“Ha sido una de las travesías mas duras de las que he realizado hasta la fecha, no por el calor, sino por el terreno, en el que es muy difícil orientarse sin GPS, la inexistencia de caminos o pistas señalizados, y la falta absoluta de sombras donde refugiarse en las horas mas calidas de la jornada”,
explicaba el periodista, quien añadía que “por otra parte, también ha sido la travesía mas enriquecedora que he hecho hasta el momento, un autentico viaje en todos los sentidos”.

Respecto a la duración de la expedición, Sergio Fernández comentaba que se podría haber hecho en menos tiempo, por lo que puntualizaba: “en el Gobi, el tiempo utilizado era lo de menos: la convivencia con los nómadas ha sido la parte mas interesante de este viaje, que sin duda ha superado el mero reto deportivo. Ver cómo viven hoy día estas personas, única y exclusivamente de sus rebaños, en un lugar como este, ha sido una experiencia vital que supera a cualquier otra. Tantos días viviendo como ellos, comiendo lo mismo que ellos, disfrutando de su hospitalidad innata, tan necesaria en un lugar en el que la supervivencia depende estrechamente de los caprichos de la naturaleza…”. 

Itinerario especial
La elección del itinerario también influyo en la duración del viaje. En vez de buscar el camino mas corto entre Ulan Bator y Beijing, lo que hizo fue trazar una ruta que aglutinase los tres tipos de paisaje que existen en Mongolia: estepa, montanas y desierto. Por eso empezó a pedalear hacia el oeste, a través de la estepa, para luego adentrarse en la montanas Khangai, que una vez superadas dieron paso a las llanuras del desierto de Gobi, donde viajo a razón de 500 km por semana, pues la calidad de los caminos le impedía hacer mas de 100 km diarios pese a pedalear entre 10 y 12 horas por jornada en los tramos mas aislados, en los que tuvo que imponerse una férrea disciplina de pedaleo diario para poder ir de un pozo hasta el siguiente sin quedarse sin agua. 

Un desierto distinto
El Gobi (en mongol, Gobi significa literalmente “desierto”) ocupa 1.300.000 km2, es decir, algo mas de 2’5 veces la superficie de España, y se extiende entre el sur de Mongolia y el norte de China. La mayor parte del territorio lo forman pedregales y llanuras, salpicadas por algunas cadenas montañosas de origen volcánico y una serie de cordones de dunas que apenas cubren el 5% de la superficie total del desierto.

“Para cruzar el Gobi en bicicleta”, detallaba Sergio Fernández, “pensé que había que empezar en la antigua capital del imperio mongol y viajar hasta un lugar simbólico que represente el fin del desierto, como las montanas al norte de Pekín, donde se construyo la Gran Muralla”. Por este motivo trazo una ruta de norte a sur, desde la actual capital de Mongolia hasta Beijing, pasando por la ciudad de Kharkhorum, la capital original del imperio fundado por Genghis Khan hace 800 años, hasta la Gran Muralla China, construida al norte de Beijing precisamente para protegerse de los que vivían en las inhóspitas y aparentemente baldías tierras norte. “No era la ruta mas fácil ni la mas corta, pero si era la ruta que yo creí mas interesante, tanto desde el punto de vista paisajístico como humano. Desde el principio descarte la ruta principal que une las dos capitales, pero tuve que cruzar la frontera por el único paso que esta abierto a los extranjeros, el de Erenhot, lo que significo dar un rodeo de 750 km por una zona poco atractiva aparentemente, pero que después resulto ser una de las mas interesantes por las condiciones que se dan en esta región limítrofe”, explicaba Sergio Fernádez¨.

La siguiente expedición le llevara al Sahara, en donde todavía no ha determinado la ruta a seguir, pero todo indica que empezará a pedalear en Marruecos a principios del próximo año.
 

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COMUNICADO DE PRENSA: NAMIB Y KALAHARI

Barcelona, 19 de diciembre de 2005

Namib y Kalahari superados

E
l cicloaventurero barcelonés Sergio Fernández suma dos nuevos desiertos a su particular desafío

“Me he acostumbrado a pedalear a más de 50 grados de temperatura”

Los desiertos de Namib, en la legendaria Costa de los Esqueletos de Namibia, y Kalahari, en el corazón de Botswana, han sido los últimos escenarios de la particular odisea ciclista del periodista barcelonés Sergio Fernández Tolosa, 31, quien ya lleva tres años recorriendo en bicicleta, en solitario y sin asistencias de ningún tipo, los siete desiertos más emblemáticos de los cinco continentes.

Tres años de aventuras
Primero cruzó los desiertos de Australia, realizando 6.000 km desde Darwin hasta Sydney. Luego continuó su periplo hacia la Patagonia, en Argentina, enlazando la travesía con una ardua expedición por el yermo desierto de Atacama, en Chile, finalizando una travesía de 8.200 km en el salar de Uyuni, en Bolivia. Antes de abandonar el continente americano recorrió los desiertos de California, Nevada, Utah y Arizona, sumando otros 3.000 km entre las localidades de San Diego y Denver, Colorado. Ahora le ha llegado el turno a África, en donde ya ha cubierto los desiertos de Namib, en Namibia, y Kalahari, en Botswana, realizando en bicicleta más de 3.000 km. El año próximo tiene previstas otras dos expediciones desérticas, con las que completaría la lista del “Reto Top Cable 7 Desiertos”, del que prepara la edición de un libro y una película con las imágenes grabadas. Una de ellas será en el inmenso Sahara y la otra en el desierto de Gobi, entre China y Mongolia.  

Namib: 2.000 km de polvo, arena y sueños
“El desierto de Namib ha supuesto un esfuerzo extraordinario. Jamás hasta ahora había tenido que pedalear por pistas en verdadero mal estado a temperaturas que rondaban los 55 grados”,
destacaba Sergio Fernández a su regreso a Barcelona. La travesía del Namib comenzó en la capital de Namibia, situada a unos 500 km de la costa Atlántica. “El desierto de Namib comprende una franja de varios centenares de kilómetros a lo largo de todo el litoral del país”, explicaba el aventurero, quien decidió cruzar el desierto a través de la región montañosa del Naukluft, alcanzando el océano en Walbis Bay, no sin antes haber pasado por el mar de dunas de Sossusvlei.

A razón de etapas diarias que rondaban los 120 km por pistas pedregosas tuvo que sortear obstáculos orográficos importantes, como los cañones de Gaub y Kuiseb, así como diversos puertos de montaña. “El tramo más largo sin posibilidad de conseguir agua fue el que va de Solitaire a Walbis Bay”, recuerda el ciclista. Son 240 km por una pista de tierra y piedras que atraviesa una región deshabitada. Para vencer a las altas temperaturas, que en las horas centrales del día se acercaban a los 60 grados Celsius al sol, optó por pedalear gran parte de la noche “aprovechando la luna llena”.

Tras reponer su despensa en Swakopmund, antigua colonia alemana en la costa del país, la travesía continuó hacia el norte del país a través del corredor que separa los bancos de dunas de la costa de la gran llanura de Etosha. Sumaba así otros dos mil kilómetros a través de esta región hiperárida en la que gracias al agua subterránea subsisten los pueblos Damara, Herero y Himba, todos ellos de tradición ganadera, a la vez que tuvo ocasión de ver de cerca “sin entrar en ningún parque nacional ni reserva” al emblemático elefante del desierto que habita en el curso del casi siempre seco río Ugab, manadas de cebras montaña, diversas clases de antílopes y huellas dejadas en la arena por ejemplares de otras especies que “es mejor evitar”, como leones, rinocerontes y “todo tipo de insectos, serpientes y arácnidos”.

Kalahari: la “gran sed”
Tras cruzar el desierto de Namib, cuyo límite norte se encuentra en la frontera con Angola, el periodista decidió pasar varios días en la región de Kunene, antes conocida como Kaokoland, con tal de visitar las aldeas semipermanentes en las que viven clanes Himba. Allí tuvo ocasión de comprobar que incluso en el siglo XXI las ancestrales costumbres y la forma de vida nómada pueden ser una realidad. El cicloviajero fue testimonio de la ceremonia del fuego sagrado, que ayuda a resolver los problemas del grupo, y del ordeñe de la vaca sagrada, actividad realizada cada mañana, con tal de buscar el favor de los dioses.

Poco después reinició la marcha para recorrer esta vez el desierto de Kalahari, cuyo nombre procede de la palabra Kgalagadi’, que en lengua tswana significa, literalmente, ‘la gran sed’.

A causa de las estrictas normativas de los parques nacionales en Botswana, el itinerario quedó “totalmente restringido” al corredor artificial que se ha creado en medio del inmenso desierto, surcado por la Trans-Kalahari Highway, vía asfaltada desde 1998. Después de recorrer el Namib, con sus “caminos pedregosos y subidas inhumanas”, el Kalahari se presentaba aparentemente “más accesible”, aunque “la distancia entre dos puntos sin opción de avituallarse de agua y alimentos se elevaba a 320 km en algunas ocasiones”.

Todo ello supuso que la travesía debía realizarse en el menor tiempo posible, lo que le obligaba a cargar con hasta 18 litros de agua y recorrer una media de 180 km diarios. “En estas condiciones de calor y sequedad extrema el cuerpo se deshidrata sin que te des cuenta. El cuerpo te pide agua continuamente y jamás tienes la sensación de transpirar. Sin embargo, la deshidratación es un hecho constante: en una etapa bebes ocho litros de agua y no vas a baño en todo el día”, explica Sergio Fernández, quien calculaba sus reservas de agua en base a la pasmosa ecuación de “un litro por hora de ejercicio, que a veces supone 20 km y otras sólo diez, en función del viento y el terreno”.

 

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COMUNICADO DE PRENSA PREVIO A NAMIB Y KALAHARI

15 de septiembre de 2005

Nuevos horizontes para el Reto Top Cable 7 Desiertos
Sergio Fernández viajará al Namib y el Kalahari en bici y en solitario

El cicloaventurero y periodista Sergio Fernández Tolosa parte el próximo 5 de octubre hacia Namibia para realizar la cuarta expedición correspondiente al Reto Top Cable 7 Desiertos, que ya le ha llevado a cruzar en su bicicleta de montaña y en solitario los desiertos de Australia, Atacama (Chile) y Mojave (EEUU). En la presente expedición, la travesía le llevará hasta el desierto de Namib, en la costa del océano Atlántico, donde existe el campo de dunas de arena roja más altas del mundo. A continuación viajará hacia el interior del continente a través del delta del río Okavango, el único que desemboca en mitad del desierto de Kalahari, ya en territorio del país vecino, Botswana, para terminar el viaje en la capital del país, Gaborone. La travesía ciclista supondrá un total aproximado de 6.000 km que cubrirá en su bicicleta de montaña Massi Z9 a lo largo de más de dos meses.

Respecto a las condiciones de la aventura, Sergio Fernández la ha planteado como las anteriores: en régimen de plena autonomía, avituallándose de agua y alimentos por el camino, allí donde le sea posible, transportando todos los víveres y su equipo personal en un carro especial que arrastra tras la bicicleta. “La mayor dificultad será el calor, el viento y la distancia entre lugares habitados, además de las condiciones de las pistas, muy pedregosas y arenosas”, declaró Sergio Fernández. Siguiendo el mismo esquema que en expediciones anteriores, el periodista barcelonés realizará diversos reportajes para distintos medios de comunicación, tanto en el sector de la prensa como en la televisión. Precisamente gracias a sus apariciones en diversos programas de canales de ámbito nacional, aprovechando el interés demostrado por la naturaleza del Reto Top Cable 7 Desiertos, el aventurero baraja la posibilidad de escribir un libro narrando sus peripecias a través de los desiertos más emblemáticos del planeta. Después de la experiencia surafricana, de cara al 2006 tiene previsto cruzar los desiertos de Gobi, en la tierra vacía que separa China y Mongolia, y Sahara, con lo que daría por concluido el proyecto que inició en abril de 2003 en tierras australianas.

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COMUNICADO DE PRENSA ESPECIAL POSTERIOR A LA TRAVESÍA DEL MOJAVE EN EE.UU.

  12 de mayo de 2005

Una lesión impide a Sergio Fernández continuar
su viaje en bicicleta desde San Diego hasta Alaska
 

Tras cruzar el desierto de Mojave continuó pedaleando hasta el norte de Utah,
atravesando las reservas indias de havasupai y la nación de los navajo

Tras superar con éxito el tercer desierto de la lista de Reto Top Cable 7 Desiertos, el Mojave, en los Estados Unidos, el cicloaventurero catalán ha visto desvanecerse su sueño de continuar pedaleando hacia la remota y salvaje Alaska. El accidente ocurrió mientras caminaba por los intrincados cañones de Utah en busca de ruinas de los anasazis, construcciones abandonadas misteriosamente y ocultas en profundas gargantas erosionadas por el paso del tiempo y la fuerza de los elementos.

Mala suerte
“Estaba tomando unas fotografías cuando pise en falso y todo mi cuerpo se vino abajo. Sentí que algo iba mal pero sólo en el tobillo”, explica Sergio, que enseguida se dio cuenta de que “el viaje había terminado”. El cicloaventurero admite que todo ocurrió por un exceso de confianza y también falta de atención en un momento que requería más cautela. “Me encontraba casi al final del sendero del Druid Arch, a 9 km del aparcamiento donde había dejado la bicicleta. El cañón se estrecha justo antes de llegar al arco de piedra natural. Paré a tomar una foto y me encaramé a un promontorio para lograr una mejor perspectiva. Al bajar de la roca no me cercioré de un agujero en el suelo, donde metí el pie de lleno. Es lo que se dice mala pata”, reconoce el aventurero.

Próximo objetivo
Sergio Fernández tuvo que salir del cañón por sus propios medios, es decir, caminando, aunque contó con el apoyo de otros senderistas que encontró durante su regreso. Al llegar al hospital los rayos X permitieron descartar fracturas y el diagnóstico, aunque no es grave, supone varias semanas de reposo. Ello implica que el viaje hacia el norte a través de Canadá hasta la remota Alaska tendrá que esperar. “Es otra enseñanza de los viajes: nunca sabes cuándo ni dónde ni cómo acaban”, explica Sergio Fernández, que ya piensa en la nueva cita ciclista del Reto Top Cable 7 Desiertos, el próximo otoño, en África: el Sahara.

3.000 kilómetros
Antes de la desafortunada caída, sin embargo, Sergio recorrió parte de Nevada, hasta la ciudad de Las Vegas, para continuar su periplo hacia el Grand Canyon del río Colorado, donde realizó diversas travesías pedestres, pues las bicicletas están prohibidas en los senderos del parque nacional. También recorrió las reservas de los indios havasupai y la Navajo Nation, en Arizona, antes de cruzar el emblemático Monument Valley. En total, antes de sufrir el esguince, había recorrido cerca de 3.000 km en su mountain bike, sin asistencia y en solitario, por los desiertos de California, Nevada, Arizona y parte de Utah.

Cambios en el calendario
Sobre el siguiente destino del Reto Top Cable 7 Desiertos, Sergio Fernández anuncia cambios. Aunque había previsto viajar a Mongolia para cruzar el desierto de Gobi, seguramente cambie el orden de las expediciones y viaje primero al mayor desierto del mundo: el Sahara. Para ello ha planteado una ruta que parte “de Marruecos, va hacia Argelia y entra Níger desde Tamanrasset. La época ideal es el invierno, por lo que hay que empezar a pedalear en otoño, siempre que la situación sociopolítica de la zona lo permita, pues la frontera entre Argelia y Níger es inestable y no muy recomendable para viajeros solitarios”.

¿Qué es el “Reto Top Cable 7 Desiertos”?
Más de cinco años de viajes a través de los lugares más inhóspitos del planeta. Más de 30.000 km previstos en un total de siete expediciones. Todos ellos en bicicleta de montaña, sin asistencia externa de ningún tipo, en los rincones más aislados del mundo. Los desiertos de Australia, Atacama (Chile), Gobi (Mongolia), Kalahari  (Botswana), Namib (Namibia), Mojave (Estados Unidos) y Sáhara son el objetivo del periodista y aventurero catalán Sergio Fernández Tolosa, que se propuso hace dos años viajar a través de ellos en bici y en solitario.

El “Reto Top Cable 7 Desiertos” consiste en atravesar en bicicleta los siete desiertos más grandes y emblemáticos de los cinco continentes. El proyecto surgió en la mente del protagonista de la historia durante un viaje en bicicleta por el sur de Túnez, a las puertas del Sahara, durante febrero de 2002. “Siempre he sentido una gran atracción por el desierto. En Túnez tuve ocasión de sentirme como nunca. El aislamiento es la verdadera aventura”, manifiesta Sergio Fernández. Tras estudiar con detalle todas las opciones, con la ayuda y consejos de viajeros con experiencia en travesías saharianas en vehículos a motor, Sergio Fernández diseñó varias rutas para los desiertos más representativos de cada continente. En 2003 realizó la travesía íntegra de Australia por el centro del país y en 2004 culminó un viaje de 9.000 km por la Patagonia y el desierto de Atacama en el salar más grande del planeta.

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14 de abril de 2005

El cicloaventurero Sergio Fernández supera el Mojave,
la tercera etapa del Reto Top Cable 7 Desiertos  

Los desiertos de Sonora y Mojave, en los EEUU, ha supuesto 12 días de travesía para un total de 1.300 km

El recorrido entre San Diego y el Valle de la Muerte prosigue ahora hacia la ciudad de Las Vegas, el Grand Canyon del Colorado y los áridos paisajes de Utah

El periodista y aventurero Sergio Fernández, tras cruzar en bicicleta y en solitario los desiertos de Australia y Atacama (Chile), acaba de superar con éxito el tercer desierto de la lista: el Mojave, en los Estados Unidos. La travesía comenzó en la ciudad de San Diego el día 1 de abril y le ha supuesto doce días en los que ha recorrido un total de 1.300 km a través de viejos caminos y carreteras históricas que en su día fueron utilizadas por los pioneros de mediados del siglo XIX que se aventuraban con sus carretas en los desiertos de California con tal de hallar fortuna más allá de las montañas de Sierra Nevada.

La travesía de los desiertos de California, desde la frontera mexicana en lo que se conoce como desierto de Sonora, hasta el Valle de la Muerte, lindando con Nevada, es la más corta de las que forman el Reto Top Cable 7 Desiertos. También la menos solitaria. Sin embargo, pese a que la zona cuenta con una compleja red de carreteras, el aventurero catalán tuvo que vencer ciertas dificultades recorrer la ruta que había establecido. Los fuertes vientos que soplan en la zona y cambian de dirección sin previo aviso han sido su peor pesadilla. “En Anza Borrego el viento me ayudó un día, pero al día siguiente no pude moverme del campamento. El viento casi destroza mi tienda de camping”, explica Sergio Fernández. Lo mismo le ocurría más al norte, cerca de Stovepipe Well, en el corazón del Death Valley, en que el viento le obligó a permanecer dos días en el mismo oasis porque “era imposible incluso caminar en mitad de una tormenta de arena que nos dejó a todos sin visibilidad durante horas”.

Otra de las dificultades básicas la ha superado con la previsión y la experiencia: “Siempre he llevado una garrafa de 5 litros de agua como reserva de emergencia. Ha valido la pena porque en dos ocasiones no logré avituallarme de agua en lugares donde en teoría había gente viviendo”, recuerda el aventurero. El peso extra le supuso la salvación en la etapa entre 29 Palms y Baker, una sección de 130 millas (220 km) en la que sólo podía conseguir agua en Amboy o Kelso. El primer pueblo que figuraba en el mapa resultó estar abandonado. “A Kelso llegé prácticamente deshidratado. Jamás he pasado tanta sed. El viento de cara consumió toda mi energía y también mi agua, ya que tenía que beber cerca de seis litros diarios para no sufrir calambres o dolores de cabeza. El calor era insoportable a partir de las ocho de la mañana”, detallaba Sergio Fernández.

Tampoco han faltado las averías. En total ha sufrido cinco pinchazos, aunque dos de ellos fueron más graves de lo habitual y tuvo que cambiar la cámara. También tuvo que cambiar cuatro radios de la rueda trasera, rotos durante la travesía del parque nacional de Joshua Tree, en donde utilizó la inhóspita ruta del Berdoon Canyon, uno de los lugares más “acogedores e inolvidables de la expedición”, manifestaba irónicamente el aventurero.

Pero no todo han sido penalidades y apuros. Durante la travesía ha podido contemplar la realidad del desierto florido. Los lugareños no recuerdan una primavera tan colorida desde hace décadas. Las lluvias torrenciales del pasado invierno han hecho florecer especies vegetales que se creían extintas pues no se veían desde hacía décadas. Tal explosión de vida ha supuesto que los pequeños mamíferos abunden y también los depredadores, como los coyotes o las serpientes de cascabel, con los que el cicloaventurero tuvo algunos encuentros que describe como “fascinantes, lo mejor del viaje”. También tuvo la suerte de encontrar una tortuga de tierra y sobre las dunas de Death Valley halló los rastros de gran cantidad de fauna de costumbres nocturnas, como ratas canguro, lagartos, etc.

Durante el recorrido, que ha evitado siempre las carreteras más transitadas, ha pedaleado a través del desierto de Anza Borrego, el parque nacional de Joshua Tree, la Mojave Desert Preserve y el parque nacional de Death Valley. Por último, para alcanzar la ciudad de Las Vegas, en Nevada, ha pensado seguir el trazado del Old Spanish Trail, la ruta que utilizaron los colonos que descubrieron y bautizaron el legendario y emblemático Death Valley. Cuentan los anales de aquellos tiempos que un grupo de 300 personas venidas de medio mundo llegaron a Salt Lake City cuando el invierno ya había barrado el paso montañoso que se utilizaba habitualmente para alcanzar la ansiada California. En vez de esperar a la primavera, ávidos de fortuna y llenos de esperanza, intentaron abrir un nuevo paso a través del desierto. Para llegar a las salinas de Death Valley tuvieron que dejar parte de sus carretas atrás. Una vez allí se toparon con otro obstaculo natural. Las montañas nevadas que culminan en el Telescope Peak, de 11.000 pies de altura. Atrapados entre dos sierras, quemaron sus carretas para poder cocinar la poca carne que les quedaba a sus animales de tiro. Sólo así sobrevivieron al invierno en un lugar en el que creyeron vivir más cerca del infierno que de ningún otro lugar. Razón no les faltaba. El lago salado de Badwater, cuya agua ni las mulas podían beber, se encuentra 85 metros por debajo del nivel del mar. De ahí la categórica descripción que hicieron aquellos pioneros de Death Valley: “A 30 millas de agua dulce. A 30 millas de leña. A 30 pies del infierno”.

Cambios en el calendario
Sobre el siguiente destino del Reto Top Cable 7 Desiertos, Sergio Fernández anuncia cambios. Aunque había previsto viajar a Mongolia para cruzar el desierto de Gobi, seguramente cambie el orden de las expediciones y viaje primero al mayor desierto del mundo: el Sahara. Para ello ha planteado una ruta que parte “de Marruecos, va hacia Argelia y entra Níger desde Tamanrasset. La época ideal es el invierno, por lo que hay que empezar a pedalear en otoño, siempre que la situación sociopolítica de la zona lo permita, pues la frontera entre Argelia y Níger es inestable y no muy recomendable para viajeros solitarios”.
 

¿Qué es el “Reto Top Cable 7 Desiertos”?
Más de cinco años de viajes a través de los lugares más inhóspitos del planeta. Más de 30.000 km previstos en un total de siete expediciones. Todos ellos en bicicleta de montaña, sin asistencia externa de ningún tipo, en los rincones más aislados del mundo. Los desiertos de Australia, Atacama (Chile), Gobi (Mongolia), Kalahari  (Botswana), Namib (Namibia), Mojave (Estados Unidos) y Sáhara son el objetivo del periodista y aventurero catalán Sergio Fernández Tolosa, que se propuso hace dos años viajar a través de ellos en bici y en solitario.

El “Reto Top Cable 7 Desiertos” consiste en atravesar en bicicleta los siete desiertos más grandes y emblemáticos de los cinco continentes. El proyecto surgió en la mente del protagonista de la historia durante un viaje en bicicleta por el sur de Túnez, a las puertas del Sahara, durante febrero de 2002. “Siempre he sentido una gran atracción por el desierto. En Túnez tuve ocasión de sentirme como nunca. El aislamiento es la verdadera aventura”, manifiesta Sergio Fernández. Tras estudiar con detalle todas las opciones, con la ayuda y consejos de viajeros con experiencia en travesías saharianas en vehículos a motor, Sergio Fernández diseñó varias rutas para los desiertos más representativos de cada continente. En 2003 realizó la travesía íntegra de Australia por el centro del país y en 2004 culminó un viaje de 9.000 km por la Patagonia y el desierto de Atacama en el salar más grande del planeta.

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Comunicado previo a Mojave
10 febrero 2005

Sergio Fernández mantiene su pulso ciclista
con los 7 desiertos más grandes del mundo

El “Reto Top Cable 7 Desiertos” le llevará este año a cruzar en bici el desierto de Mojave,
en los EEUU, y el desierto de Gobi, en Mongolia

El periodista y aventurero Sergio Fernández, tras cruzar en bicicleta y en solitario los desiertos de Australia y Atacama (Chile), se dirige ahora hacia el mítico Far West norteamericano. Allí le esperan el desierto de Mojave y el emblemático Death Valley, donde las temperaturas extremas y la sequía supondrán un nuevo pulso tanto a nivel físico como psicológico.

Durante la primera mitad de 2004 el cicloaventurero catalán recorrió en bicicleta y sin asistencias toda la Patagonia, desde Ushuaia hasta Santiago de Chile, para después adentrarse en el desierto de Atacama y alcanzar el salar más grande del planeta, en Uyuni (Bolivia). El próximo mes de marzo continuará su personal odisea americana en Nuevo México, donde retomará el pedaleo, en una tercera etapa ciclista que le llevará desde el corazón de los Estados Unidos hasta la costa oeste. Calcula que empleará unos dos meses para recorrer los desiertos que hay en Nuevo México, Utah, Arizona, Nevada y California, pedaleando cerca de 3.000 km desde Albuquerque hasta San Francisco.

Tercer episodio
La cita norteamericana supone la tercera dentro del “Reto Top Cable 7 Desiertos”. Tal proyecto lo inició en Australia hace dos años, cuando atravesó el continente rojo de norte a sur sin más medios que su propia bicicleta, realizando 5.700 km en menos de dos meses de solitario trayecto.

Después cruzó la región más seca de la tierra, el desierto de Atacama, en Chile, dentro de un viaje ciclista de 9.000 km entre Ushuaia (Tierra del Fuego) y Uyuni (Bolivia). Tras cruzar el Mojave viajará hasta el corazón de Asia para recorrer el desierto de Gobi, en el sur de Mongolia y norte de China, con el mismo sistema. De esta manera sólo restarán los desiertos africanos para completar el proyecto.

Emoción ante el desafío
Sobre el siguiente destino del “Reto Top Cable 7 Desiertos”, Sergio Fernández avanza que siente “una gran ansiedad” por empezar a pedalear. Lo hará en el Albuquerque, desde donde se adentrará en territorios de los indios Navajo. Poco después alcanzará el espectacular Grand Canyon del río Colorado, para llegar desde allí a la ciudad de Las Vegas, emplazada en medio del áspero desierto norteamericano. Superada la urbe de los neones y los casinos, se adentrará de nuevo en los desiertos de Joshua Tree, Death Valley y Mojave, que forman un corredor árido entre los desiertos de Nevada y el litoral de California. “Será una expedición distinta a todas. Menos solitaria, quizás, pero muy espectacular a nivel de paisajes, por lo que trabajaré mucho con las cámaras en busca de buenos reportajes”, argumenta el protagonista del reto, que costea parte de los gastos de las expediciones con la venta de reportajes gráficos sobre los territorios que recorre.

El resto de la logística y otros detalles técnicos serán similares a la anterior expedición. Rodará con una bicicleta de montaña Massi Fura y arrastrará el equipo en un carrito monorueda en el que carga todo el equipo de acampada y las vituallas necesarias para hasta dos semanas de autosuficiencia. El carrito tiene una capacidad de carga máxima de 35 kg. En cuanto al agua, en el carrito ha llegado a cargar hasta 16 litros de agua, lo que le confiere una autonomía de entre tres y cuatro días.

Dos expediciones por año
En el 2003 cruzó Australia. En el 2004 le tocó el turno al desierto de Atacama. Pero en el 2005 ha planificado dos travesías como mínimo. “De abril a junio estaré en los EEUU y en agosto y septiembre en el Gobi. Y si todo va bien en diciembre iniciaré la aventura africana. De confirmarse el calendario previsto, estaría terminando el proyecto en la primavera del 2006”, avanzó Sergio Fernández.

“Todavía tengo muchas dudas sobre mi itinerario por el Sahara”, avanzó el catalán, que de momento prefiere centrarse en las dos expediciones inmediatas. “El Sahara requiere un estudio detallado en muchos sentidos. La seguridad es uno de ellos. La logística otro. A priori es sin duda la travesía más difícil de todas, pero uno ha de estar siempre alerta. Los callejones sin salida a veces están en los lugares más insospechados”, adivinaba el cicloaventurero, que hará pública su ruta en noviembre de este año después de recibir asesoramiento por parte de algunos participantes del rally automovilístico más mítico del mundo, el célebre Dakar.

Para estas expediciones, Sergio Fernández sigue dispone del apoyo de Top Cable, empresa patrocinadora del proyecto, así como de otras firmas que le facilitan material deportivo. Al igual que durante las expediciones previas en Australia y Chile, además de llevar consigo lo necesario para realizar el viaje, Sergio Fernández carga también un equipo fotográfico profesional y una cámara de video para grabar imágenes que luego emiten diversos programas de televisión.

¿Qué es el “Reto Top Cable 7 Desiertos”?
Cuatro años de viajes a través de los lugares más inhóspitos del planeta. Más de 30.000 km previstos en un total de siete expediciones. Todos ellos en bicicleta de montaña, sin asistencia externa de ningún tipo, en los rincones más aislados del mundo. Los desiertos de Australia, Atacama (Chile), Gobi (Mongolia), Kalahari  (Botswana), Namib (Namibia), Mojave (Estados Unidos) y Sáhara son el objetivo del periodista y aventurero catalán Sergio Fernández Tolosa, que se propuso hace dos años viajar a través de ellos en bici y en solitario.

El “Reto Top Cable 7 Desiertos” consiste en atravesar en bicicleta los siete desiertos más grandes y emblemáticos de los cinco continentes. El proyecto surgió en la mente del protagonista de la historia durante un viaje en bicicleta por el sur de Túnez, a las puertas del Sahara, durante febrero de 2002. “Siempre he sentido una gran atracción por el desierto. En Túnez tuve ocasión de sentirme como nunca. El aislamiento es la verdadera aventura”, manifiesta Sergio Fernández. Tras estudiar con detalle todas las opciones, con la ayuda y consejos de viajeros con experiencia en travesías saharianas en vehículos a motor, Sergio Fernández diseñó varias rutas para los desiertos más representativos de cada continente. En 2003 realizó la travesía íntegra de Australia por el centro del país y en 2004 culminó un viaje de 9.000 km por la Patagonia y el desierto de Atacama en el salar más grande del planeta.

Calendario previsto

Australia: superado en abril-mayo 2003
Atacama: superado en febrero-marzo 2004
Mojave: abril-mayo 2005
Gobi: agosto-septiembre 2005
Sahara: diciembre 2005-marzo 2006
Kalahari: junio 2006
Namib: julio 2006

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ENTREVISTA (FAQ), al regreso de Atacama
1 agosto
2004

"En 2005 iré al Mojave y al Gobi"

Tras cruzar los desiertos de Australia y Atacama, llega el turno de los
de América del Norte y el más grande de Asia

Barcelona, 1 de agosto de 2004
¿En qué consiste el Reto 7 Desiertos?
Hace tres años me propuse viajar por todo el mundo con la bicicleta, en solitario, con tal de atravesar los siete desiertos más grandes y emblemáticos del planeta. En primavera de 2003 viajé a Australia, y un año después estaba cruzando el desierto de Atacama, en Chile, tras pedalear toda la Patagonia, con rumbo al salar de Uyuni, en Bolivia. El resto de los desiertos de la lista son el Mojave, en los EEUU, el Gobi, en Mongolia, el Namib, en Namibia, el Kalahari, en Botswana, y el Sahara, en el norte de África.

¿Cuál es el  próximo objetivo?
Ahora preparo la siguiente expedición de cara a la primavera del 2005, que me llevará seguramente al Mojave y al resto de desiertos del oeste americano.

¿Cómo se supone que pagas estos viajes?
Después de cada viaje, regreso a casa con fotografías e imágenes de video que publico en distintos medios de comunicación. Con el dinero que consigo de la venta de los reportajes y la ayuda de mi patrocinador consigo afrontar la siguiente expedición.

¿Has pensado en escribir un libro?
Sí, me gustaría, pero todavía no sé cómo lo presentaría. He escrito muchos reportajes de mis travesías para revistas de viajes y también para revistas especializadas en deporte y ciclismo. Me gustaría que fuese un libro muy gráfico, con muchas imágenes y mapas, pero eso es carísimo. Supongo que cuando termine el proyecto tendré más opciones de cara a presentar la idea en una editorial. Para aquel entonces quiero haber publicado reportajes en suplementos dominicales de diarios. El desierto vende mucho y el material que tengo es muy espectacular.

¿Cuántos años te quedan de expediciones?
Aunque va a ir algo más lento de lo esperado, el Reto 7 Desiertos sigue adelante. En principio calculé tres años para completar el proyecto, pero el desarrollo de los acontecimientos invita a pensar que se va a alargar en el tiempo de forma considerable. Voy a un ritmo de una expedición por año. Puede parecer poco, pero yo me siento muy a gusto, ya que he alargado los viajes en bicicleta ampliando la distancia y la región a recorrer. Por ejemplo, en el caso del desierto de Atacama, situado en el norte de Chile, decidí empezar a pedalear muchísimo más al sur. Estuve cinco meses viajando desde Ushuaia, en Tierra del Fuego, hasta Uyuni, en Bolivia. La verdad es que he reunido mucho material y he vendido muchos reportajes.

¿Te parecía poco hacer sólo Atacama?
Lo que pasa es que ya que iba hasta allí, pues vale la pena alargar un poco el viaje y ver muchas más cosas. Pude cruzar toda la Patagonia, el desierto de Atacama, realizar varias ascensiones andinas y de paso cruzar el salar más grande del mundo, que por sí solo ya tiene un reportaje.

¿Piensas seguir actuando así en el futuro?
Lo intentaré. Creo que el año que viene volaré hasta Panamá o Perú y desde allí iré en bicicleta hasta los EEUU. Por el camino hay muchas experiencias que contar. Es la ventaja de viajar sin prisas. Conozco cicloviajeros que avanzan 200 km al día e incluso más. Yo a veces cubro esas distancias, pero normalmente dedico muchas horas a mi trabajo como fotógrafo. Es cuestión de prioridades. Si mis fotos son malas, no las vendo; y si no las vendo, no como.

¿Por qué pedalear por desiertos?
Es una combinación perfecta. Cruzar un desierto en bicicleta es difícil, pero a la vez factible. Es un viaje terrenal, pero también interno. Tiene todos los ingredientes que gusta a los medios de comunicación y a la vez a mí me produce un vértigo al que soy adicto. Una expedición en solitario al desierto resulta compleja, pero también requiere sencillez, dar los pasos uno a uno. Obliga a mentalizarse para lo peor y a la vez olvidarse de la posible fatalidad. Requiere un equilibrio exacto entre cordura y locura. El desierto es un lugar baldío, muy idealizado, donde hay un punto de no retorno en el que volver atrás significa morir y seguir adelante puede ser salir airoso.

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1 mayo 2004


El desierto de Atacama en bicicleta

Es la segunda expedición del “Reto 7 Desiertos”, que ya le llevó a Australia en 2003
Más de 2.000 km por el desierto y en algunas etapas cargó hasta 16 litros de agua
 

San Pedro de Atacama, Chile, 31 de marzo de 2004. En el oasis de San Pedro de Atacama, al norte de Chile, el aventurero y periodista Sergio Fernández Tolosa (Barcelona, 1974) da por concluida la travesía en bicicleta del desierto más árido del mundo, el desierto de Atacama. Atrás quedan 2.000 km de travesía desértica en solitario y sin asistencia de ningún tipo, en ambientes extremos que le han llevado desde las rutas del litoral del Pacífico hasta las más altas cumbres de los Andes, pedaleando en algunas ocasiones a más de 5.000 metros de altura. Para cruzar el desierto ha invertido un total de seis semanas, tiempo que el catalán estima “superior al necesario si se realiza una ruta más directa, pero ése no era mi objetivo; quería conocer rincones de este desierto que están bastante más allá de la ruta principal”.

Un largo viaje
Hace exactamente cuatro meses, partía de Ushuaia, en Tierra del Fuego, Argentina, con su bicicleta como única compañera. Desde entonces ha pedaleado más de 6.000 km por la Patagonia, primero cruzando la indómita Tierra del Fuego y después siguiendo la célebre ruta de la Carretera Austral chilena, y después por el desierto de Atacama, conocido por su extrema aridez como el más seco del planeta. Ahora continúa su viaje hacia Bolivia, cruzando la frontera por la Laguna Verde y con destino final al salar de Uyuni, el más extenso del mundo, donde pretende finalizar su particular odisea por la zona más austral de los Andes.

Entrada al desierto
Más al norte de Santiago de Chile, y con un buen rodaje en las piernas conseguido en la Patagonia, se internó en el desierto de Atacama con tal de atravesarlo íntegramente en bicicleta realizando algunos de los pasos más altos de los Andes, como el Agua Negra o el San Francisco, a casi 5.000 metros de altura. En esta primera fase desértica también intentó ascender al volcán Ojos del Salado, de 6.893 metros de altura, sin asistencia externa y realizando en bicicleta la aproximación desde Copiapó (que dista 270 km del campo base), pero tuvo que abandonar a escasos 300 metros de la cima a causa de una virulenta tormenta de viento y nieve.

Tras unos días recuperándose en Copiapó de 12 días de intenso desgaste, continuó la travesía del desierto, esta vez por la ruta de la costa, conocida como el “antiguo camino” al norte y a Perú, recorriendo otros 800 km hasta Antofagasta por caminos y pistas del litoral atacameño. “Es una zona realmente virgen y curiosa, porque el desierto de Atacama va desde la costa hasta los 6.000 metros de altura. Tienen paisajes y ecosistemas muy variados”, destaca el aventurero, quien añade que “la travesía costera fue menos exigente a nivel físico pero también requería controlar la logística pues los puntos con agua distaban a veces más de 100 km unos de otros”. 

Nuevos horizontes
A partir del 1 de abril continuará su viaje hacia Bolivia, donde pretende cruzar el salar de Uyuni, el mayor del planeta, también en bicicleta. Su regreso a España está previsto para el 1 de mayo. A partir de entonces deberá programar junto a sus patrocinadores su nuevo destino, que podría ser Mojave, en Estados Unidos, o Gobi, en Mongolia.

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Todo no puede ser…
¡Ni en las puertas del infierno!
(crónica de una ascensión frustrada)

Hola amigos y amigas:

Hace 12 días partía de Copiapó, en la costa de Chile, a 330 metros sobre el nivel del mar, para intentar subir al Ojos del Salado, de 6.893 metros de altura, el pico nevado más alto de Chile y el segundo de América después del Aconcagua, que sólo le mira por encima del hombro por muy pocos metros. 
Ayer 4 de marzo de 2004 regresé por mis propios medios a Copiapó, que dista 280 km del campo base del Ojos, a 5.260 metros de altura, hasta donde fui en mi bicicleta cargado como una mula (hasta 16 litros de agua) porque el Ojos se encuentra en medio del desierto de Atacama. Desde la ciudad hasta la montaña no hay absolutamente nada. Bueno, el edificio de la aduana y un campamento minero en donde me trataron de forma excelente. También recibí ayuda y ánimos por parte de los camioneros que usan la ruta para trasladar el material mineral extraído a 4.800 metros de altitud y que luego procesan a 3.300 metros y “convierten” en oro y plata.
La cuestión es que la expedición ha resultado extremadamente dura para mi cuerpo y mi cerebro. Tardé 5 días en llegar al campo base (uno de descanso a 4.400 msm), pues desde los 3.700 metros de altitud empecé a notar los efectos de la altura, cosa que no me pasó en el paso Aguas Negras (de 4.800 m), supongo que a causa de la sequedad del ambiente en el desierto. Esto me ha servido para ver la mala combinación que surge al unir desierto y altura. Esto se traduce en mareos, náuseas, dificultad para dormir, palpitaciones, falta de apetito… Lo típico del mal de altura. Por eso decidí frenar la marcha y pasar varias noches entre los 4.000 y los 5.200 msm. Cuando ya creía que estaba mejor y se me acababan los alimentos, intenté el ataque a cumbre, el único que tenía como posible, el mismo día que una expedición de tres franceses guiados por un chileno. Ninguno hicimos cumbre. Ellos llegaron un poco más arriba, pero tuvieron que bajar poco más tarde a causa del mal tiempo.
Yo me di la vuelta a 6.550 msm, cuando empezaba el temporal, el único que azotó la zona ¡en dos semanas!, aunque el motivo de mi retirada fue puramente físico. El viento me tiraba pues las piernas me fallaban por entero, al igual que el equilibrio.
Cuando ya estaba en el campo de 5.800 msm, tras un descenso de lo menos divertido, empezó a nevar y decidí, después de descansar un poco y tomar unas sopas calientes, seguir hacia el campo de 5.250 msm. Al día siguiente, todavía afectado por el esfuerzo, seguí con la bici hacia la antigua y abandonada hostería Murray, a 4.450 msm. Desde allí me quedaban tres días de bicicleta (otros 280 km) por el camino internacional del Paso de San Francisco, aunque cubrí la distancia en sólo dos jornadas aún no sé cómo. Bueno, esto es lo que han dado de sí los últimos doce días y sus doce noches correspondientes. Mucha soledad, aislamiento, fatiga y dificultades. Pero lo digo con una sonrisa en la cara porque ha sido una experiencia de esas que hay que tener al menos una vez en la vida, para saber lo que es la alta montaña en soledad y sin vehículos de asistencia, ni mulas ni porteadores externos. Supongo que mi abandono por cuestiones físicas a poco más de 6.500 msm se debe a la falta de experiencia en los avituallamientos (no llevaba productos frescos, por ejemplo) y la costumbre a los efectos de la altura combinada con la demanda energética de trasladarme en bici hasta allí. También puede ser causado por la falta de entrenamiento en la caminata, ya que en los últimos tres meses sólo he pedaleado. Otras razones podrían ser puramente fisiológicas, pero esas se tendrán que demostrar en próximas ocasiones, si vuelvo a enfrentarme a las alturas. De momento sigo mi viaje en bicicleta hacia el norte atacameño, para luego cruzar a Bolivia y visitar el salar más grande del planeta.

Hasta pronto amig@s!

Espero que a todos os vaya bien todo, o casi todo. Porque ya sabéis, todo no puede ser! ;-)


Sergio

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COMUNICADO DE PRENSA nº 005 durante el viaje Ushuaia-Uyuni
La Serena, Chile, 17 febrero 2004

Por fin, a las puertas de Atacama

Los últimos diez días ha pedaleado 800 km por lo Andes, cruzando la cordillera en dos ocasiones,
alcanzando la altura de 4.779 metros


El cicloaventurero vallesano Sergio Fernández continúa sumando kilómetros en su particular odisea ciclista. Tras dos meses de travesía desde Ushuaia, en el sur de Tierra del Fuego, se encuentra al fin a las puertas del desierto de Atacama, segunda etapa del "Reto Top Cable 7 Desiertos".

"Acabo de cruzar los Andes por el paso Aguas Negras (4.779 m.s.m.). Desde que partí de Santiago de Chile hace 10 días he pedaleado más de 800 km a más de 2.000 metros de altura, pasando primero a los pies del Aconcagua por el paso Libertadores y después regresando a Chile por el paso Aguas Negras. Ha sido una etapa particularmente dura pero a la vez bella, pues es el primer contacto con la alta montaña en este viaje y me he encontrado muy bien", declaraba Sergio.

Todo ello forma parte del entrenamiento en altura para intentar subir en bici hasta el campo base del volcán más alto del mundo, el Ojos del Salado,y después continuar la ascensión a pie, sin ningún tipo de asistencia externa. "Es lo más alto que he subido jamás y algo de vértigo sí que siento, pero todo será en su debido momento", afirma el aventurero, que se muestra optimista ante los nuevos horizontes que le esperan. "Me siento en forma, perfectamente acoplado a la bicicleta y al sistema del carro monorueda que me permite llevar más carga sin sentir tantos desequilibrios en los caminos de montaña", declaraba respecto a su medio de locomoción.

Ahora mismo suma ya casi 5.000 km de viaje, en los que ha utilizado un total de tres juegos de neumáticos. "El terreno es especialmente duro porque nunca había hecho un viaje con tantos kilómetros por pistas y caminos de tierra y piedras, pero estoy contento porque me siento más cerca de la naturaleza que en el asfalto".

Mañana miércoles, tras un día de reposo en La Serena, el cicloaventurero partirá hacia el norte en dirección a Copiapó, por la ruta Panamericana nº 5, adentrándose ya en el desierto más seco del planeta. Calcula llegar a Copiapó (a 333 km) en dos jornadas si el viento se lo permite. Una vez allí deberá solicitar permiso oficial para escalar en solitario el Ojos del Salado. "Desde Copiapó calculo tres días para subir hasta laguna Verde (4.300 msm), donde descansaré una jornada antes de subir al campo base de la montaña. Luego la meteorología y la aclimatación dictarán el calendario", resume Sergio. En la zona suelen soplar fuertes vientos y, al estar en medio del desierto, en dicha montaña hay menos oxígeno que en otros cerros. Además tampoco hay agua ni ríos, por lo que hasta los 6.200 metros deberá cargar el agua que necesite, pues hasta esa altura no encontrará nieve que fundir para hidratarse.

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COMUNICADO DE PRENSA nº 004
Santiago de Chile, 29 enero 2004

¡¡¡Patagonia superada!!!

La semana próxima inicia la preparación para escalar
sin asistencia el volcán más alto del planeta, el Ojos del Salado (6.864 m)

Intentará subir en bicicleta hasta el campo base cargando por sí mismo
el material y los víveres necesarios para la ascensión

El cicloaventurero barcelonés Sergio Fernández Tolosa completó ayer en bicicleta la travesía de la Patagonia al llegar a Villarrica, en la región chilena de Los Lagos, a los pies del volcán del mismo nombre. Atrás quedan casi ocho semanas de viaje desde la ciudad más austral del mundo: Ushuaia. Para ello ha cruzado la desértica Tierra del Fuego, donde los vientos del Pacífico le opusieron una fuerte resistencia, y también ha tenido que superar la cordillera andina en diversas ocasiones, cruzando entre Chile y Argentina un total de cinco ocasiones. De momento, en este viaje el ciclista acumula ya 3.300 km de pedaleo, de los cuales “más de 2.000 km han sido por caminos o carreteras de ripio”, destacaba Sergio, lo cual ha retrasado ligeramente los planes originales.

Problemas mecánicos
“La bicicleta ha sufrido mucho a causa del terreno, muy roto y pedregoso en casi las dos terceras partes del trazado”, declaraba a su llegada a Santiago de Chile en la tienda InterCycles, en cuyo taller han empezado a trabajar para poner a punto la bicicleta de cara a la segunda parte del viaje, que le llevará hasta La Paz, Bolivia. En las últimas cuatro semanas el aventurero catalán ha recorrido la legendaria Carretera Austral, antes conocida como Camino Austral Augusto Pinochet U., y ahora rebautizada como Camino Longitudinal Austral. Esta ruta de reciente construcción pretende comunicar algún día Puerto Montt con Punta Arenas. De momento sólo llega a Villa O’Higgings, y en parte del trazado es sólo un camino estrecho en el que circulan pocos vehículos.

Nuevos horizontes
“La próxima etapa será totalmente distinta. Si hasta ahora podía beber de los ríos y pescar salmones para la cena en cualquier arroyo, ahora empieza la parte seca de Chile”, avanza el periodista y aventurero. A partir del día 1 de febrero tiene previsto partir de Santiago de Chile con destino a Mendoza, al otro lado de los Andes, con tal de pedalear a los pies del cerro Aconcagua, el más alto de América. Luego seguirá su ruta hacia el norte y regresará a Chile por el paso de Aguas Negras, de 4.700 metros de altura. La subida forma parte de la fase preparatoria para aclimatar y poder atacar la semana siguiente el Ojos del Salado (el volcán más alto del planeta), ya en pleno corazón del desierto de Atacama. “Calculo estar en Copiapó hacia el 15 de febrero y partir de allí para coronar el volcán, si todo va bien, el 28 de febrero”, pronostica Sergio. 

Muchos ánimos
El aventurero, que reside en Cerdanyola del Vallès (Barcelona), se encuentra muy animado y motivado ante la dura experiencia que le espera en las próximas semanas. “La Patagonia me ha servido para ganar la forma necesaria y sobre todo para poner mi mente a punto para lo que viene ahora, que será seguramente más duro. También para ver los puntos débiles del material y arreglar lo que se ha estropeado”, consideraba Sergio. En las últimas semanas ha intentado ganar peso de cara tener mayores reservas en las etapas andinas, ya que aunque a partir de ahora arrastrará el equipaje con un carro monorueda que permite llevar hasta 34 kg de carga, el desgaste en altura es mucho mayor que a nivel del mar. “No ha sido difícil porque el clima frío invita a comer y aquí los alimentos son hipercalóricos”, bromeaba.

Se alarga la expedición
Ante las posibilidades que brinda el desierto de Atacama y las posibles rutas alternativas, el cicloaventurero avanza la posibilidad de alargar la travesía realizando un recorrido más largo que el previsto originalmente. “Me encantaría poder cruzar en bici el salar de Uyuni, en Bolivia, pero está inundado como mínimo hasta abril. Eso supondrá alargar el viaje y no descarto ir por el desierto a Perú y regresar más tarde, cuando las aguas hayan bajado, para cruzar el salar más grande del planeta pedaleando, sin caminos, sólo con la brújula”. 

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COMUNICADO DE PRENSA nº 003
Barcelona, 25 de octubre de 2003.

Nuevos horizontes

La Patagonia, el desierto de Atacama y el Salar de Uyuni
en bicicleta y en solitario

Irá desde Ushuaia hasta La Paz, en un recorrido especialmente montañoso de 9.000 km

Tras el éxito de la expedición ciclista en los desiertos de Australia durante la pasada primavera, el aventurero Sergio Fernández prosigue ahora con su original reto de recorrer en bicicleta y en solitario las áreas desérticas más inhóspitas del planeta. Su segundo objetivo es el desierto de Atacama, en Chile, hacia donde viajará el próximo 1 de noviembre. Antes, sin embargo, intentará cruzar la Patagonia argentina desde Ushuaia, la ciudad austral del planeta, viajando siempre en bici hacia el norte, siguiendo la accidentada línea de los Andes hasta Santiago de Chile y más tarde hasta el Altiplano boliviano. Durante el viaje, que podría alargarse unos cuatro meses, el aventurero catalán intentará realizar ascensiones andinas a diversos volcanes, algunos de ellos activos, ya sea “con o sin bicicleta”, y deberá superar puertos de alta montaña de más de 4.700 metros de altitud.

Los precedentes
El “Reto Top Cable 7 Desiertos” consiste en atravesar los siete desiertos más grandes y emblemáticos de la Tierra. El primer destino fue Australia, donde recorrió los cerca de 6.000 km que separan las ciudades de Darwin y Sydney. La travesía le supuso dos meses de solitario pedaleo a través de la Stuart Highway, la única carretera asfaltada que cruza el país, para después entrar en el desierto de Tirari por la legendaria Oodnadatta Track, una pista de tierra, piedras y arena en la